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Treinta y Tres Monstruos ¡No!

Treinta y tres monstruos es la primera novela rusa que narra abiertamente un amor lésbico. La acción comienza poco antes de Navidad -lo que supone un desafío de la autora ya desde el principio: un amor pecaminoso en los días más sagrados del año; si bien también un escenario perfecto para el comienzo de la novela, lleno de magia y fantasía-, y termina pasado abril, concluida la Semana Santa. En medio de esas dos fechas religiosas tan significativas, Lidia Zinóvieva-Annibal deja impresas en las páginas de este libro las huellas de su amor con la escritora Margarita Sabashnikova, toda una glorificación de la belleza como objetivo primordial en la vida.

A pesar de ser una obra relativamente breve, Lidia Zinóvieva-Annibal ha sido reconocida por ella como una piedra angular en la literatura rusa, en la Edad de Plata, además de ser considerada la primera escritora rusa abiertamente feminista, capaz de aunar las exigencias del simbolismo ruso con una visión personal y poética en absoluto despegada de la realidad.

La edición se completa con la traducción del prólogo escrito por su marido, Viacheslav Ivánov, en 1907, para la edición póstuma de la novela, y con una recopilación de relatos no publicados de la autora y otros aparecidos en revistas y periódicos bajo el título de ¡No! once años después de la muerte de Zinóvieva.

160 pages, Paperback

Published January 1, 2020

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About the author

Lydia Zinovieva-Annibal

9 books8 followers
Lydia Dmitrievna Zinovieva-Annibal (Russian: Лидия Дмитриевна Зиновьева-Аннибал) (1866–1907) was a Russian prose writer and dramatist.

Zinovieva-Annibal was associated with the Silver Age of Russian Poetry. She hosted a literary salon, 'The Tower', with her husband, the poet Viacheslav Ivanov. Her short novel Tridsat'-tri uroda (Thirty-Three Abominations) was one of the few works of its day to openly discuss lesbianism.

(from Wikipedia)

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2 stars
9 (14%)
1 star
3 (4%)
Displaying 1 - 15 of 15 reviews
Profile Image for Elisa.
71 reviews8 followers
October 1, 2024
TL;DR: leed la primera historia (la de las lesbianas), saltad a la última y luego cerrad el libro.

Pensaba que toda la novela sería la historia de las dos lesbianas, pero no. Resulta que es una colección de relatos a cada cual más místico. Creo que habría entendido más si hubiese leído este libro metida hasta las cejas. No me malinterpretéis, me gusta la literatura rusa y su absurdismo, pero es que este libro es otro nivel. Había partes en las que genuinamente no entendía nada de lo que estaba pasando, ni quién estaba hablando

La primera historia es la que más sentido tiene de todas y luego la última es básicamente un poema prosado, así que está bien. Lo del medio (especialmente el relato de La Cabeza de Medusa) es absolutamente infumable. Aprecio lo bien escrito que está en el sentido de que usa expresiones muy simbolistas y elegantes, pero usar palabras bonitas no sirve de mucho si el lector no entiende el mensaje que intentan transmitir.

Honestamente, no sé muy bien cómo sentirme al respecto de este libro. Creo que me llevará varios días digerirlo.
Profile Image for Anapaula.
73 reviews9 followers
August 8, 2022
Es un buen ejemplo de simbolismo ruso y el tema es subversivo para su contexto. Es un texto relevante principalmente por el tema, pero no me encantó la manera en que está escrito. Filosóficamente neoplatónico.
Profile Image for Paula B.
35 reviews5 followers
August 18, 2026
He disfrutado bastante de Treinta y tres monstruos, de Lidia Zinóvieva-Ánnibal, aunque creo que en este caso mi interés por la obra procede tanto de lo que me ha ofrecido propiamente como lectura como de la importancia histórica y literaria que tiene.

Al fin y al cabo, estamos ante una obra publicada en 1907 y generalmente considerada la primera de la literatura rusa que representa abiertamente una relación amorosa entre dos mujeres, algo que me parece especialmente valioso teniendo en cuenta el contexto en el que fue escrita y publicada y que permite además situarla dentro de una genealogía de literatura lésbica rusa que posteriormente continuaría, entre otras autoras, Sofía Parnok. Precisamente por eso me parece importante no valorar Treinta y tres monstruos únicamente como una curiosidad histórica ni reducir su interés al hecho de ser una obra pionera, porque creo que a nivel estético y simbólico plantea cuestiones muchísimo más interesantes sobre la belleza, la representación artística, el deseo, la identidad y la imposibilidad de preservar aquello que necesariamente está condenado a cambiar.

Una de las conexiones que más claramente he visto durante la lectura ha sido con El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde. Evidentemente no pretendo establecer con ello una relación intertextual directa ni afirmar necesariamente que Zinóvieva-Ánnibal estuviera dialogando conscientemente con Wilde, pero como lectora me ha resultado prácticamente imposible no relacionar ambas obras. Las separan poco más de quince años y contextos geográficos y sociales diferentes, pero las dos comparten, a mi parecer, una preocupación muy clara por la relación entre realidad y representación y, sobre todo, por el deseo de utilizar el arte para enfrentarse al deterioro inevitable de la belleza. También encuentro en ambas una sensibilidad claramente vinculada con el esteticismo y con la idea del arte por el arte, o al menos con una concepción de la belleza que amenaza constantemente con situarse por encima de cualquier consideración moral. En El retrato de Dorian Gray, la belleza termina convirtiéndose prácticamente en una religión para Dorian y Lord Henry, mientras que en Treinta y tres monstruos Vera parece igualmente incapaz de aceptar que la belleza de su amada pertenezca al mundo de lo temporal y, por tanto, esté inevitablemente condenada a desaparecer. Me parece especialmente curioso, además, que ambas sean obras queer que generaron escándalo y problemas de censura, aunque dentro de sistemas políticos y culturales diferentes, lo que demuestra hasta qué punto el esteticismo, la sexualidad y la supuesta inmoralidad podían quedar fácilmente relacionados en el imaginario de principios del siglo XX.

Sin embargo, creo que precisamente donde Treinta y tres monstruos resulta más interesante es en cómo transforma el motivo del retrato. En Wilde existe un único retrato y ese retrato termina adquiriendo unas implicaciones morales y sobrenaturales muy concretas: mientras Dorian conserva físicamente su juventud y su belleza, la pintura registra aquello que su cuerpo se niega a mostrar, es decir, el paso del tiempo, la corrupción y el deterioro moral. En la obra de Zinóvieva-Ánnibal, en cambio, no existe un único retrato, sino treinta y tres, y precisamente esa multiplicación me parece fundamental. Vera quiere preservar la belleza de su amada y parece creer que el arte puede rescatarla del tiempo, pero el experimento acaba demostrando exactamente lo contrario de aquello que pretendía demostrar. En lugar de obtener treinta y tres reproducciones de una misma belleza esencial y objetiva, recibe treinta y tres interpretaciones diferentes. El arte, por tanto, fracasa como herramienta para fijar una realidad inmutable porque cada representación está inevitablemente contaminada, o quizá sería mejor decir enriquecida, por la subjetividad de quien representa.

Esto me parece una de las ideas más interesantes de toda la obra, porque supone reconocer que nunca podemos separar por completo al artista de aquello que crea. Toda obra contiene de alguna manera la mirada de quien la produce. En El retrato de Dorian Gray podemos reconocer la mirada de Basil Hallward sobre Dorian, hasta el punto de que el propio retrato dice tanto del deseo, la admiración y la sensibilidad de Basil como del joven al que supuestamente representa. Dorian es su musa, pero aquello que vemos está necesariamente mediado por el artista. En Treinta y tres monstruos este problema se multiplica por treinta y tres. Cada artista recibe aparentemente el mismo objeto, el cuerpo y el rostro de la protagonista, pero ninguno produce realmente la misma mujer porque cada uno está representando también su propia concepción de la belleza. En ese sentido, los treinta y tres retratos terminan siendo menos una colección de imágenes de una misma mujer que treinta y tres encuentros entre esa mujer y treinta y tres subjetividades artísticas distintas.

Precisamente aquí encuentro una contradicción muy interesante en Vera. Ella quiere inmortalizar a su amada, pero decide hacerlo a través de la mirada de otras personas. Y esto hace que, paradójicamente, Vera sea la gran ausente de los retratos que ella misma encarga. Ninguna de esas imágenes representa realmente a la mujer tal y como Vera la ama o la contempla, porque Vera no es quien las pinta. Lo que encontramos son treinta y tres versiones de la protagonista atravesadas por treinta y tres miradas diferentes, pero nunca la mirada de la propia amante. Me parece especialmente significativo porque Vera intenta apropiarse de la belleza de su amada y conservarla para siempre y, sin embargo, en el mismo momento en el que entrega su cuerpo a la representación de los demás pierde precisamente el control sobre el significado de esa belleza. Quiere convertirla en una obra de arte definitiva, pero acaba demostrando involuntariamente que no existe una representación definitiva.

Creo que aquí también puede hacerse una lectura interesante en relación con la propia condición de la protagonista como musa. Ella se convierte en un objeto sobre el que los demás proyectan diferentes concepciones estéticas y, de hecho, el episodio de los treinta y tres pintores tiene algo profundamente incómodo precisamente porque la transformación de la mujer en obra de arte implica también su transformación en objeto de la mirada. La aspiración de Vera a inmortalizarla aparentemente parte del amor y de la fascinación, pero acaba exigiendo que el cuerpo de su amada sea expuesto, contemplado, interpretado y prácticamente repartido entre las miradas de treinta y tres hombres. La belleza que Vera quería preservar deja así de pertenecer exclusivamente a la relación entre ambas y pasa a convertirse en un objeto público. Esto permite problematizar incluso hasta qué punto el esteticismo de Vera constituye realmente una forma de amor o hasta qué punto termina convirtiéndose en una forma de posesión. Ama a esa mujer, evidentemente, pero ama también aquello que representa para ella como objeto bello, y cuando descubre que la belleza no puede fijarse de acuerdo con su propia percepción, toda su concepción de la relación comienza a derrumbarse.

También me ha resultado especialmente interesante que la protagonista nunca reciba un nombre. Vera sí lo tiene y, además, su nombre significa “fe” en ruso, algo que creo que adquiere una dimensión bastante sugerente teniendo en cuenta la fe casi religiosa que deposita en el arte y en su capacidad para vencer al tiempo. Su amada, en cambio, permanece anónima durante toda la obra. Como asociación crítica personal, esto me ha hecho pensar inevitablemente en Frankenstein, de Mary Shelley, donde la criatura tampoco recibe nunca un nombre propio y termina siendo conocida precisamente por el nombre de su creador. Evidentemente las circunstancias no son equivalentes, pero en ambos casos me interesa la relación entre creación, identidad y nominación. Aquello que carece de nombre parece quedar en una posición ontológicamente inestable, como si no terminara de adquirir una identidad completamente independiente de la persona que lo define o lo contempla. En 33 monstruos, la protagonista existe para nosotros fundamentalmente a través de su relación con Vera, de su belleza y posteriormente de las múltiples representaciones que los pintores producen de ella. Resulta significativo que precisamente aquella que va a ser multiplicada treinta y tres veces mediante imágenes carezca de la forma más básica de identificación lingüística: un nombre.

Esto me ha llevado también a pensar, desde una perspectiva que por supuesto es posterior a la obra y que pertenece exclusivamente a mi lectura contemporánea, en Judith Butler y en la importancia del reconocimiento para la constitución social del sujeto. No diría evidentemente que la novela “aplica” una teoría que se formularía muchas décadas después, pero sí creo que permite preguntarse hasta qué punto un sujeto que siempre está siendo definido por las miradas ajenas consigue realmente constituirse como sujeto autónomo. La protagonista es la amante de Vera, la musa de Vera, la modelo de los treinta y tres artistas y el objeto sobre el que se desarrolla todo el experimento estético, pero su propia identidad parece constantemente desplazada por aquello que los demás ven en ella. Paradójicamente, cuanto más se intenta representarla, menos posible parece determinar quién es realmente. Treinta y tres imágenes no producen una identidad más precisa, sino treinta y tres versiones distintas de una persona cuya esencia termina siendo todavía más imposible de capturar.

También creo que esta obsesión por preservar la belleza tiene una dimensión claramente gótica. Lo verdaderamente transgresor no consiste únicamente en la relación entre dos mujeres, sino también en la negativa de Vera a aceptar una de las condiciones más esenciales de la existencia humana: la temporalidad y, en última instancia, la mortalidad. La belleza de su amada le resulta insoportable precisamente porque sabe que va a desaparecer. El deseo de representarla es, por tanto, también un deseo de detener el tiempo. Aquí vuelve a resultar inevitable la comparación con El retrato de Dorian Gray: tanto Dorian como Vera quieren, de maneras diferentes, separar la belleza del proceso natural de decadencia que acompaña al cuerpo humano. En ambos casos el proyecto fracasa porque la belleza que pretende escapar del tiempo termina generando destrucción. El arte promete una determinada forma de inmortalidad, pero esa inmortalidad no puede sustituir a la persona real.

En este sentido, creo que los treinta y tres retratos pueden leerse incluso como treinta y tres pequeños memento mori. Vera los encarga precisamente para negar la desaparición de la belleza, pero el resultado termina recordándole que esa belleza nunca ha sido estable ni objetiva. Si treinta y tres artistas contemplan a la misma mujer y producen treinta y tres mujeres diferentes, entonces ni siquiera existe esa esencia estética única que Vera pretendía conservar. Su fracaso no consiste únicamente en descubrir que el arte no puede detener el envejecimiento, sino en comprender que probablemente tampoco exista una única belleza que pueda ser fijada para siempre.

Como asociación mucho más contemporánea, todo esto me ha recordado también muchísimo a Retrato de una mujer en llamas, de Céline Sciamma. Evidentemente aquí tampoco hablaría de una intertextualidad en sentido estricto entre las dos obras, sino de una conexión que yo he establecido como lectora, pero me parece especialmente interesante porque en ambas historias existe una relación sáfica en la que el retrato y la mirada desempeñan un papel fundamental. Sin embargo, creo que funcionan casi de manera inversa. En la película de Sciamma, la pintura nace precisamente de la intimidad entre la artista y la mujer representada, y la mirada adquiere progresivamente una dimensión recíproca: no solo Marianne observa a Héloïse, sino que Héloïse también observa a Marianne y participa en cierta medida de su propia representación. En 33 monstruos, por el contrario, Vera entrega a su amada a treinta y tres miradas ajenas. Quizá precisamente por eso el proyecto fracasa de una manera tan radical: quiere preservar aquello que ama, pero renuncia a la única mirada que podría representar específicamente la forma en que ella la ama, que sería la suya propia.

También he pensado en Al faro, de Virginia Woolf, especialmente en Lily Briscoe y en la pintura en la que trabaja durante años y que gira fundamentalmente alrededor de la figura de Mrs Ramsay. Evidentemente, aquí entramos ya en una lectura queer de la novela y no en algo que Woolf explicite de manera inequívoca, pero siempre me ha parecido muy sugerente interpretar la dificultad de Lily para terminar y mostrar su cuadro como algo relacionado no solo con su inseguridad como mujer artista, sino también con aquello que la propia pintura puede revelar sobre ella. Si el retrato contiene necesariamente la mirada de quien pinta, entonces representar a Mrs Ramsay significa también dejar inscrita en la obra la fascinación que Lily siente hacia ella y, posiblemente, una forma de deseo que no puede o no quiere verbalizar abiertamente. En ese sentido, el cuadro no mostraría únicamente a la mujer representada, sino también a Lily como sujeto deseante. Creo que esto conecta de manera especialmente interesante con 33 monstruos, porque vuelve a aparecer la idea de que el artista nunca puede desaparecer por completo detrás de aquello que representa. Vera pretende obtener imágenes objetivas de su amada recurriendo a treinta y tres pintores distintos, cuando precisamente cada uno de esos retratos contiene también algo de quien lo ha producido. Lily, en cambio, parece ser perfectamente consciente, aunque sea de manera intuitiva, de que pintar a otra persona implica también exponerse una misma. Por eso su resistencia a enseñar el cuadro puede leerse no solo como el temor de una mujer artista ante el juicio externo, sino también como el miedo a que la representación revele una intimidad que el lenguaje mantiene oculta. Me parece especialmente sugerente que, tanto en Woolf como en Zinóvieva-Ánnibal, el deseo entre mujeres pueda desplazarse hacia el terreno de la estética: aquello que quizá no puede decirse directamente encuentra una forma de existencia en la imagen, pero precisamente por ello la pintura se convierte también en un espacio peligroso de revelación.

Esta diferencia me parece muy bonita porque permite distinguir entre representar a una persona y representar nuestra relación con esa persona. Vera parece querer que los pintores descubran una belleza universal que ella cree haber encontrado, mientras que una obra como la de Sciamma sugiere, más de un siglo después, que un retrato puede tener valor precisamente porque contiene la historia concreta de una mirada. En ese sentido, los treinta y tres artistas fracasan para Vera no necesariamente porque sean malos artistas, sino porque hacen exactamente aquello que un artista inevitablemente hace: interpretar. Cada uno pinta a su propia musa utilizando el cuerpo de la protagonista.

También me parece muy significativo que Vera se llame precisamente Vera, “fe”, porque toda la obra puede leerse prácticamente como la destrucción progresiva de una fe estética. Vera deposita su fe en la belleza, después en el arte como herramienta para preservarla y finalmente en la posibilidad de que múltiples artistas puedan confirmar aquello que ella considera una verdad objetiva. Los retratos destruyen esa certeza. Lo que descubre es que la belleza depende de la mirada y que aquello que ella concebía como una esencia puede descomponerse en treinta y tres interpretaciones distintas. Su posterior derrumbe psicológico y su suicidio pueden entenderse entonces no solo como consecuencia de un amor destructivo, sino también como el fracaso absoluto de la filosofía estética sobre la que había construido su relación con el mundo.

Precisamente por eso, aunque no me ha gustado que la obra termine nuevamente recurriendo a un desenlace trágico para una relación entre mujeres, tampoco creo que pueda reducirse este final simplemente al tópico posterior del bury your gays. Evidentemente, leído desde la historia de la literatura lésbica, resulta inevitable sentir cierto cansancio ante otra relación entre mujeres condenada a terminar en destrucción y muerte, especialmente teniendo en cuenta la enorme cantidad de obras posteriores en las que el deseo lésbico ha sido castigado narrativamente mediante suicidios, enfermedades, matrimonios heterosexuales o separaciones. Sin embargo, en una obra de 1907 creo que también es necesario atender a la función concreta que cumple la muerte de Vera dentro de la lógica estética del relato. Su suicidio no parece proceder exclusivamente del hecho de amar a otra mujer, sino del fracaso de todo su proyecto de belleza, posesión e inmortalidad. En ese sentido, el final sigue resultándome frustrante como lectora de literatura lésbica, pero me parece más complejo que un simple castigo moral por la homosexualidad.

De hecho, creo que una de las mayores virtudes de 33 monstruos es precisamente que la relación entre mujeres no necesita agotar toda la interpretación de la obra. Su importancia histórica como una de las primeras representaciones abiertas del amor lésbico en la literatura rusa es indiscutible, pero sería injusto valorar la novela exclusivamente por ello.

La gran ironía de los treinta y tres retratos es que Vera quiere multiplicar la imagen de su amada para hacerla inmortal y lo que consigue es multiplicar las pruebas de que nunca podrá poseer una versión definitiva de ella. Cuanto más intenta fijarla, más se le escapa.

En definitiva, 33 monstruos me ha parecido una obra muy interesante, no solo por su evidente valor como hito dentro de la historia de la literatura lésbica rusa, sino porque detrás de una trama relativamente breve existe una reflexión estética y moral muchísimo más compleja de lo que inicialmente esperaba. No me ha gustado especialmente su desenlace trágico y, como lectora contemporánea de literatura lésbica, me resulta inevitable lamentar que otra relación entre mujeres termine vinculada a la destrucción y la muerte. Pero al mismo tiempo creo que sería injusto pedirle a una obra escrita en 1907 que resolviera todos los problemas de representación que la literatura lésbica arrastraría durante el siglo posterior. Prefiero quedarme con la valentía que supuso colocar una relación entre dos mujeres en el centro de una obra y, sobre todo, con el hecho de que esa relación no exista simplemente como provocación, sino como punto de partida para reflexionar sobre el arte, la belleza, el cuerpo, el deseo y la mortalidad. En ese sentido, creo que 33 monstruos merece ser recordada no únicamente porque fuera una obra pionera, sino porque, más de un siglo después, sigue siendo una obra que ofrece muchísimo sobre lo que pensar.
Profile Image for Lectora Ecléctica.
232 reviews3 followers
July 26, 2024
Conocida como la primera novela rusa que narra el amor lésbico en todo su esplendor. Para la época suponía todo un escándalo a tal punto que una vez fue publicada en 1907 fue censurada, pero sin encontrarse rastros de inmoralidad fue puesta nuevamente en circulación.
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La historia comienza cuando una joven que escribe en un diario nos cuenta cómo deja su familia de la alta sociedad por seguir a su amor; una actriz mayor muy reconocida llamada Vera que transformará su mundo y con quien comenzará a vivir la vida de una forma opuesta a cómo fue criada. De esta historia solo conoceremos su versión y aunque inicialmente se encuentran en un idilio de amor, tendremos el recuento fragmentado de los hechos que las acompañaron. En el diario, la protagonista se puede ver como una mujer con sueños y esperanzas que nos da la impresión de que empieza a madurar frente a la visión del amor y las expectativas de su relación.
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Hay que destacar que de principio a fin está escrito con muchos simbolismos, desde la fecha de navidad en la que comienza, finalizando en abril para las fechas de semana santa. Como bien sabemos para entonces se demarcaban como los días más sagrados, así como el nombre de Vera cuya traducción es Fe.
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La escritora al igual que sus personajes era una mujer adelantada a su época; de alta sociedad, tuvo varios matrimonios pero aquel que se ajustó más fue con un hombre que al igual que ella era bisexual y con quien compartía una visión del amor con quien pretendía reformular el concepto en sus obras. Lastimosamente muere muy joven y para este momento su esposo de 57 se “enamora” de la hija de 25 años con quien se casa, tienen un hijo y muere a la edad de 32 años. 🤯
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La historia de treinta y tres monstruos se encuentra basada en el romance que sostuvo con otra escritora y deja plasmado todo el romance en esta obra. ❤️‍🔥 Recomendada y es bastante corta para leerla en una sentada.

Instagram @lectora_eclectica

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Profile Image for Klissia.
858 reviews12 followers
Read
March 15, 2023
"Eran treinta y tres monstruos. Treinta y tres monstruos. Y todos eram yo.Y ninguno era yo."

Obra simbolista de uma escritora russa da era de prata,pioneira em escrever umas das primeiras obras com tema safico na literatura produzida na Rússia. Um amor trágico ,consumido pela arte&beleza ,contado de forma poético e melancólico. Lembrou- me o estilo do "maluquinho" Mário Sá de Carneiro e sua ojeriza a realidade e convenções sociais, em especial na sua obra "Loucura" .
Quero ler mais escritoras russas.
Profile Image for Ana.
260 reviews
May 13, 2021
"Aquí he copiado de nuevo sus palabras, pero ahora algunas mías quieren brotar. Las escribo a través de las lágrimas.
La vida es frágil y cambiante como aquel arroyo de Vera, como sus caricias, como mi voluptuosidad. La vida es real, y Vera no quería aceptarlo."
Profile Image for Lusia.
82 reviews2 followers
March 14, 2023
Me ha gustado más treinta y tres monstruos que el resto de relatos, pero creo que es interesante leer a la primera persona en rusia que escribe literatura safica.
Profile Image for Maia L. .
215 reviews
May 20, 2025
'Vera me crea. Pienso que soy hermosa porque ella me mira.'

'Los reyes caminan por la vida como por un jardín. Los reyes no protestan. No necesitan protestar. Por eso parecen sumisos.'

'Lo importante es la libertad. Yo soy libre porque cuando dejé de estar callado, muy callado, y de ser amable y paciente y de creer en el milagro de la transfiguración, me convertí en todo esto y mucho mas. (...) Y cuando odié todo aquello, al momento comprendí que el odio tiene sus propias alas, unas alas mas poderosas que las del amor, y que su vuelo es corrosivo, ardiente y certero. Entonces maté. Maté y me convertí en una persona libre y nueva.'

'Tu ciego amor no ve a quién ama ni es consciente de ser sumiso ni de invocar a ese amo invisible para él. Por el día de la vida tu amor está ciego, pero por la noche acecha con ojos tenaces. Una noche propicia para las transfiguraciones milagrosas. Tu amor quiere reemplazar a la vida terrenal. Tu inmenso amor no es más que una traición. Una traición. Y no es lo suficientemente fuerte para sobrevivir a la vida. Tu amor y tu deseáis levantar la tierra y arrojarla a los cielos. Pero el odio feroz es más adecuado para las alas humanas y para la muerte. Es más fácil el enfrentamiento que iluminar la oscuridad del mal con una nueva vida.'

'Pero no me siento orgulloso de mi inteligencia. Yo sólo me siento orgulloso de mi libertad.'

'Pero el corazón de los humanos no ama plenamente y el agua se congela sobre la tierra y la gente llora sobre las tumbas, y quienes viven devoran la vida gracias a otros que también viven y ¡toda la tierra gime!'

'Lo maté para traspasar los límites y no tener que aceptar nunca más ni la sumisión terrenal, ni el orden, ni la obediencia celestial a lo Imposible; pero también para derramar mi odio hasta conseguir que la anarquía reine sobre la tierra…'

'Y el deseo presiona contra ese sueño como las contracciones del parto, como las convulsiones de la muerte. Pensé que toda la naturaleza estaba sumida en un profundo sueño. Y sentí pánico. Todos los seres se aman profundamente a sí mismos, pero devoran con crueldad a los demás. Instintiva surge y explota la vida. Y lo que viene se va. Y lo que se ama profundamente se olvida cuando muere. Lo vi muy claro: el mundo entero, y el ser humano con él, como embrujado, y todo lo que vive ha firmado un pacto con los hechizos del sueño profundo.'

'Pero mi memoria no es eterna, y mi amor, por culpa de mi imperfección, produce lástima. Aspiro a la eternidad y a la dicha.'

'(...) no es posible amar el cuerpo de una persona y olvidar su alma sin ser castigado.'

Profile Image for Amandix_exe.
32 reviews
August 3, 2026
¿En qué tenía razón y de qué fue culpable esta ménade misándrica, esta verdadera sacerdotisa y víctima sacrificial del dios del éxtasis y de las máscaras trágicas?

"(...) no es posible amar el cuerpo de una persona y olvidar su alma sin ser castigado."

"Pienso que soy hermosa porque ella me mira."

"¡El fruto de sus labios es carnoso y tierno, pero su sonrisa es implacable y cálida! Y como el zumo escarlata de una granada abierta, la sangre corre bajo su fina piel. La muerte y la vida se encuentran en el jugo alcohólico del rosado fruto de sus húmedos labios."

"Yo corría de un lienzo a otro por todo el estudio. En todos los lugares desde los que me rodearon para pintarme me veía a mí misma.(...) Eran otras. No yo. Otra. Otra. Otra. Sencillamente otra. No era mi belleza. La que pertenece a Vera. Eran treinta y tres monstruos. Treinta y tres monstruos. Y todos eran yo. Y ninguno era yo."

"Es horrible. Ustedes no saben qué horrible es este dolor interminable… Pero ¿dónde? ¿Dónde me duele? ¿Dónde?"

"Me asusta que en cuanto algo mejora, nos aburre tanto que ¡hasta pensamos en el suicidio! Entonces comenzamos a estropearlo todo de nuevo y durante mucho tiempo destruimos con alegría."

Psicalgia: Dolor habitualmente en la cabeza y percibido como de origen emocional, que puede acompañar a ideas intolerables, obsesiones o alucinaciones.
This entire review has been hidden because of spoilers.
Profile Image for milii.
30 reviews
July 10, 2026
3.5 ★
En líneas generales me gustó, principalmente "Treinta y tres monstruos" pero tambien la última historia de "¡No!". Igual creo que no hay punto de comparación con la primera historia ya que toda la selección de cuentos cortos fueron publicados de manera póstuma...

No creo que sea una lectura fácil pero vale la pena para poder tener una referente del simbolismo ruso de la edad de plata (además de que la autora tuvo una vida interesantísima!!)


Puntuación particular:

Treina y tres monstruos: ★★★★

¡No!
Lapiz Rojo: ★★★
Al otro lado de las rejas: ★★★
"Nadie comprende esto salvo yo, nadie comprende el éxtasis que produce morir tras haber matado." ┆ this is giving crimen y castigo
La gata: ★★½
Electricidad: ★★
La cabeza de medusa: ★★★½ (esto es tan Henry y Dorian coded)
Londres: ★★★★ "Pero llegará el día en el que será más fácil desechar el cuerpo agotado e incluso insuflarle de nuevo vida. Entonces oirá otros gemidos, como los lamentos de los ofendidos por el ciego economista sin moral. Y otros más inexorables incluso." ┆ un twink bisexual q se queja de la modernidad mientras se enamora de un fantasma no binarie
Pascua: ★★★½
Profile Image for Mica.
24 reviews
January 8, 2026
Confundida es cómo me siento. Quizás lo que me falta es comprender un poco más cuál es la magia que engloba a la literatura rusa (es la primera vez que leo algo así)
Por momentos sentía que leía con niebla en el medio a la recopilación de No! porque tiene una escritura un poco... extraña, pero no puedo negar que la novela y un que otro relato me gustó
Profile Image for Berta Primaveras.
137 reviews7 followers
January 5, 2021
Bien escrito y revolucionario para la época y el país de Rusia, pero me cuesta mucho leer novelas de amores tóxicos, aún así me ha gustado y lo recomiendo
Profile Image for Cassandra Ceniza.
1 review12 followers
August 30, 2021
La trama me quedó debiendo un poco, sin embargo, está escrita de una manera muy bella y por eso disfruté de leerlo.
Profile Image for Bah Becerra.
33 reviews1 follower
March 18, 2023
Treinta y tres monstruos es una historia increíble. Con un cierre fabuloso impactante.
Displaying 1 - 15 of 15 reviews