«La nostalgia es nuestra vida», afirma Roberto Peregalli en las primeras páginas de este ensayo sobre la fragilidad y la belleza. Pero en nuestros días, ¿aún se puede sentir nostalgia de algo en un mundo tiranizado por la persecución de fines a cualquier precio, por la violencia legalizada y por el deseo de un autocomplaciente presente eterno? Se puede, a condición de repensar los objetos, los lugares y las personas desde otro punto de vista: el que nos brindan las huellas que deja el tiempo en el paisaje. Entonces, la fachada de una casa se transforma en un rostro, una ventana se convierte en la mirada de un edificio –la sutil membrana entre el interior y el exterior– y el color blanco revela su sacralidad original, la verdadera, no su doble artificial, el que percibimos en las enloquecidas construcciones modernas impuestas por una lógica frenética. Deteniéndonos en el lenguaje y el esplendor de las ruinas y los templos, en la pátina de la penumbra, podemos preservar el silencio de las casas, los objetos y el paisaje, «sin sucumbir a los trucos y señuelos del progreso».
Aún es posible retejer la vida según otros parámetros, con un horizonte distinto. Roberto Peregalli nos devuelve a nuestra condición de mortales, mostrándonos la transitoriedad de nuestra condición y nuestras obras: Los lugares y el polvo posee la fuerza repentina de aquellos objetos que un día hallamos en el fondo de un cajón y que nos recuerdan todo lo que somos y todo lo que hemos perdido.
Entre el canto a un mundo perdido y el panfleto contra la contemporaneidad arquitectónica y al desarrollo devorador de ciudades, paisajes y naturaleza, este pequeño ensayo apuesta por la nostalgia y una idealización romántica del pasado, a be es indiscutible, a veces limitada y hasta tópica.
Un saggio del genere, scritto da un nostalgico per altri nostalgici, si descrive da solo con tutti i suoi pregi e difetti. Peregalli rischierebbe spesso l’autoreferenzialità e l’acritica laus temporis acti, se non fosse il genere di persona che spiega, esemplifica e illustra accuratamente ogni sua affermazione. Unica nota veramente negativa: le immagini in bianco e nero non rendono minimamente l’idea.
« Le blanc est le parfum des couleurs » Ce livre nous dit en gros que c’était mieux avant, mais c’est poétique et bien écrit. Piste esthétiques intéressantes pour ceux et celles qui s’intéressent à la ruine.
Très intéressant, j'ai hâte de fouiller davantage dans les propositions de films et de livres que l'auteur nous donne pour approfondir le sujet. Se lit rapidement, pas de répétitions... Je recommande.
Nostalgico, aristocratico, utopico,conservatore, impossibile sogno di una architettura spersonalizzata, inutile, in balia del tempo.
Eppure, quando entriamo in un locale con i muri di cemento armato e vetrate di cristallo, che simula di essere antico, mentre i locali antichi sono scomparsi, ci rendiamo conto che qualcosa non va. Quando vedo il parco di San Giuliano, rappresentazione del dominio dell'uomo su una natura resa razionale/utile, resto perplesso. Quando i cartelli indicano tutto, togliendo spazio al mistero, ci viene sottratto qualcosa.
Insomma, condivido e non condivido. Non sono d'accordo con quanto scritto, ma le suggestioni sono interessanti.
La cosa più apprezzabile del libro è il rapporto tra testo e immagini. Queste ultime sono discrete, fotografie dell'autore apprezzabili ed evocative. Quanto al testo, è buono al primo capitolo, poi diventa un lungo - e quel che è peggio sempre sulla superficie della citazione e del rimando - percorso di classica critica del presente ed elogio dei tempi che furono. Purtroppo, lettura poco utile.