Es un libro que, lejos de ser una obra lacrimosa o deprimente, nos sumerge en un viaje profundo y conmovedor a través de las historias de los profesionales que trabajan en el sector de cuidados intensivos paliativos de un hospital en Rouen. Aunque el tema central es la muerte, el libro nos presenta una variedad de tonos que van desde la ternura hasta el humor, pasando por tragedias y momentos de alegría.
La narrativa, que se sitúa en la frontera entre la literatura y el periodismo, nos permite escuchar las voces de médicos, enfermeras, camilleros, esteticistas y voluntarios, todos ellos unidos por la misión de mantener la dignidad y humanidad de los pacientes en sus últimos momentos. La figura de la "presencia ideal" se refiere al delicado equilibrio entre el cuidado y la infantilización, entre la empatía y la lástima, y entre lo profesional y lo personal.
Cada capítulo funciona como una ventana a ese mundo donde la muerte es una certeza, pero la vida, en su versión más vulnerable, se aferra hasta el final.
Uno de los grandes aciertos de Berti es la honestidad y sensibilidad con la que presenta estas historias. La figura de la "presencia ideal", que da nombre al libro, refleja ese equilibrio delicado entre cuidar sin sobreproteger, acompañar sin invadir, ser profesional sin perder la humanidad. Un concepto que atraviesa cada testimonio y que nos interpela no solo como lectores, sino también como personas: ¿cómo acompañamos al otro en sus momentos más difíciles?
El libro está lleno de anécdotas que desarman cualquier prejuicio: bodas improvisadas en habitaciones de hospital, pacientes que se aferran a la coquetería como último refugio, pedidos insólitos que revelan un último deseo de libertad.
Pero también está lo otro: las ausencias que duelen, los dilemas éticos de hasta dónde intervenir, la delgada línea entre acompañar y sobreproteger. En este sentido, la noción de "presencia ideal" es el corazón del libro: estar ahí, sin invadir, sosteniendo, sin infantilizar. Una lección de humanidad, de esas que cuesta poner en palabras.
Recomiendo este libro porque logra algo muy difícil: hablar de la muerte.
Si tuviera que resumirlo en una palabra, esa sería conmovedor. Pero sería quedarse corta. Es un libro que emociona, que enseña, que invita a mirar a los demás —y a uno mismo— con otros ojos. Una lectura imprescindible.