¿Cómo respondemos? ¿Con la voz entrecortada? ¿Con el cuerpo? ¿Con la lata de aerosol? ¿Con un coctel molotov? ¿Con toda nuestra rabia? ¿Con nuestra inteligencia? ¿Con todo lo que tenemos y somos? ¿Cuántas formas posibles de respuesta hay?
Tantas como nosotras. «Nuestra arma es la voz», dijo Marichuy en la toma reciente del INPI y ya había mencionado Gloria Anzaldúa que la responsabilidad es nuestra habilidad de responder: con la boca, la voz, y en las puntas de los dedos cargamos y enunciamos esa responsabilidad. Las voces aquí reunidas cuestionan el amor tradicional entre una hija y su madre, las relaciones posibles y el deseo en una comunidad zapoteca; reflexionan sobre las historias que nos han contado sobre la identidad, sobre los cuerpos normados, las periferias, las disidencias; se preguntan por las luchas de izquierda que hacen jerarquías entre los cuerpos, por la «sororidad» entre unas a costa de otras; cuestionan nuestra participación en el juego de la estupidez desde la valentía adolescente; se duelen por el extractivismo que penetra nuestros cuerpos-territorios; ponen en entredicho las teorías racistas, clasistas y discriminatorias de ciertas manifestaciones radicales del feminismo, e imaginan las posibilidades de un futuro alegre después del hartazgo y el dolor, desde las perlas-cicatriz o los monumentos vueltos archivos íntimos, y las voces que la historia quiso borrar hablan fuerte y claro. Escriben para un nosotras que se vuelve un bosque de mujeres —metáfora potente de la diferencia y la equidad—. Porque si el feminismo y las luchas de las mujeres no son de todas y para la emancipación de todas entonces no son para ninguna.
A ver, antes de cualquier otra cosa, creo que es justo que aclare algo: el movimiento feminista mexicano no me parece especialmente brillante en los últimos tiempos. Yo salí de ahí en 2018, más o menos, rumbo a otros lados y fui rompiendo poco a poco con todo lo que él implicaba. Me molesta el interclasismo, la falta de análisis, el anticomunismo rampante, ese sector que se la pasa pactando con la derecha, la transfobia, el racismo y el desprecio a quienes no nos nombramos feministas. No tengo claro cuándo se produjo mi ruptura oficial, pero sí el día que me empecé a alejar: me dijeron que cuidaba pijas de los muertos, refiriéndose a Marx y a Engels. Con los ojos de esa experiencia leí este libro. De buena fe, pero con ojos que no esperan más que lo que ya han conseguido el movimiento: desprecio a la cosmovición que una admira y se esfuerza en comprender y lástimas porque cómo va a ser que una mujer ande entre los comunistas. Es sincero reconocer ese resentimiento, porque forma parte de mis lecturas.
Por lo demás, el libro como libro me parece lamentable y no hay mucho que decir al respecto. Cada tanto se ponen unas cuantas mujeres de moda (y unas cuantas tienen suerte, otras mucha enjundia para abrirse paso a codazos, y las últimas simplemente tienen todos los contactos posibles) y las invitan a que den su opinión de todos los moles o las encasillan en su solo tema del que parecen ser las representantes únicas (como ejemplo, una mesa de escritoras y maternidades en la FILO Oaxaca 2022 en la que se dijo: a la mejor ya nos conocen, no es la primera vez que nos invitan a estas mesas, siempre nos encontramos, como si de tanto buscar los organizadores no más tuvieran tres o cuatro tokens). Todas tienen cosas importantes qué decir, pero creo que la edición se les está quedando corta.
Todo es un ciclo hasta que encuentran nuevas y vuelve a pasar lo mismo, porque el sistema es el sistema y aunque a veces logremos brillar un ratito, el sistema nos tira para abajo (curiosamente, no hay autocrítica a este sentido casi ninguna y muchas partes del movimiento siguen muy jerarquizadas). Algunas mujeres son muy brillantes, otras tienen mucha enjundia y ganas de aprender y escuchar a otras, algunas no más para figurar, otras porque si no dicen que sí, las instituciones tampoco invitarán a nadie más, la verdad es que cada quien sabe por qué va a donde va y hace lo que hace y me consta que en la gran mayoría de los casos hay muy buenas intenciones (no más que de buenas intenciones no se hace el mundo, ojalá, me ahorraría leer esto y decir chale, qué malos ensayos). Quién sabe. Pero si se fijan, el patrón estará allí.
¿Pero y los ensayos? Mientras estaba leyendo hice una lista. Ensayo por ensayo, porque la calidad es variable; de todos anoté lo que pensaba, poco a poco, mientras lo iba leyendo. Esta la lista, refinada, estilizada, un poco más analizada. Vamos allá.
1. La rebelión de las Casandras. Marina Azahua tiene, quizá, uno de los ensayos más vacíos de todo contenido de todo el libro. Lista consignas, se la pasa metida en los lugares comunes: cosas que las lectoras de este libro ya saben, ya intuyen, simplismos exagerados. Lista las consignas de las marchas como adorno del ensayo y, entiendo, pretende lograr algo con eso, pero sólo me parece que quedan vacías de contenido, allí, adornando. Esa manera de repetir consignas que nos convence que estamos del lado de los buenos con una rabia absoluta. Triste, en sí, pero da vueltas sobre todos lados y no llega a ninguno. Vacío: no puedo decir nada más de él. Abrí el libro, lo leí y pensé: ¿cuándo me volví tan cínica sobre el movimiento? ¿Por qué me causa tanta desprecio esto? Pero es que no tiene alma, ¿cómo puede interesarme algo así?
2. Fragmentos del diario de una feminista. Lydia Cacho tiene una carrera. No puedo pararme y negar el legado: consiguió una de las primeras condenas por explotación sexual infantil en México e hizo una de las investigaciones más completas que existen en el país sobre trata de mujeres con fines sexuales. Ahora, no por eso me voy a sentar y voy a decir qué chido ensayo, que padre, porque escribió de lugares comunes, pero tomó un camino relativamente seguro, hiló una idea, siguió una tesis y, en general, me dio uno de los ensayos más gratos de leer. Innovador cero, y hay que reconocer que tampoco es nuestro deber innovar todo el tiempo, así que el problema, como quien dice, soy yo; después del primero tenía la barra en el subsuelo, tampoco pedía tanto.
3. Feminismo sin cuarto propio. De este sólo puedo decir: la ignorancia es atrevida. Es del único que tengo una nota a la mitad y es porque Dahlia de la Cerda intentó mentar a Marx y, en una especie de gotcha moment rarísimo decir que obvio leyéndolo no se podía aprender igual que trabajando doce horas. Se puede estar parada doce horas y defender a los patrones y actuar en contra de tu clase (da tristeza, pero se puede, hay gente en Monterrey y en el Bajío que lo hacen todos los días).
Pero Marx no escribía para los burgueses, ni para la pequeña burguesía; Marx también escribía para el proletariado y se negaba a considerar estúpidos a los obreros y a los trabajadores y algo que siempre me he topado en el feminismo es esta insistencia a encontrarlos, encontrarnos, pendejos sin querer siempre con sus frases esas de yo aprendí en la fábrica no leyendo, porque desprecian el saber, la teoría y cómo se une a la praxis y se niegan a considerar que alguien en ese contexto lea a Marx (y por eso Domitila Barrios de Chúngara los sorprende a todos, capaz).
El marxismo es una cosmovisión, pero qué va a saber de eso gente que te dice, de frente y claro, que no entiende qué es el proletariado. Cita textual: Los de arriba y los de abajo, y que burgueses son «los que tienen los medios de producción». A esto le llamo fragilidad burguesa, que es la incapacidad de las clases sociales privilegiadas para reconocer sus privilegios de clase bajo un argumento teórico. Suscribo el concepto de que los burgueses son de la clase media acomodada hacia arriba. El marxismo no dice eso, pero a la mejor lo sabría la autora del ensayo si hubiera investigado, y sí, si no tienes medios de producción, no eres burgués y la burguesía no va a ver por ti cuando te vaya de la verga (pero esto se arreglaría si uno supiera qué se categoriza dentro de la pequeña burguesía y por qué existe ese término). Pero bueno, mi conclusión de todo el ensayo fue que la ignorancia es audaz y la puedes adornar bonito si sabes hilar frases bonito y sabes de estructura y tienes buen ritmo al escribir. No más que es eso: puro adorno, las mamadas ignorantes no se van porque lo adornes.
4. Hacer(nos) casita. Una de las críticas más agudas de comunistas hacia el feminismo de principios de siglo era que las burguesas se acercaban a las mujeres y les decían: somos todas iguales, somos hermanas, nos une el ser mujeres y sobre esas bases fundacionales se construyó gran parte del movimiento; Kollontai les reclamaba ese interclasismo: ¿cómo van a ser las trabajadoras iguales que las mujeres burguesas? Todavía es vigente esa crítica cada que leo ensayos como el de Diana del Ángel que, insisten, en alguna parte, que no importa de donde vengamos, las mujeres somos iguales. No, que me perdonen, pero yo no soy igual a una señora burguesa, yo apago el cerebro cuando intentan decirme que sí. (Por lo demás el ensayo es cursi, no llega a ninguna parte clara y no tengo nada más qué decir sobre él).
5. A mares sobreviviremos: metáforas del dolor trans. De todo el libro, probablemente uno de los ensayos mejor formados es el de Lía García. Sabe qué quiere escribir y por qué. No se mete en lugares complicados, es clara, es concisa y si bien en algún lado acabó metida en los mismos lugares comunes cursis de este movimiento, en general el ensayo fue de los únicos decentes de este libro; realmente disfruté leerlo, preguntarme hacia donde iba, qué planeaba.
6. Agua negra (fragmento del ensayo sonoro Echoes from the Borderlands). Yo no voy a negar que Valeria Luiselli me parece una mamona porque yo igual soy una mamona cuando se trata de las estructuras al escribir (y este juicio dice más sobre mí que pienso que soy una mamona que sobre ella, a la mejor ella simplemente es y ya), pero no todo puede serlo la estructura: no siento que consiga que su tesis llegue a ninguna parte porque sólo estoy leyendo un pedazo de algo que a lo mejor si se sostiene en otro medio. No tengo nada más que decir: ni siquiera es un ensayo completo. El tema que trata (la libertad reproductiva y sexual y cómo la atraviesa brutalmente la clase) es importante y da un poco de rabia que quede tan diluido entre el performance que propone. Creo que se pudo haber equilibrado mejor.
7. Temblores en el corazón: crónica de una geografía emocional. El ensayo de Fernanda Latani M. Bravo tiene alma y eso me gustó, me hizo preguntarme qué seguía, querer saber su opinión, escucharla. Esta bien. Decente. Hagan con esa información lo que gusten.
8. ¿Quién apagará los incendios? También este fue de los mejores del libro. Lo escribe Luna Marán. Me desespera un poco que aterrice en lugares comunes que ya resultan muy estériles a la lucha de las mujeres, pero también siento que tiene un buen punto de partida. Es una lástima que en algunas partes de tantas vueltas para no decir nada en absoluto y que yo esté dispuesta a concederle el título de los mejores del libro habla de mi decepción general. Lo importante del ensayo, me parece, es el tema y, aunque yo no esté de acuerdo con todo el enfoque, sí creo que es algo que sigue siendo muy invisible en la lucha de las mujeres.
9. Un bosque de mujeres: carta a las zapatistas. Para quien no lo sepa, Sylvia Marcos escribió un libro donde hablaba del movimiento zapatista y, especialmente, de las mujeres en él. Lo leí en su tiempo y me pareció muy interesante, sobre todo porque ofrecía una perspectiva humana a un movimiento muy mitificado. Este ensayo no me da nada nuevo. Sylvia repite las palabras de las mujeres zapatistas, palabra por palabra y esa es la parte que resulta más interesante, incluso sobre sus propios comentarios. Es hasta triste que las palabras de otras (a las que supuestamente respondes y comentas) brillen más y opaquen las tuyas. Además, las supuestas respuestas a veces se pueden leer muy aleccionadoras y eso me resultó hasta extraño, tratándose de Sylvia Marcos, que tiene una historia muy larga con el movimiento zapatista, al que conoce, admira y ha acompañado muchos años. Sin embargo, aunque esta sea una respuesta a las mujeres zapatistas, ¿quién lo está leyendo?
La pregunta es genuina, porque yo no tengo ni idea. No quiero tenderle una trampa a nadie ni hacer un gotcha moment. ¿Para quién es este libro? ¿Este ensayo? ¿Quién lee Tsunami? ¿Por qué leemos Tsunami? ¿Quién conoce Tsunami? He visto que compran las que ya son feministas, las que ya están enteradas, las que quieren aprender, las que sólo quieren darse palmadas en la espalda (no me vengan a decir que no existen: las he visto), las que queremos ver el panorama; pero mi círculo es cerrado, limitado y una burbuja y no puedo ver más. Se me escapan cosas.
Es un libro relativamente caro (como todos los de Sexto Piso, que por alguna razón a pesar de ser uno de los sellos más poderosos por debajo de los monopolios sigue insistendo que es una pobrecita editorial independiente; no tendrá cómo compararse con PRH o Planeta, que se la pueden comer el día menos pensado pero definitivamente, aunque independiente, no está en la situación de todas las que han cerrado los dos últimos años). ¿Cuál es su distribución? ¿Cuál es su público? Las preguntas son honestas, no lo sé. Puedo suponer, pero me haría más feliz saber con certeza a qué mujer se imaginan venderle este libro. Así, quizá, podría hacer un juicio más certero de este ensayo.
Si tuviera todas las respuestas, no me tambalearía pensando si se exotizó a las mujeres zapatistas cuando ocurrió el encuentro o si el diálogo es genuino. Porque lo leo y digo: parece que las están usando de token y, con ellas, también a Sylvia Marcos. Pero no sé. A quién imaginan leyendo esto, quién imaginan qué es quien se encuentra este supuesto diálogo (supuesto, porque se ve muy unilateral y me gustaría tener la certeza de que no lo fue, como no lo fue el encuentro). No era yo, eso sí me queda claro.
10. El hambre soy yo. Admito con todas las letras que le tengo resentimiento al movimiento feminista porque es un movimiento anticomunista casi todo el tiempo; es inocente de mí, quizá, pedirle cosas al feminismo que nunca me pudo dar. Broyelle lo dijo en La mitad del cielo: el feminismo nos dio todo lo que podía darnos... y es tan poco. Creo en la honestidad de las mujeres, en su lucha, pero no creo en el movimiento feminista. No cuando leo ensayos que, mentando referentes, dicen, sin cortarse los dedos, que Marx y Engels no consideraron a las mujeres. Ytzel Maya lo puso en su ensayo. Cuando le reclaman a Marx la (supuesta) (y también incomprobable) omisión de las mujeres en la cosmovisión marxista, ¿qué creen que es la definición de proletariado? ¿Por qué creen que Marx lo definió sólo definiendo a los hombres? ¿Lo han leído? ¿Han leído a Engels, que en El origen de la familia, la propiedad privada y el estado detalló un montón de cosas referentes a la cuestión de la mujer? Y ya no sólo a ellos. Después de ellos hubo un montón de mujeres y de hombres que siguieron teorizando y construyendo y luchando. ¿Cómo pueden escribir sin que les tiemble la mano que fallaron en considerar a las mujeres cuando tengo la evidencia de que no enfrente? Como dije en el ensayo de Dahlia de la Cerda, la ignorancia es poderosa.
Por otro lado, este ensayo no me aportó nada más que ese coraje, chale. El resentimiento también puede ser poderoso.
11. 4 diatribas y media en la Ciudad de México. Debido a que no tengo ni idea de qué me quiso decir Brenda Navarro o si este ensayo tenía tesis (no parece ensayo, pero el ensayo es también el caos, así que es un ensayo), no puedo decir nada más. Ni negativo, ni positivo.
12. Las historias que nos construyen. El de Jumko también es de los mejores escritos, a mi parecer, en todo el libro. Aborda cosas muy interesantes y me gusta que abiertamente hable sobre no denominarse feminista. Jumko y yo no estamos en luchas iguales, pero esa reflexión pega muy cerca de casa y hace que sienta un poco de parcialidad a querer leer qué tiene que decir al respecto. Sí siento que hay lugares comunes en el ensayo que a mí me generaron cansancio porque ya era el último del libro y eran cosas que se venían repitiendo y repitiendo y repitiendo (a mí no me gusta eso y corres el riesgo de que pase en estos casos, ante eso, la verdad mi sugerencia es no ser yo y leer con calma, porque por suerte, la mayor parte de las veces tiene arreglo).
Y pues eso fue todo. A mí me decepcionó mucho, no me tranquiliza en lo más absoluto ver que el anticomunismo sigue metido y que se sigue mencionando a Marx sin saber realmente qué dijo Marx. Quizá me enojo, porque yo, para criticar al feminismo como movimiento, me acerco a ver qué está ocurriendo ahí, pero pareciese que nadie se acerca a Marx para ver que dijo Marx (o cualquier comunista que haya escrito en cualquier medio) y repetimos, cual cacatuas, que Marx no consideró a las mujeres. Perdón, yo no puedo con que haya pasado dos veces aquí.
(Dudo que pase porque ya no dejo que me rodee gente que resuelve las cosas a tuitazos y ahí fue donde ocurrió la situación, pero por si acaso alguien sintiese la tentación de decirme que le estoy cuidando la pija a Marx mencionándolo tanto, dado lo que mencioné al principio de esta crítica: sí a mucha pinche honra).
"Ser mujer es haber crecido con la certeza de que nuestro cuerpo alberga las condiciones de posibilidad de experimentar peligro potencial siempre. Ser mujer es acostumbrarse a este estado de la cosas. Y a veces, ser mujer es hartarse de haberse acostumbrado. Sabemos que nos pueden matar, violar, golpear, abusar... Nos hemos amoldado a esa realidad, haciendo todo lo necesario para no exponernos" Marina Azahua
Este libro es una hermosa compilación de ensayos sobre lo que significa la feminidad y el feminismo, lo fuerte y aterrador que es nacer siendo mujer, incluso lo que significa no nacer siendo una pero decidir serlo. Cada uno tiene un enfoque muy personal y profundo. Me encantó sobre todo el de Lydia Cacho
“Porque amar es un acto de rebeldía en un mundo que nos educa para contener las pasiones y manipular los sentimientos.”
“Escribo para las que como yo se han ignorado toda la vida, para las que han callado y luego gritado a solas, para las que esperan el amor de su vida, para las que ya se cansaron de esperarlo, para las maestras feministas, para las que odian al feminismo, para las que se sienten feas pero quieren ser deseadas, para las que han comprendido que las batallas de tú a tú son para todas; para las desesperadas, las locas, las marginales, las que lo han perdido todo y sin saber cómo han empezado un nuevo día, para las humilladas, las poderosas, las niñas rotas, las encontrar un yo que no sea sólo mío, para nosotras escribo.”
#bookquotes
Tsunami 2 es la segunda compilación de textos orquestada por Gabriela Jauregui. En esta ocasión doce mujeres regalan reflexiones y experiencias de lo que es para ellas ser mujer en el actual ambiente de extrema violencia, pero también de despertares y revoluciones que están intentando cambiar el mundo. Desde sus diversas realidades y plumas, se suman al movimiento de lucha y de protesta para terminar con el terrorismo de género.
Este volumen supera al anterior. Pese que al primero fue muy bueno y con un par de textos que acompañan por mucho tiempo, esta segunda parte resulta extraordinaria. Los diversos enfoques, las referencias literarias e históricas y la honestidad de las escritoras, enriquecen esta lectura de manera inexplicable. Aunque la mayoría de los apartados se antojan prometedores, hay varios favoritos: “La rebelión de las casandras” es espectacular, gran forma de comenzar a poner en contexto. “Fragmentos del diario de una feminista”: íntimo, valiente, honesto; verdaderamente deja germinando las semillas de la reflexión. “Feminismo sin cuarto propio”, es brutal, en tres párrafos termina con la base de muchos paradigmas sociales que se sentían verdaderos. “Hacernos casita”, maravilloso. Leerlo debiese ser obligación.
Cómo el primer tsunami, quería que me gustara más de lo que realmente me gustó, pero rescato leer diversidad y agradezco que este libro exista y si siguen saliendo tsunamis los seguiré comprando, para que existan. (Pd. Leer a Luna Marán es como dar abrazos y me acordé de lo mucho que amo Tío Yim, su documental)
Empatía, diversidad, cuestionamiento, privilegio, zulo. Un libro donde sentí que había diálogo con las autoras, mucho aprendizaje y sobre todo una cachetada mental. No dejen pasar estos libros que nos abren la perspectiva del feminismo o mejor dicho los feminismos, de un tsunami lleno de voces
Un libro que se debe leer con calma, que se subraya, que se siente y te deja reflexionando. Cada una de estas autoras nos maneja un tema y una narrativa diferente pero que funcionan perfectamente reunidas en esta antología. Personalmente como mujer me han llevado a reflexionar mucho y considero que son autoras que valen la pena leer.
Ando on fire terminando los libros que tenía pendientes 🔥🔥🔥
Tsunami 2 es una antología de ensayos sobre feminismo. Cada autora y su visión me dio mucho que pensar, algunos de los temas que más me impactaron fueron: el feminismo hegemónico, el racismo, la colonización de nuestros cuerpos, el transfeminismo.
Todos estos ensayos son una invitación a cuestionar el feminismo y creo profundamente que de ese cuestionamiento podemos salir más fuertes y sólidas.
Para cerrar mis pensamientos en torno al libro retomo a Brenda Navarro:
"El corazón, los pulmones y el esófago no son amigos. Nosotras tampoco. Y sin embargo, sostenemos la vida"
Estos ensayos de mexicanas, que dan voz a diferentes situaciones que nos deben doler como país, no todas las mexicanas vivimos en las misma situación y tenemos los mismos derechos, por eso hay que seguir alzando la voz, para que todas vivamos en un país, donde podamos estar seguras, tener oportunidades, dejar atrás la discriminación y el racismo. Muy recomendable para reflexionar sobre la situación de las mujeres en México y crear empatía en cada una de estas situaciones, que podemos vivir en este país con situaciones de vida tan diversos.
Excelentes ensayos: Por alguna ocasión los de este segundo volumen los sentí mucho más personales que los del anterior. Incluso los de corte en apariencia más teóricos se sienten super personales y eso es hermoso.
Jo, de verdad que tuve que promediar y tirar para arriba porque hay escritos inmensamente valiosos, resonantes, bonitos, sensibles. Algunos faltos de "cuajar" el sentido. Y otros demasiado blanqueados plus una whitesplaineada.
Así que quisiera comentar de forma brevísima, una impresión extra por el texto de cada una de las autoras
> Marina Azahua Qué valioso tener un recorrido de las manifestaciones últimas de la primavera antipatriarcal de últimas fechas, movido a las r.s. por temas de pandemia. Sobre todo expander los lazos fuera del centralismo.
> Lydia Cacho He leído muchas de las investigaciones de Lydia así como uno de sus cuentos, es tal vez la autora de quien más libros tengo. Y por eso... comprendo la intención de su escrito, su recorrido personal en diarios; pero es una desfortuna inmensa leerle su envanecimiento y comparación entre su madre [blanca, con capital monetario, cultural, tiempo, etc] y las amantes de su padre, para mirarles hacia abajo porque se conforman por ser "menos" cultas, "menos" feministas, "menos" luchadoras, "más" conformistas.
Jo, no es posible la arrogancia para no comprender el capital desde el que se mueve cada mujer. Heridas no trabajadas, supongo, satanizar a las mujeres amantes y no cuestionar a los hombres.
> Dahlia de la Cerda Poderoso y empatizo por completo con esto, con ser atravesada primeramente por racismo y clasismo, antes que por cualquier cuestión de género. Me ha encantado, quisiera poder sacar copias y compartirlo a muchísimas personas que quiero. Este texto es inmensamente necesario.
> Diana del Ángel Es un escrito pequeñito de una época que ubico perfecto, de cuando la organización estudiantil súper seguía siendo un espacio de vatos, para vatos, sostenido por actividades de chicas que seguían en violencia estructural del machismo y del sexismo. Esto es demasiado recurrente, creo que hay mucho que hablar al respecto.
> Lia García Es un texto sútil, bello como los gestos del agua en corriente tranquila Creo que fue un reposo bonito leer este escrito.
> Valeria Luiselli Me ha gustado el formato de obra de teatro Es interesante lo que quiere comentar en esta extracción a la tierra y su intrusión en los cuerpos.
>Fernanda Latani Es un texto muy, muy personal que podría ser comunitario o espejo de miles de personas, pero creo que quiere mantener tanto su intimidad que me parece demasiado contenido, sin crestas, sin retumbos como los movimientos de la tierra, que invoca, para removernos las entrañas.
Mal parafraseando a un persona de serie, el miedo de exponerse, es tanto que, nos deja sin arrancar lo que has escrito.
> Luna Marán Qué valioso, me removió tanto Muchas cosas en las que creo como es el trabajo, amor y espacio comunitario De las elecciones personales, de las presiones sociales materializadas en la familia. Es precioso.
> Sylvia Marcos Jo, tal vez es el texto más desafortunado para mí Pretende ser una carta respuesta a las mujeres zapatistas, en sus reuniones de 2018, y termina siendo una whitesplaineada; una académica blanca validando lo que estas mujeres articulan con tanta fuerza.
Lo más valioso del ensayo/carta, son las citas de los discursos de ese año por las zapatistas. Cita y luego explica lo que quisieron decir con lenguaje rimbombante... Si es una carta respuesta, porqué le explicas a una mujer indígena, trabajadora, empobrecita y atravesada por capital distinto al tuyo, lo que le reconoces**** que dilucidan?
Por qué crees que debes reconocerles desde tu academia? Por qué no callar más y escucharles Hubiera sido más valioso, transcribirles por entero y evitarnos leer repetido [citas y tu explicación]. Que por cierto no citas fechas, ni sitios, ni personas; todo difuso como si una mujer indígena que habla es igual a otra. - Que sí, que las capuchas tienen un propósito de protección y son elemento político, pero muchas veces se presentan por como puedas nombrarlas al iniciar sus discursos -
O usa tu plataforma, tu espacio y expon desde ahí para la difusión amplia; pero entonces que tu carta sea dirigida a nosotrxs, tus lectores. Porque al dirigirlo a las propias mujeres zapatistas es un "Los hombres/blancos me explican cosas" ENORME.
No puedo creer lo errado de este escrito De cómo nadie le hizo notar esto Para mí desborda racismo y clasismo en médula, con palmada en el hombro, demasiado interiorizado.
> Ytzel Maya Se me hizo muy bello, proque comprendo la búsqueda de la palabra que nos habita, que nos articula, así como las que surgen para nombrarnos y que procesamos para tomar la elección de siquiera tomarla.
La pieza central me parece la palabra, y desde ahí articula "hambre" con extensiones dolorosas y necesarias. Creo que podría ser un texto inicial de muchas cosas más por abordar y exponerse, por parte de la autora.
> Brenda Navarro A Brenda le he tenido miedo de leerle nuevamente, porque Casas Vacías sigue resonando en mí con dureza y muchísimas reflexiones. Temía, pues, que un siguiente escrito de leerle me decepcionara. Me sucede a menudo, sobre todo si ha sido un libro ampliamente comentado.
Sin embargo, para mi alivio, gusto y reflexión; deja muchas cosas en la mesa y se marcha re tranquila porque incluso ella carece de certezas. Porque justo está repensando y reflexionando lo que repetimos en las marchas... Esto es muy necesario.
> Jumko Ogata Jo, Jumko es una persona que admiro y de quien aprendo muchísimo Es una chica muy joven y con unas cualidades de plasmar lo que piensa, siente, lo que corta la piel y lo comparte en generosidad.
Es una de las voces primordiales con las que contamos actualmente. Le voy a seguir leyendo por todos los futuros tiempos.
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Otra biblia para mi colección. Me gustó tanto la diversidad de estos ensayos, la fuerza que tienen las palabras en estas páginas. Una nunca deja de aprender cuando escucha atenta.
Amo, amo, amo y amo este libro, ya sea por los ensayos, las autoras, la transformación, la revolución, las ganas de cambiar y ver otras perspectivas, lo que más me gustan de estos libros es que te dejan con la curiosidad de leer más de las autoras y deborarte toda su obra. No cabe duda que todos los libros que son de este tipo (feminismo, transformación, cambio de perspectivas,etc.) Son mi lugar seguro
3.5 estrellas. Es difícil juzgar este libro en su totalidad cuando los ensayos son tan distintos. Contiene ideas importantes y narraciones personales llenas de ternura, pero a momentos se sintió como leer un sermón prefabricado.
Me gusta mucho que se siente como que lees muchos libros, muchos ensayos. Cada uno te enseña pero también te hace recordar los anteriores, están entrelazados aunque sea por algo chiquito, me hace cuestionarme pero también validar pensamientos que siento que tenia pero no sabía cómo expresarlos.
"Antes de morir, mi madre me pidió que nunca dejase que mi corazón perdiera el fuego con el que había nacido, que no renunciara a la ternura"
Sentí este libro demasiado centralizado, la mayoría de mujeres que escriben aquí hablan de las marchas e ideas muy generales del cuestionamiento de 《ser mujer》. Agradezco muchísimo textos como el de Jumko Ogata, Lía García y Valeria Luiselli que exploran desde otras perspectivas, desde otras realidades la diversidad que debe caber en el pensar feminista.
Me gustó muchísimo, hay unos textos que son 11/10, pero hay otros con poco cuestionamiento, muy rígidos y no dan espacio a que se pueda interpretar o cuestionar. En general muy bueno
Total y complemente recomendable. El ensayo de Dhalia de la Cerda es una clase magistral; el de Lydia Cacho, un poema; y, los de Fernanda Latini y Luna Marán un abrazo al corazón y no estás sola.
3.5* mi relación con el feminismo es tambaleante: a veces afectiva y a veces incierta, a veces apasionada y a veces velada por el desencanto; es una relación cambiante, viva, pero que quiero que siempre gire en torno a la empatía, la escucha, la constante autocrítica, el sentido de justicia y la búsqueda de nuevas alternativas. el feminismo como movimiento no es perfecto: el punitivismo, el racismo, el clasismo, el capacitismo, la transfobia, la manera en que algunas de sus prácticas y discursos han sido captados por el capitalismo, entre muchas otras cosas lo han demostrado; pero debo confesar que, aunque no es la única manera de luchar contra los sistemas de opresión que impactan en nuestra realidad —es más, ni siquiera es que exista un feminismo sino varios—, de manera general sí que ha significado mucho para mí, para mis relaciones con otrxs, otras y conmigo misma, para el tipo de activismo al que me inclino, y para el cuestionamiento y las problematizaciones que hago del mundo.
por eso amo que existan estas antologías. son algo dispares y casi de manera inevitable va a haber textos que gusten más que otros; algunos van a tocar lugares muy comunes y, dependiendo de dónde venimos —en qué punto estamos en nuestra relación con los temas de género, feminismos, luchas antipatriarcales, etc.—, diferentes textos van a resonar más o menos con nosotrxs. además, a veces pareciera que funcionan como índices hacia otras obras, otras autoras, más que como un libro-conjunto completo en sí mismo (lo que tampoco me parece lo peor la verdad, excepto cuando alguno que otro ensayo termina sintiéndose desintegrado e incapaz de ser autoconclusivo). y entre todo eso, creo que vale la pena preguntarse: ¿para qué son los tsunamis, ¿cuál es el propósito de estas antologías?, ¿hacia quién están dirigidas?, ¿qué quieren ser?, ¿cuáles son sus limitaciones? preguntárselo no porque se vaya a llegar a una respuesta única, y menos para forzar una respuesta cargada de mala fe... preguntárselo porque creo que ese ejercicio de cuestionamiento nos permite ver más allá y dialogar sobre el papel de la literatura, el lenguaje, la edición, el conjunto y así.
CORO: éstos son nuestros cuerpos, y esto en nuestras manos, una roca seca roja.
este volumen en específico, que yo leo en dos mil veinticinco pero que fue publicado hace más o menos cinco años, abandona un poco el rigor académico y las discusiones teóricas para acercarse sobre todo a la experiencia personal de cada una de las autoras invitadas, a sus vivencias y cómo estas están en relación con los sistemas económicos, políticos y sociales. se explora muchísimo el cuerpo así como la afirmación/lema de que lo personal es político.
mis favoritos fueron: «Hacer(nos) casita» de Diana del Ángel, donde la autora narra su experiencia como parte de un movimiento estudiantil a finales de los noventa y señala las dinámicas hegemónicas, machistas, violentas y desiguales que se replicaban (replican) dentro de las agrupaciones activistas; además, dedica un buen espacio para hablar sobre la misoginia interiorizada y cómo, unida al sentido de autoprotección, provoca que nos suscribamos a mecanismos que buscan anular políticamente a otras mujeres. «Agua Negra» de Valeria Luiselli que, aunque sólo es un fragmento del proyecto Echoes from the borderlands, me voló la cabeza; me parece espectacular la forma en que junta el ensayo con lo teatral y lo poético, y enfatiza las relaciones entre el capitalismo, la explotación y el despojo de la tierra, la industria minera, el activismo social, la violencia hacia las mujeres (sexual, obstétrica), entre muchas otras cosas. y «Las historias que nos construyen» de Jumko Ogata, donde explora su origen afrojaponés y su vida cargada de diferentes narrativas identitarias, tanto elegidas por ella a modo de orgullo y reivindicación, como impuestas por la mirada externa y exotizante.
también disfruté mucho de «Feminismo sin cuarto propio» de Dahlia de la Cerda, quien hace una crítica desde la interseccionalidad hacia lo que llama «feminismo del cuarto propio» al tiempo que introduce el «feminismo de los zulos»; escribe con claridad aún cuando está trabajando como un montón de conceptos y bibliografía, logra cuestionar lo hegemónico sin ladearse y reivindica lo abyecto; pero también pasa que se llega a sentir demasiado repetitivo y, como quiere hablar de tanto, a veces termina lanzando afirmaciones tajantes que requerían de más espacio para desarrollarse. Lia García en «A mares sobreviviremos: Metáforas del dolor trans» habla desde lo poético y simbólico sobre el agua, las perlas, las sirenas y sobre «los cuerpos desaparecidos que se buscaban en la tierra del pueblo y al mismo tiempo el eco de esas voces que gritaban su paradero»; es un texto bello que, desde la ternura radical y el duelo, aborda la transfobia y los transfeminicidios. y «El hambre soy yo» de Itzel Maya me atrapó con su existencia fragmentaria que, aún así consigue decir cosas muy interesantes sobre la memoria, el cuerpo (y el existir corporalmente), el lenguaje, la experiencia sáfica y el hambre; pero igual creo que a veces se desborda mucho y me hubiera gustado que algunas de las citas estuvieran más trabajadas.
la crónica de «Temblores en el corazón: crónica de una geografía emocional» escrita por Latani M. Bravo aborda la compleja relación con la madre, con todas sus tristezas, dolores y su modo de crianza; me gusta que ella, al ser geógrafa, ocupa el sismo del 2017 para trazar una relación entre lo telúrico y el cuerpo, lo generacional, el apoyo comunitario y el valor de una apertura emocional, pero terminé el texto con ganas de más, con la sensación de que era el inicio de algo que se apresuró para poder entrar en la edición. «¿Quién apagará los incendios?» de Luna Marán me cautivó con su título, con el acto de intercalar poesía con sus vivencias y reflexiones, y con la metáfora/imagen del árbol para hablar de la comunidad, la individualidad, la maternidad, los cuidados y el afecto; aunque me siento atraída a los cuerpos textuales que se fragmentan, aquí sentí que llegaba a ser demasiado y que algunas ideas quedaban muy en el aire, pero de todas maneras qué dulce y bello ensayo (que además tiene un cierre muy lindo: «hay que tener imaginación para poder estar juntxs».
y ya por último, Marina Azahua en «La rebelión de las Casandras» usa la imagen de Cassandra de la mitología griega y las consignas que muchas sabemos de memoria para hablar sobre el ambiente de las marchas, la iconoclasia y la responsabilidad generacional que tenemos con las mujeres que nos anteceden y con las infancias del futuro; para ser honesta, me hubiera gustado un enfoque algo más crítico de estos espacios y que se hubiera arriesgado a ir más allá de estos lugares comunes. Lydia Cacho, a quien admiro como periodista y activista, en «Fragmentos del diario de una feminista» hace memoria de su época como una niña rabiosa e indignada que comenzaba a tener conciencia del patriarcado; el texto en sí no me terminó de convencer, pero a momentos logró removerme varias cosas y, al final, salí con ganas de leer (por fin) sus libros, sobre todo Los demonios del Edén y Esclavas del poder. aún cuando «Un bosque de mujeres: carta a las zapatistas» de Sylvia Marcos me parece un intento curioso de establecer el diálogo y de reflexionar en conjunto con las mujeres zapatistas que se reunieron en el Primer Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan, el hecho de que se sienta como una transcripción intervenida me hizo desear que el esfuerzo se hubiera realizado de otra forma; no sé, quizá primero marcar un espacio sólo de escucha, de la palabra pronunciada sin el filtro intelectualista, y ya después marcar el espacio de conversación...; subrayé varias ideas, pero también me detuve un buen rato a problematizar el formato. y, temo decirlo, pero «4 diatribas y media en la Ciudad de México» de Brenda Navarro me dejó algo fría; empezó cargado de mucha rabia y la propuesta me intrigó, pero el efecto se diluyó demasiado rápido en mí y para cuando terminé la antología (y en los siguientes días en los que la estuve pensando) hasta se me olvidó que este texto estaba incluído (triste).
«Todas esas historias van forjando la imagen que tenemos de nosotras mismas, su presencia o ausencia informan nuestra conciencia y percepción del mundo»
quizá los tsunamis son para gente ya adentrada en los feminismos, y también para gente que tiene curiosidad y apenas está investigando sobre el tema. quizá quieren volver la teoría mucho más accesible para todxs y dibujar un panorama amplio de la diversidad de feminismos y luchas antipatriarcales que se viven en México y en Latinoamérica. quizá se ubican a mitad de camino entre reafirmar luchas que ya se llevan a cabo y dar nuevas respuestas/soluciones/posibilidades a las cuestiones que preocupan a los activismos. quizá intentan compartir otras realidades, invitarnos a cuestionar los paradigmas que damos por supuestos, ejercitar la empatía y considerar las maneras en que el «ser mujer» atraviesa a una gran diversidad de cuerpos. quizá buscan consolidar aún más a plumas que ya son reconocidas y que tienen una gran trayectoria, y al mismo tiempo darle más visibilidad a otras que aún no llegan a la esfera mainstream. para mí son una mezcla de todo eso y se han convertido en un espacio de desahogo, visibilización y diálogo, un espacio-oportunidad donde se puede pensar con otras, escucharlas y atender a preocupaciones, demandas y vivencias, pero también cuestionar nuestra manera de vivir el activismo y de movernos por el mundo.
La ciencia del lenguaje le encuentra significados y acepciones diferentes a las palabras en un ánimo emancipador cuya morfología nos describe y nos nombra en el mundo, pero parece que no nos ha alcanzado a nosotras. [...] La lengua nos olvidó. Somos mujeres agramaticales: nos apropiamos de la disidencia lingüística.»
Estos ensayos han llegado profundamente a mi, de forma personal. Le he escrito por Instagram a una de las escritoras para agradecerle el hecho de escribir y compartir su ensayo. Me ha parecido de lo más poderoso. Ver el feminismo desde puntos que no se hablan (como la Historia Mundial en general), pero que son importantísimos para empatizar desde esta ideología. Quiero dejar acá una de las frases que para mi, resume todo: “Media Diatriba. El corazón, Los pulmones Y el esófago no son amigos. Nosotras tampoco. Y sin embargo, Sostenemos la vida” - Brenda Navarro. Una vez más gracias a todas y cada una de las escritoras POR TANTO. Marina, Lydia, Dahlia, Diana, Lía, Valeria, Fernanda, Luna, Sylvia, Ytzel, Brenda y Jumko. Gracias por estos espacios, Gabriela.
Desde que salió este libro tenía mucho interés de leer esta antología porque incluía a escritoras que ya me gustan mucho (Lydia Cacho, Brenda Navarro, Valeria Luiselli). Y sin embargo, creo que lo más importante que me ha dejado, tanto este libro como el primer tsunami, es la posibilidad de conocer escritoras nuevas. Y con esto no quiero decir que los relatos de las escritoras anteriormente mencionadas no me parecieran tan buenos, todo lo contrario, me gustaron mucho. Pero me encanta la idea de enfrentarme a libros que me ofrezcan la posibilidad de descubrir escritoras y posturas desconocidas para mí. Una de los aciertos que más aplaudo de esta compilación es la perspectiva de un feminismo interseccional, las nuevas generaciones nos han recordado la importancia de ser críticas con el movimiento que nosotras mismas defendemos, admitiendo los errores, confrontándonos con nosotras mismas y reconociendo que la violencia no nos afecta a todas de la misma manera. Es un libro muy personal, algunos relatos permiten conocer perspectivas muy individuales de lo que es ser mujer para cada una de ellas.
Les dejo algunas citas que me gustaron: "Ser mujer es haber crecido con la certeza de que nuestro cuerpo alberga las condiciones de posibilidad de experimentar peligro potencial, siempre. Ser mujer es acostumbrarse a este estado de las cosas. Y a veces, ser mujer es hartarse de haberse acostumbrado. Sabemos que nos pueden matar, violar, golpear, abusar... nos hemos amoldado a esa realidad, haciendo todo lo necesario para no exponernos" - Marina Azahua
"Pasarían años para entender que hablaba de amor propio, de amarme incondicionalmente, de amar a mis amistades con profundidad verdadera, más allá de las formas de los cuerpos y los tonos de piel, porque amar es un acto de rebeldía en un mundo que nos educa para contener las pasiones y manipular los sentimientos" - Lydia Cacho
"El segundo problema es que cuando alguien nos señala un privilegio, por ejemplo, el de clase, en lugar de aceptar que tenemos un salario privilegiado nos tiramos al piso a llorar y decir: "pero si yo no soy Carlos Slim". No. Así no funciona, los privilegios se analizar con respecto a ti y quienes están en desventaja y no sobre ti y tu drama de quién tiene más que tú. No, Anasofi, no eres Carlos Slim, pero ganas el triple que el ochenta por ciento de los mexicanos y en experiencias vitales, poder adquisitivo y socialización por clase social te pareces más a Carlos Slim que a la señora que vende semillas afuera del metro" - Dahlia de la Cerda
"¿Por qué debemos pagar un costo, siempre nosotras, por el placer compartido con un hombre?" - Valeria Luiselli
El Tsunami llegó de nuevo. Montado encima del anterior, es una ola gigantesca de emociones y pensamientos. Este volumen me gustó porque se siente mucho más íntimo y a la vez intrépido y valiente, no le pide disculpas a nadie. Como muchas reseñas aquí, mi texto favorito fue el de Dahlia de la Cerda. Es honesto, inteligente, un antidoto ante el moralismo y reduccionismo que se muestra sobre todo en redes sociales.
Las antologías no suelen gustarme porque se sienten desconectadas. En cambio, aquí se siente como un dialogo entre las autoras, las feministas que les han precedido, quienes les están leyendo y quienes continuen escribiendo y dialogando en el futuro. Espero que la comunidad de mujeres en México y Latinoamérica se haga cada vez más grande, más fuerte y más unida. Este es sin duda un paso en la dirección correcta.
terminar éste también me costó muchísimo trabajo. muchos ensayos me parecieron demasiado rebuscados, otros demasiado predecibles y otros francamente ya ni siquiera los recuerdo, porque se componen mucho de frases pre-hechas o que ya están tan repetidas dentro del discurso feminista occidental que ya perdieron el sentido.
de cualquier forma celebro la recopilación de autoras mexicanas y de las voces tan diversas que suenan en este tsunami. me parece valiosísimo que exista este esfuerzo por recopilar múltiples historias y que se celebre la diferencia.
(la verdad me gustó muchísimo más el primer tsunami. ya sé que no se trata de comparar, pero los ensayos del otro me parecieron muchísimo más ricos y complejos que los de acá. no todos obvio, pero creo que como antología el primero es muchísimo más fuerte que éste)
para mí, el ensayo más brillante es el de dahlia de la cerda. otros dos que disfruté mucho fueron el de luiselli (aunque ella como autora no me guste tanto) y el de luna marán. pero dahlia se lleva todo, todo, todo, la furia y la lucidez con las que escribe opacan a las demás autoras por muuuucho.
Cada texto de tsunami, ya sea el de 2018 o este segundo volumen suele ser un tiro de gracia hacia las formas de entender el mundo que se han ido construyendo y evolucionando historicamente desde el marco del patriarcado. Aquéllas con las que creci (mos). Cada texto es una avalancha que sobreviene desde sitios pequeños e imperceptibles que antes eran ciegos... leer a cada mujer que ha participado en estas ediciones ha sido una puerta distinta a realidades plurales que escapan a mi (s) visión (es). No puedo estar más que agradecida por toparme con el primer tsunami en la Sierra Norte de Puebla y desde ahí ir ampliando la mirada y resignificando una y mil veces la palabra feminismo, la palabra grieta, la palabra identidad, la palabra violencia, la palabra esperanza.... En este volumen Dahlia y Brenda me han dejado muda.
Lo que más me gusta de este Tsunami, es que se puede sentir con claridad a las distintas mareas que le conforman. De unas estoy tan lejana, que apenas me mojan los pies. Otras me empapan. También navegué en la ola que le antecede a esta y las diferencias que encuentro entre aquél sumergimiento y el más reciente no están tanto en los textos, sino en lo que yo hago con ellos. En lo que significan para mí. Hay que nadarlo.