«Tanto en sus estudios como en sus ensayos, Roger Caillois expresó su gusto por un orden racional y por la coherencia que él mismo mantuvo a lo largo de su carrera docente y literaria». El País
Los demonios del mediodía es, al tiempo que un evocador estudio sobre la mitología mediterránea, una prodigiosa reflexión sobre esa hora inmóvil en la que el hombre, enfrentado a las fuerzas misteriosas, está expuesto a todos los peligros y a todas las tentaciones. La tradición occidental nos tiene acostumbrados a que los fantasmas aparecen siempre al caer la noche. Sin embargo, en el mundo antiguo, no es con la llegada de la oscuridad cuando dioses y demonios se muestran, sino a mediodía, cuando el sol está en su cénit y no existe la sombra, el único momento en que pueden ser identificados con total claridad. Publicado por primera vez en 1937 en la Revue d’Histoire des Religions, este ensayo analiza tanto los nexos que vinculan a las divinidades meridianas con los hombres como los diversos modos de seducción de estas, aprovechando el paroxismo y el abandono que al mediodía se apodera de los vulnerables seres humanos.
Molte espressioni bibliche già nell’antichità davano filo da torcere ai traduttori e agli stessi esegeti ebrei; e sul versetto del Salmo 91, nella versione della Vulgata (e mi si lasci qui rimpiangere di tutto cuore l’uso di questa traduzione irta di semitismi e cantonate, ma tanto sapida ed espressiva, rispetto alle versioni in idioma corrente così perfettine, corrette, assettatuzze ed esangui oggi adoperate dai cattolici), A sagitta volante in die, a negotio perambulante in tenebris, ab incursu et daemonio meridiano si radunarono, come su molti altri luoghi, le acrobazie allegoriche dei Padri della Chiesa. In particolare, se l’esegesi della parte col riferimento alla notte non dava grande pensiero, ci si chiedeva che cosa potesse essere il demone meridiano. A seguire il filo interpretativo cui va dietro in questo saggio giovanile Roger Caillois, riedito (sia lode ai nostri studiosi!) prima in Italia che in Francia, i Padri avrebbero faticato meno se, usciti dal loro isolamento intellettuale, si fossero informati un po’ meglio sul folclore dei paesi mediterranei del loro tempo: cosa che, a dir il vero, in altri casi avveniva. Gli studiosi avevano affermato, infatti, un po’ frettolosamente, che il demone del mezzogiorno citato dal salmista era un po’ un estraneo nel mondo in cui era nata la Bibbia: si trovava in abbondanza, viceversa, in tradizioni popolari slave o germaniche, d’altronde di più tarda documentazione. A scandagliare con attenzione i testi greci e latini ci si accorge viceversa che le menzioni al carattere speciale dell’ora del mezzogiorno, momento in cui si liberano sulla terra spiriti pericolosi, e trovarsi o soprattutto addormentarsi in determinati luoghi (sorgenti, boschetti, radure) può essere addirittura letale, non sono affatto sporadiche o eccentriche. Oggi siamo abituati da racconti dell’orrore o pellicole cinematografiche a ritenere rischiosa la mezzanotte; ma per un uomo dell’antichità l’ora della mezzanotte costituiva un’astrazione, ché prima dell’invenzione degli orologi ad acqua era impossibile stabilire quando venisse a cadere: cogliere l’arrivo del mezzogiorno, viceversa, era alla portata di tutti; e alle nostre latitudini il mezzogiorno estivo è un momento particolarmente oppressivo, in ispecie in luoghi come i pascoli montani o la distesa del mare, dove il sole a picco, la bonaccia, la luce riverberante ed implacabile si fanno insopportabili. Caillois scevera in modo accurato, filologicamente acuto, ma con uno stile agile e senza pesantezze, in primo luogo svariati miti e diverse credenze dell’antichità classica sul mezzogiorno quale ora delle sirene, delle ninfe, di Pan, che s’impadroniscono dell’uomo rendendolo folle o anche uccidendolo, ma adduce a comparazione altresì riferimenti alla religione babilonese o egiziana, che poi furono quelle, con ogni probabilità, che poterono influenzare in maniera diretta gli autori del Vecchio Testamento, e a tradizioni europee medievali. Si nota senza dubbio un influsso, anche a volte stilistico, di Dumézil; la dotta e ampia prefazione di Carlo Ossola rievoca anche gli altri antecedenti culturali diretti di questo saggio informativo e godibile, inquadrando inoltre l’attività culturale di Caillois sulla fine degli anni Trenta nel contesto delle sue tendenze di allora, sia dal punto di vista politico e spirituale, sia dl punto di vista degli studî.
Por lo general concedemos a la medianoche la potestad de ser la hora de los seres sobrenaturales, de los fantasmas y de los demonios; pero su antípoda, el mediodía, es también una hora mágica, momento de encuentro con criaturas limítrofes que no son de este mundo. En medio del silencio de la hora sin sombras, bajo un cielo azul tranquilo y el sonido de los insectos en la floresta, también se manifiestan éstas potestades divinas, de la que trata este libro de Roger Caillois es muy interesante, pero se lee cuesta arriba en cuestión de que no es un libro divulgativo en sí, sino un ensayo especialmente preparado para una revista especializada. Así que vamos a encontrarnos con montón de frases en griego y en latín que no vienen traducidas y pies de página para aventar para arriba con montón de referencias que, a un lego como yo, pues no le es fácil acceder. Resulta además que el tema de “los demonios del mediodía” no cuenta con una gran cantidad de literatura divulgativa, en internet me encontré solo con un artículo muy bueno y un libro que cuenta con un capítulo dedicado a este tema y párale de contar. Por lo tanto, creo que este libro de Caillois es tal vez el más completo y largo al respecto. Lo interesante es que el libro deja bien clara una conexión entre la hora del mediodía como un momento sobrenatural donde las potencias, las divinidades, los fantasmas y los monstruos suelen aparecer, con la hora misma, que se percibe como un tiempo de calor extremo, de debilidad física, de la acedia, del amodorramiento y el sueño, y también como un momento donde la enfermedad, la peste y las insolaciones se desatan. Obviamente todo conectado al calor extremo de esta hora. El mediodía es la hora de Pan, de las ninfas, de las sirenas, de los íncubos y los súcubos y es un momento peligroso del cual cuidarse.
Por lo general concedemos a la medianoche la potestad de ser la hora de los seres sobrenaturales, de los fantasmas y de los demonios; pero su antípoda, el mediodía, es también una hora mágica, momento de encuentro con criaturas limítrofes que no son de este mundo. En medio del silencio de la hora sin sombras, bajo un cielo azul tranquilo y el sonido de los insectos en la floresta, también se manifiestan éstas potestades divinas, de la que trata este libro de Roger Caillois es muy interesante, pero se lee cuesta arriba en cuestión de que no es un libro divulgativo en sí, sino un ensayo especialmente preparado para una revista especializada. Así que vamos a encontrarnos con montón de frases en griego y en latín que no vienen traducidas y pies de página para aventar para arriba con montón de referencias que, a un lego como yo, pues no le es fácil acceder. Resulta además que el tema de “los demonios del mediodía” no cuenta con una gran cantidad de literatura divulgativa, en internet me encontré solo con un artículo muy bueno y un libro que cuenta con un capítulo dedicado a este tema y párale de contar. Por lo tanto, creo que este libro de Caillois es tal vez el más completo y largo al respecto. Lo interesante es que el libro deja bien clara una conexión entre la hora del mediodía como un momento sobrenatural donde las potencias, las divinidades, los fantasmas y los monstruos suelen aparecer, con la hora misma, que se percibe como un tiempo de calor extremo, de debilidad física, de la acedia, del amodorramiento y el sueño, y también como un momento donde la enfermedad, la peste y las insolaciones se desatan. Obviamente todo conectado al calor extremo de esta hora. El mediodía es la hora de Pan, de las ninfas, de las sirenas, de los íncubos y los súcubos y es un momento peligroso del cual cuidarse.