Un nacimiento es de fuego, fauces abiertas, mar embravecido y calmo, reunión de la naturaleza. La fuerza y la fe son en este libro un legado invisible, que vive en todas las cosas.
Como si fueran notas que se escriben para sobrevivir en un planeta desconocido, Cecilia tantea, en la oscuridad, la tecla que prende la luz en medio de la noche: dónde está mi mamá, qué se hace con la tristeza, quién escribe y quién soy ahora. Quizás la pregunta mayor, que comienza con el embarazo y después se continúa en "el infinito de la vida juntos".
Cecilia escribe hasta tocar ese espacio fundante de un nacimiento compartido. Su hijo llega al mundo y ahí mismo ella también. Y ya no hay pérdida. Llegar a la casa con el hijo es abrir la puerta de entrada a lo nuevo. Ahora la madre, el padre y el hijo forman una tríada preciada. Las piezas van a construir el cuidado necesario para habitarse, van a darse a luz. Luz en la casa, luz en la escritura.
Este libro es una escollera; los caracoles brillantes en la orilla están acá, son nuestros.
Hermoso libro. Un diario íntimo, notas que una escritora hace mientras su vida pasa. Por momentos hice la misma fuerza pujando a su hijo Pedro, nos mudamos, vivimos las noches y su amor. El caos, la crudeza del lenguaje, la profundidad de las palabras.
Cayeron algunas lágrimas en el rostro que me hicieron reflexionar. Gran libro. Para pensar la maternidad, el amor, los vínculos. Etc.
Lo leí de un tirón, sin poder parar pero también deseando que no termine. La maternidad, la muerte, la irrupción en el cuerpo de todo eso y la vida que cambia, todo el tiempo. Me encantó.
Al regreso de un viaje a Brasil "para sacar(se) la tristeza", Cecilia se hace un Eva Test sola en el baño de su departamento en San Telmo, casi al pasar, como si el desenlace fuera indistinto, como si el cambio fuera a ser trivial. Resultado: positivo. Agustín, su pareja, queda "con la noticia y la sorpresa"; ella se va corriendo al trabajo y "lo dej(a) afuera de ese primer momento". Pero al llegar a la estación de tren, aparece el primer registro de la inminente transformación. Las frases que cierran el tercer capítulo, "Pierdo el tren. Voy a ser mamá" funcionan como analogía de lo que se pierde con la llegada de un hijo; sin embargo, la narradora nos invita a transitar con ella su proceso de apertura a una vida nueva y conectar con lo que la maternidad (aunque "no es para todo el mundo") y con todo lo que con ella viene. Años antes, Cecilia es atropellada por un auto que la lleva a pasar meses en un hospital y la deja con una columna instrumentada y una perspectiva diferente de la vida ("La chica del milagro", también editada por Rosa Iceberg). Hoy le toca transitar una nueva transformación (por que así es un poco la vida, ¿no?). En esta novela, Cecilia irá conectándose con su nuevo cuerpo, con la personita que llega a su vida; vivirá disyuntivas varias, y recordará a su madre en ese rol. "A esta hora de la noche" es un relato íntimo que invita a reflexionar sobre una de las situaciones más transformadoras que existen, siempre sin dejar de lado que seguimos siendo personas, mujeres y que la maternidad debe siempre ser una elección.
La narradora en primera persona de esta novela cuenta su embarazo y los inicios de su maternidad sin mayores puntos a destacar, ni desde lo argumental ni desde lo formal. No me aportó nada.
(DISCLAIMER: Cecilia es amiga y hasta ayudó en la edición de mi libro. Me parece justo advertirlo)
Como con su libro anterior, me lo devoré. Tiene una forma de llevarte por la página que es como un embrujo. No es que se deja leer, te hace leer. Este es un diario sobre dejar de ser una hija y convertirse en una madre, sobre perder y obtener. Me gustó especialmente el texto en el que asume como herencia las frases de la madre, ese legado intangible, que no siempre buscás, pero al que ya no se puede renunciar.
Más que un ensayo, es como leer un diario, una novela autobiográfica sobre la maternidad que me recordó mucho a la sensación de leer Linea Nigra de Jazmina Barrera.
Parte del duelo al anuncio de una nueva vida, habla sobre aborto, sobre el embarazo y puerperio con toda su crudeza, sin romantizar, atravesando cambios y miedos con valentía ternura y amor. También habla sobre la pandemia, sobre reinventarse y redescubrirse.
sólo puedo decir que admiro muchísimo la maternidad, yo siento que es lo más difícil y lleno de esfuerzo que puedo imaginar vivir. cecilia nos deja entrar a su vida de madre real. me devolvió este temor que he vivido tanto tiempo de ser mamá, me hizo reflexionar mucho y pensar que en serio, que la maternidad sea deseada, amada, planeada, o que no sea.
Envolvente y cautivador. Al igual que "En la chica del milagro", Fanti demuestra que se puede escribir autoficción reflexionando sobre la propia experiencia, volviéndola cercana a los lectores.
La maternidad, convivir con la muerte de la propia madre, nacer y renacer, extrañar, poner el cuerpo, la vida en constante movimiento. Este libro tiene todo y más, lo leí casi de un tirón. Hermoso.
Cecilia Fanti da cuenta del peso de las palabras, de cómo habitar el diálogo entre lo heredado y lo que luego se hace con eso, con lo que inevitablemente nos tocó y nos toca el cuerpo. Se pregunta por los distintos modos de pensar la maternidad, también se pregunta por los distintos modos en que se puede extrañar a una madre: "la encuentro en las palabras que repito como si fueran propias (...) y ahora es mi legado. Algo que me toca moldear a mi, y también conservar". En este libro se puede esbozar la pregunta de cómo partir de esas palabras que muchas veces nos parten, dé que forma habitar ese lugar que ahora lo ocupa otro; qué de todo eso la ayuda en su nuevo camino que le recuerda un poco al de su madre por momentos. "Una serie de elementos asociados por causa y efecto: convertirse en madre, pensarse como hija, transitar ese pasaje, ocupar otro lugar, discutir con la madre incluso muerta, romper para continuar, extrañar, pensar ese vacío, el espacio vacante, el silencio obligado. Murmurar solo contra una misma".
Fanti narra todo con una absoluta franqueza, de una forma lo suficientemente cruda como para que sepamos que está siendo sincera pero con tantos puntos bisagra que no podés evitar preguntarte si en realidad es todo una ficción hecha con el objetivo de que reflexiones cada dos o tres páginas.
Me interesan las mapaternidades, pero no desde un sentido biológico sino más tirando a lo sociológico. Hay muy pocas cosas en mi vida que me interesan menos que un embarazo y todo el proceso desde la elección de tener une hije hasta tenerlo en tus manos, y aún así en cierto momento Fanti logró conmoverme, tiré un par de lagrimitas y seguí leyendo.
Hermoso libro y muy honesto, o al menos así es como pude leerlo. Bellísimo.
Una rica autoficción de corte ensayístico/novelístico que nos adentra en el mundo maternal de Cecilia, su experiencia del duelo con la partida de su madre y con el nacimiento de su hijo Pedro. Las contradicciones, violencia y emociones que ambos eventos traen consigo son narradas con sinceridad y crudeza, porque así es la maternidad.
"Mamá era como la maternidad toda: textual, cruda, precisa. La alojó ahí, en la acumulación de formas de nombrar a los otros que la convertían en mamá sin importar quién la tratara. Ese fue el tesoro que me heredó."
Más que una novela, es un diario en donde la autora relata y reflexiona sobre sus experiencias personales donde la maternidad es la columna vertebral de todo el relato, habla de su madre, de su infancia y de otras escritoras y sus propias maternidades. Es un libro ágil y cómplice. También pienso que esa complicidad debe haber sido mayor con lectoras madres.
Es lo primero que leo de Cecilia y me encanto. Subraye mucho, me deje algunas autoras que menciona para investigar. Me costo el principio por mi historia personal pero segui y lo lei en pocas horas. Cumplio con la expectativa que tenia.
Es gracioso cómo, salvando algunas particularidades, compartimos los mismos miedos y nos pasan más o menos las mismas cosas. Lo leí entre siestas con Juan (que es la única forma de leer ahora) y no podría haber sido más apropiado.
Me acompañó en las vacaciones. Me lo leí en poco tiempo, porque me atrapó. Me hizo cuestionarme una de las decisiones más importantes que, hasta ahora, he tomado en mi vida. Recomendada.
Primer libro q leo en muxo tiempo, me engatusó altiro con su intimidad. Iwal, me encantan los libros maternales, los d la verdadera maternidad, esa q duele y enamora
Sin embargo, mis escritoras favoritas, las de las pequeñas cosas –lo habitualmente conocido como la vida de las mujeres–, fueron, en su gran mayoría, madres. Maternaron y, con la humildad que necesitamos las mujeres para sostenernos frente al mundo, escribieron. Algunas tuvieron más éxito que otras en sus publicaciones. Algunas fracasaron mejor con sus hijos. A ninguna le dicen gran escritora. Son pequeñas, son premiadas, son mujeres
Admito que me cansé un poco de las historias sobre maternidad, pero igual leí esta y la disfruté mucho. En gran parte por la narradora, que de a momentos me pareció muy soberbia, pero una vez que me acostumbré a ese tono me pareció afilada e interesante. Y, por otro lado, por la argentinidad, lo porteño, lo pandémico. Lo real y el verosímil, ese espejo del que me gusta hablar cuando leo obras escritas por argentinos y porteños en particular.
Quizá para no espantar a lectores y porque seguro ya esta tomado, es que el libro no se llama diario de un embarazo, aunque no sería justo tampoco resumirlo de esa manera, es que más que del embarazo, es de la embarazada
Así Cecilia piensa sobre el aborto, sobre la violencia obstétrica, la incomprensión de los médicos (aun en profesionales de la salud que son mujeres), el colecho, las madres que partieron, cursos de baile, masajes, la epidural, dándonos un paseo sobre una visión de la maternidad que no es la hegemónica.
De lectura bastante veloz... pienso un poco en la dedicatoria con la que venía la edición, que el libro nace de una conversación... y si, se siente la idea del dialogo
RELECTURA 2026: No me había percatado como Agustín, despues del nacimiento de Pedro, pasa a ser más a menudo "el padre de mi hijo... para pensar, señores... para pensar
Me gusta mucho la escritura de Cecilia. Se nota mucho el trabajo y el conocimiento detrás de lo que escribe. Es una historia profundamente nocturna e íntima, y me hizo ingresar de lleno en esa serenidad de recién nacido entre el duelo. Me encantó. Leído un fin de semana de octubre (creo).