[3.4⭐] 𝙀𝙡 𝙚𝙣𝙫í𝙤 es un thriller psicológico escrito por Sebastian Fitzek y publicado en 2016. La novela nos presenta a Emma Stein, una psiquiatra que, después de ser violada en una habitación de hotel, queda completamente recluida en su casa y aterrorizada por la posibilidad de volver a encontrarse con el hombre que la atacó. Emma fue la única víctima que logró sobrevivir al llamado Peluquero, un asesino que corta el cabello de sus víctimas antes de matarlas, pero como nunca pudo verle el rostro, ahora vive sin saber en quién puede confiar.
Tengo que reconocer que me costó bastante entrar en la historia. Al principio me desesperaba un poco la sensación de no entender casi nada y estar constantemente perdida. Fitzek nos mete de lleno en la cabeza de Emma y, entre los saltos temporales, las situaciones extrañas y la cantidad de información que se nos va entregando en gotera, yo no sabía muy bien qué estaba pasando ni hacia dónde quería llevarme la historia. Durante un buen rato sentí que estaba intentando armar un rompecabezas sin tener siquiera la imagen de referencia. Sin embargo, llegó un punto en que empecé a tomarle el ritmo y ahí la experiencia cambió bastante. Poco a poco me fui dejando llevar por la paranoia de Emma y por esa necesidad de descubrir qué era real y qué no.
El autor constantemente nos hace creer cosas que después resultan no ser ciertas, nos entrega una pista para que pensemos que finalmente entendimos algo y, cuando creemos que ya tenemos una teoría armada, vuelve a mover todas las piezas. Es un libro que no quiere que estés cómodo; quiere que dudes de Emma, de los demás personajes, de lo que acabas de leer e incluso de tus propias conclusiones.
Fitzek realmente utiliza todos los recursos que tiene a su disposición para engañarnos: los saltos en el tiempo, la información incompleta, las situaciones ambiguas, las distintas perspectivas y, sobre todo, la forma en que construye la percepción de Emma hacen que sea muy difícil distinguir entre lo que está ocurriendo realmente y lo que podría estar pasando únicamente dentro de su cabeza.
Eso sí, también creo que esta misma característica termina siendo un arma de doble filo. En algunos momentos sentí que había demasiados giros y que la historia se esforzaba tanto por sorprenderme que terminaba siendo un poco confusa. Hubo ocasiones en las que ya no sabía si estaba intentando descubrir el misterio o simplemente intentando entender qué estaba pasando.
También, quiero mencionar que me decepcioné con el final. Después de todo el esfuerzo que hace el autor por construir una historia llena de pistas, engaños y giros, esperaba que la resolución me dejara completamente satisfecha, pero no fue exactamente así. Hubo cosas que me gustaron y otras que sentí que estaban llevadas demasiado al límite.
Aun así, me parece imposible negar que es un libro muy entretenido. Una vez que conseguí entrar en la dinámica de la novela, quería seguir avanzando porque necesitaba saber cuál de todas las posibilidades era la verdadera. El escritor consigue que constantemente estés haciendo teorías y que, cuando crees que finalmente descubriste algo, tengas que empezar de nuevo.
Otro punto importante que quiero destacar es la construcción de Emma como protagonista porque su estado mental es prácticamente el centro de toda la historia. Después de lo que le ocurrió, es imposible saber hasta qué punto sus miedos son producto de su trauma y hasta qué punto realmente está siendo perseguida. Emma no es simplemente una mujer que intenta descubrir quién la atacó, sino alguien que está intentando recuperar la confianza en su propia percepción de la realidad.
Finalmente, puedo decir que 𝙀𝙡 𝙚𝙣𝙫í𝙤 cumple muy bien con lo que promete. Es un thriller psicológico que juega constantemente con tu percepción y que consigue que desconfíes prácticamente de todo. Me costó entrar, pero una vez que encontré el ritmo, me llevó por buen camino y terminé disfrutando bastante la experiencia. No fue un libro perfecto para mí, principalmente por algunas decisiones del desenlace y por momentos en los que sentí que la confusión se pasaba un poco de la raya, pero sí me dejó con ganas de seguir descubriendo qué más tiene Fitzek.