Estoy alucinada con la brevedad y la contundencia de los relatos de esta autora. Tal como me sucedió con The Story of an Hour (no lo reseñé, pero lo recomiendo sin ninguna duda), me quedé con la boca abierta en el final, anonadada por el efecto y por lo mucho que se puede extraer de unas pocas carillas leídas. Désirée’s Baby (1892) confirmó que lo mejor que pude haber hecho en estos días fue toparme de casualidad con Kate Chopin.
Désirée es una joven adoptada por los Valmondé desde que era pequeña. Su origen es un misterio, mucho más en una Louisiana esclavista. Sin embargo, el matrimonio Valmondé cría y cuida a la niña como si fuera una hija, sin importarle si sus padres biológicos eran blancos o negros. Désirée crece y se casa con un joven llamado Armand Aubigny, quien tampoco parece considerar la cuestión mencionada anteriormente. Pero hay ciertas cosas que empiezan a revelarse, casi necesariamente, con el bebé del título. Y ahora debo callar.
La edición que leí tenía sólo cuatro carillas. Sólo cuatro. En esa pequeña cantidad de páginas se condensan problemáticas del siglo XIX que mantienen atento a cualquier persona obsesionada con ellas. Me excluyo del grupo: lo mío es directamente una enfermedad. El racismo, la deshonra, la falta de identidad, la crueldad del amo… Algunas novelas necesitan quinientas páginas para tratar todo esto. Chopin lo hizo en nada. El cuento está narrado en tercera persona y la escritura no dificulta la lectura, a pesar de la inclusión de palabras en francés (soy una ignorante del idioma, así que recurrí al diccionario). Es muy efectiva y genera suspenso, sobre todo cuando se encarga de desarrollar el hilo de pensamiento y las sensaciones de los personajes. Estos últimos están muy bien planteados y Désirée me sorprendió por lo ingenua y por lo decidida que es al mismo tiempo. Y hablaría de Armand pero temo meterme en ciertos puntos que le conciernen al final. Me atrevo a decir que su descripción inicial es tremendamente irónica.
Es un cuento conciso, con alternativas de interpretación, pero lo más importante es que se disfruta y genera una reacción. No hay pasividad, ni siquiera para el lector que se concentra más en adivinar los desenlaces que en apreciar la belleza y el horror de lo que está leyendo. Por mi parte, Kate Chopin ya se convirtió en una de mis escritoras de confianza.