¿Cómo enfrentar una enfermedad sin nombre? Con un especial secreto que se cuentan los hermanos Manuel y Andrés, que les permitirá conocer todos los misterios del universo, pero que también exige algo a cambio: una historia que no se olvide.
Bajo la poética mirada de Andrés se entreteje este íntimo recorrido, buscando responder las preguntas que se susurran cuando un ser querido muere. Junto a su familia y a los amigos de su hermano grande, Andrés descubrirá que la alegría y la pena pueden coexistir dentro de uno y que los recuerdos también cristalizan momentos de felicidad perdidos.
“Manuel siempre había sido el regalón de la mamá. Y después de Manuel, la Caro. Y después de la Caro, recién él. A sus once años, Andrés ya comprendía que el amor no podía ser igual para los tres. El amor tenía matices y el de su mamá se desplegaba tibio como sol de primavera con Manuel, dulce como fruta de verano con la Caro, calmo como árbol de otoño con él.
El amor, además de matices, podía tomar distintas formas. La voz de la abuela Marcela leyéndole un cuento, las palmadas del abuelo José celebrándole sus travesuras, los churros del papá en el Club Hípico, los regaños de Romina cuando no se quería levantar, la preocupación de Jocelyn los días en que se sentía mal, las bromas del Joaquín mientras jugaban con la play o los lengüetazos del Toby y la Luna cuando se infiltraban dentro de la casa evadiendo toda la seguridad.”
“«La palabra precisa es melancolía», le dijo una vez. «Esa tristeza con que el alma nos recuerda que tenemos memoria». Había llegado a la conclusión de que esa melancolía había sido el principal motivo que lo llevó a estudiar literatura.”
“Y, a pesar de la enorme pena, tenía una segunda promesa que cumplir. «Quiero que escojas la canción», le había pedido. Una canción especial, pensó Andrés, de esas que anidan en el alma y ahí se quedan, latiendo siempre.”
“A veces, cuando las palabras sobran, es mejor no decir nada. Eso creía Andrés antes de que su hermano partiera esa mañana. Pero después pensó que, a veces, es necesario que las palabras salgan, incluso si sobran, porque es mejor decirlas que guardarlas para siempre.”
“Y cuando todos los que estaban ahí presentes comenzaron a cantar se preguntó ¿qué se canta cuando se canta? Y la respuesta no le llegó de Manuel ni de arriba ni de afuera, sino de sí mismo.
Se canta lo que se pregunta y lo que se recuerda. Las miradas cómplices y las palmadas en la espalda. El olor de los churros y las onces. Las conversaciones serias y las risotadas. Las locuras y los lengüetazos. Lo que se canta es la memoria.”
Es la historia de dos hermanos, que padecen de alguna enfermedad que no se menciona, pero pareciera ser bastante grave ya que requieren de cuidado personal y el menor no va al colegio, pese a tener unos 9 años. Hablan sobre la vida y, por supuesto, la muerte. Desde una exquisita complicidad, Manuel, el hermano mayor, va respondiendo preguntas y develando los misterios del universo a su hermano Andrés, quien pronto debe comprender y asimilar la presencia de la muerte en nuestras vidas y las distintas reacciones en torno a ella. Corta, concisa, y pese a ello emotiva y gatilladora de reflexiones profundas. Aún no entiendo por qué se cataloga como juvenil, pero si eso permite que sea leída por adolescentes, bienvenido sea.
Podría escribir algo para dejar registro de la experiencia que fue leer este libro, pero esta es una de esas veces en que mis palabras no son nada contra las de la obra misma, tan cortita y tan completa. Me pregunto si alguien diría eso mismo pero sobre la vida de alguien. No sé por qué me lo pregunto.
Segunda vez que leo esta maravilla y me emocionó igual que la primera vez. Este libro es la definición de cómo algo puede ser tan crudo y tan hermoso a la vez. Mi labor en este mundo es hacer que la mayor cantidad de gente lea este libro. Una de mis citas favoritas -entre muchas otras- es “Porque los secretos del universo no le pertenecían a nadie, pensó, sino a quienes preguntan y recuerdan”.
Un libro hermoso, perfecto para leer en una tarde, lleno de reflexiones muy profundas que te dejan pensando muchísimo. Lo amé, puede sonar muy ambigua esta reseña, pero me dejó completamente sin palabras