Abrigo está escrito al amparo de la lectura de los textos más íntimos de Katherine Mansfield: sus Diarios y Cartas. En las cinco series de poemas breves que componen este libro hay cierta complicidad en la observación y un tono confesional que actúan para figurar, con matiz a la vez distanciado y próximo, una manera de percibirse percibiendo el mundo.