«SERGIO: ¿Estás bien, mamá? Saldremos de esta. Dentro de poco me pagarán. ¿Mamá?
JUANI: He pasado la mayor parte de mi vida en esta casa y ahora quieren echarme de ella, quieren dejarla vacía como si nunca la hubiera habitado.
SERGIO: No tardarán en llegar a nuestra puerta.
JUANI: En esta casa he hecho el amor con mi marido, he visto crecer a mi hijo y a mi hija, hacerse grandes, he visto a mi nieta dando sus primeros pasos por estos pasillos. En esta casa he llorado todas las veces que me he sentido triste, he reído, he sido la persona más feliz del mundo y la más desgraciada. Van a vaciarme de ella y dejarla como una cáscara de nuez.»
«Cambiar el ritmo de vida es agotador. Los que trabajamos por la noche somos personas raras, como animales nocturnos. Dormimos durante el día y nos despertamos con las luces de la tarde. No puede ser sano para el cuerpo tener ese horario. No estamos hechos para trabajar de noche. Uno conduce y no ve ni un alma en la carretera. Yo pienso en mi hija, en mi madre, y no sé por qué pienso en el maldito cuadro de Edward Hopper que nos ha enseñado mi primo y me pregunto si tanto se parecerá nuestra casa a esa imagen. Qué narices tendrá que ver Edward Hopper en esto.»
«Me jode que cada noche tenga que partirme el cuello en un trabajo de mierda por un sueldo de mierda y aún así estar agradecido por ello [...] Me jode que el banco nos vaya a quitar nuestra casa y que luego se la venda a alguna empresa privada y la convierta en un apartamento turístico para que unos ingleses vengan de vacaciones mientras nosotros estamos en la puta calle [...] Esto no va a cambiar. No va a ir a mejor. Nunca. Estamos jodidos».
La estructura de esta obra me ha parecido una pasada (tengo muchisimas ganas de verla representada), y la manera en la que una misma intervención puede hablar de la cosa más horrible para acabar hablando de la cosa más hermosa (o viceversa, pero todo en apenas unas líneas) es una maravilla. Me gusta mucho que lo onírico se mezcle con lo real y que al final todo se retroalimente del mismo modo que la tristeza de Juani retroalimenta la rabia de Sergio, la indiferencia de Jesús, el silencio de la casa. Todo en esta obra está conectado y a la vez todo en esta obra forma una imagen que, por separado, individualmente, funciona como un relato solo. En fin, no sé, muchas cosas en estas 67 páginas. Muchas cosas muy curiosas.
No tengo palabras para describir esta obra. Ha sido una experiencia increíble. Me ha dejado sobrecogida, con los labios fruncidos y con rabia en los puños. Gracias, Markel, por compartir tu talento. Enhorabuena💕Te quiero mucho💕
“Van a expulsarme como si fuera un inmigrante ilegal. Peor, van a echarme como si fuera mi casa y fuera de otros, ¿de quién?, no lo sé, otros. Peor, como si no la hubiéramos comprado, como si viviera de alquiler en mi propia casa y jamás pudiera permitirme llegar a poseerla. A nosotros no nos está permitido poseer.”
Desde el inicio de la obra sabemos qué es lo que va a suceder: van a desahuciar a una familia. El autor no esconde sus recursos, sino que los expone, y ello no resta un ápice de tensión al desarrollo dramático de la obra, cuyo eje precisamente es esa presión provocada por los golpes del banquero y de la policía en la puerta. Este elemento mínimo es el que hace que el lector/espectador permanezca en un estado de nerviosismo constante.
La acción (o la falta de acción) ocurre dentro de una habitación sin ventanas, lo que provoca cierta claustrofobia e impotencia, ya que los inquilinos solo pueden esperar. Mientras que el hijo se queja constantemente en un intento de enfrentar la realidad (pues es la única opción cuando no se puede hacer nada), la madre se evade de la misma a través de la televisión. El hijo intenta concienciarse aunque no pueda actuar, lo que solo acrecenta la sensación de inutilidad del joven que representa a todos los jóvenes, a los hijos de los hijos de los hijos de la ira cuyo futuro pasa y se disuelve como una nube en el aire. En cambio, la madre parece haber aceptado su destino desde la primera página.
El silencio aparece como el elemento nuclear de la obra, pues está presente en todos los ámbitos: en el silencio de los medios de comunicación (que crean una nueva realidad en lugar de retratar la que hay), en el silencio de los cuadros de Hopper, en el silencio de un matrimonio que ya no recuerda por qué se quiere o en el silencio de una casa a la que le han arrancado el ruido de una familia.
El autor recurre a todos los vacíos que van llenando nuestra vida para ver qué es lo que sucede cuando no sucede nada. Y es que el silencio puede definirse como la "abstención de hablar", pero también como la "pasividad de la Administración ante una petición o recurso".
¿Cuánto dura un silencio? Creo que el tiempo que tardamos en acostumbrarnos
"Todavía tienes que creer en el amor. (...) Yo antes creía en el amor".
"Mamá, ¿qué pasa? Quiero que volvamos a ser una familia. Echo de menos el ruido de la casa".
Markel reflexiona sobre cuánto dura un silencio, yo me quedo en silencio y leo e imagino y esa carta aún no sé muy bien cómo pero se ha quedado conmigo.
No acostumbro a leer teatro, pero esta obra me ha encantado y me ha destrozado a partes iguales. Pensar que detrás de cada desahucio hay una historia como esta me enfada bastante con la humanidad. Me ha impactado la cantidad de desgracias que le pasan a esta familia. Me resultaba algo inverosímil, pero después lo he pensado y es que a la gente que no tiene dinero le pasan más cosas malas. Es un bucle de retroalimentación negativa del que todos participamos me temo.
El estilo es claro y conciso, al grano, pero incluye recursos muy imaginativos, como los capítulos dentro de la tele, de los que el primero es especialmente cruel con cualquier lector que tenga algo de empatía. Yo al menos no pude evitar ponerme en la piel de Juani y pienso que yo no habría podido aguantar en una vida como la suya. Es que le pasa de todo a esta mujer.
Me ha gustado también lo abierto y escueto de las acotaciones. El escenario podría ser cualquier sitio, y la acción transcurrir de mil formas, siempre y cuando se escuchen un timbre y golpes en la puerta en cierto punto. Me gusta que me dejen imaginarme los escenarios como yo quiera, aunque a veces la propia acción de indicaciones sobre el ambiente y la apariencia del entorno, con referencias a obras de arte o explicitando lo denso del silencio, como en esta obra, que lo utiliza como hilo conductor.
En general una lectura 100% recomendada y que recompensa al lector con emociones y empatía a cambio de unas 70 páginas de lectura.
“Mi territorio es la cocina. ¿A dónde voy a ir si me sacan de aquí? (…) Peor, van a echarme como si no fuera mi casa y fuera de otros, ¿de quién?, no lo sé, otros. Peor, como si no la hubiéramos comprado, como si viviera de alquiler en mi propia casa y jamás pudiera permitirme llegar a poseerla. A nosotros no nos está permitido poseer”.