Vestida con una bata blanca y con un fonendoscopio colgado del cuello, la muerte recorre cada noche las habitaciones de la Residencia de Mayores Peña Hincada para auscultar a las internas, tomarles el pulso y decidir a quién le tocará hoy y a quién mañana. ¿A la Socorro, a la Millones, a la Académica? ¿A la Ciempiés, a la Enterradora, al Alma en pena? ¿O quizá a la Aparición? No hay grandes distracciones en el centro, las ancianas casi no reciben visitas y el tiempo que les queda se les va en rumiar sus obsesiones, sus secretos, las vidas reales o imaginarias que dejaron atrás. En Hasta aquí hemos llegado Antonio Fontana ha compuesto una suerte de moderno Decamerón sobre la vejez, su falta de pudor, su incorrección y, sobre todo, su humor negro. Una visión tan sutil como insólita y divertida de la ancianidad a través de un conjunto de voces perfectamente caracterizadas que rompen con los estereotipos y dan una perspectiva compleja, dinámica y tragicómica de la última etapa vital.
Nos encontramos con una de estas instituciones donde las personas adultas mayores son ubicadas para vivir sus últimos años. Desde ahí, la idea me impacta, espero poder llegar a esas edades sin necesidad de requerir los cuidados de tal lugar y sin que mi familia se vea comprometida en exceso en tiempo y atención.
En fin, la novela relata las vivencias de diferentes personajes, de cómo vivieron y cómo llegaron a la Residencia de Mayores Peña Hincada. Se presenta en todos los casos la tristeza de llegar a la época dorada añorando o sufriendo tiempos idos, en compañía de gente con la que no se sienten identificadas, a pesar de las coincidencias de la vida, y lejos de la familia. Aunque también, combina fácilmente algo de picardía e ironía de la vida, otorgando sobrenombres pintorescos a las bellas damas que ahí habitan, según su personalidad o forma de actuar, tal como la Aparición, la Académica, o mi preferida, la Millones.
Una obra sencilla y adecuada para pasar el rato y reflexionar sobre el futuro o el presente.
A pesar que la primera vez lo deje por el nivel abandono que notaba en las historias que iba leyendo puedo decir que valio la pena darle una segunda oportunidad.
Agradablemente sorprendida por esta lectura que he disfrutado de principio a fin. Divertida, irónica en ocasiones, con cucharadita de tristeza y una buena ración de incómoda realidad.
"Por mucho que hoy las ciencias adelanten que es una barbaridad, lo que han conseguido alargarnos es la vejez, no la vida." "—Cría cuervos y tendrás muchos, me cago en la puta." :D
Vestida con una bata blanca y con un fonendoscopio colgado del cuello, la muerte recorre cada noche las habitaciones de la Residencia de Mayores Peña Hincada para auscultar a las internas, tomarles el pulso y decidir a quién le tocará hoy y a quién mañana. ¿A la Socorro, a la Millones, a la Académica? ¿A la Ciempiés, a la Enterradora, al Alma en pena? ¿O quizá a la Aparición? No hay grandes distracciones en el centro, las ancianas casi no reciben visitas y el tiempo que les queda se les va en rumiar sus obsesiones, sus secretos, las vidas reales o imaginarias que dejaron atrás. En Hasta aquí hemos llegado Antonio Fontana ha compuesto una suerte de moderno Decamerón sobre la vejez, su falta de pudor, su incorrección y, sobre todo, su humor negro. Una visión tan sutil como insólita y divertida de la ancianidad a través de un conjunto de voces perfectamente caracterizadas que rompen con los estereotipos y dan una perspectiva compleja, dinámica y tragicómica de la última etapa vital.
La prosa de Antonio Fontana es una revelación para mí. Es cristalina, precisa. Los ríos del discurso se revuelven en remolinos que no se confunden. Se superponen, pero no se mezclan. Se apeñuscan, pero no pierden su independencia. Ráfagas de imágenes totalmente logradas, que recrean las vidas de varias mujeres que vivieron durante el siglo XX y fueron a terminar en Peña Hincada, la residencia de señoritas que al final de sus vidas las acogió. Me caló profundamente la historia de cada una de estas mujeres, la descripción tan precisa de sus pésimos maridos -tan buenos hombres, casi todos, los que engendró el siglo de nuestros padres, tan distraídos, tan ensimismados, tan negados para la comprensión y tan hábiles para el abandono y la guerra-, de sus historias familiares, sus ocupaciones hogareñas, sus amores furtivos. Es una gran novela.
"...ya se sabe que, cuando eres joven, la cabeza no te funciona bien y te da por pensar tonterías; por ejemplo, que el amor es eterno." p.45 "Aquella noche me di cuenta de que hay algo muchísimo peor que vislumbrar el futuro: la maldición de conocer el pasado."p.122 "Otros tiempos, por supuesto que eran otros tiempos.Cuando la vida no era la vida, sino un proyecto de vida, y todo estaba por estrenar."p143 "Todos olvidamos lo que nos interesa, recordamos lo que podemos, y el resto nos lo inventamos."p.168
El libro reune las voces de varias mujeres que viven en el ancianato Peña Hincada. Cada relato, narrado en primera persona, va rememorando varias cosas de su vida: el marido que nunca las quiso y fue engañado, los hijos ingratos, la incredulidad del personal médico frente al dolor y achaques de la vejez, la pérdida de cosas (o tal vez que a uno le roban cosas cuando viejo).
Muy bien escrito, con un estilo ágil y un particular uso de los diálogos (y de los monólogos). Engancha, resulta divertido pero no va más allá del entretenimiento (que no es poca cosa tampoco).