«Conseguir el código o la clave. Escucha la sierra de los dientes el chasquido de las estrellas todo lo que es inevitable escúchalo simultáneamente».
Cada uno de los versos de Laura Liuzzi surgen de la contemplación, de borrar el límite entre el yo poético y el entorno. Su lectura nos guía a través de imágenes, momentos y sensaciones que invitan a un constante descubrimiento, a un mundo en el que el paisaje se acomoda al pensamiento y surge desde allí, veloz, fragmentado, garabateado. En esta antología, que incluye poemas de Talón (2010), Desajuste (2014), cosas (2016) y algunos poemas dispersos, las cosas no dejan de ser también lo que son, así las metaforicemos. Encanto de la poesía. Encanto del mundo.
En la poesía de Liuzzi los objetos revelan ser sombra de los objetos. Dentro de la cueva donde resuenan sus poemas sabemos que las sombras son sombras, pero jugamos al teatro y nos permitimos calmar con agua de sombra nuestra sed de sombra, prometemos eternidades de sombra a nuestra angustia de sombra, sentimos la piedra de sombra en nuestra piel de sombra. La poética de Liuzzi habita lo cotidiano sin evadir su naturaleza etérea, se pregunta sobre el desayuno sin esquivar la certeza de la muerte, se trenza entre los márgenes de lo inmanente y lo trascendente como si fuera tan fácil.
Me entusiasma este primer título en la colección Nonada de Ediciones Vestigio. Me entusiasma porque si ya con Puro Passaro nos habían abierto la puerta a poetas contemporáneos portugueses, aquí están abriendo otra a esa otra voz en portugués que son los poetas brasileros. Me entusiasma además porque debutar con una autora como Laura Liuzzi, cuya escritura está sobre el límite doméstico de lo hermético, me parece da buena cuenta de los derroteros que tomarán el resto de títulos de la colección: una búsqueda que sea capaz de colegir la voz del presente a través de los contrastes entre la sencillez que ha sido mandato en los últimos veinte años y la tradición barroca de la que incluso al ultraísmo le fue imposible sustraerse. Me gusta esta apuesta, creo que allí puede haber un agua nueva, que bien necesaria resulta.
Destaco poemas como “Paisaje, paisaje”, como “Instante antes del sueño”. “Para desaparecer” es un manifiesto con fuerza no sólo poética sino filosófica (que son lo mismo, ya sabemos). Y les dejo este, “preámbulo”, al que seguro regresaré más de una vez:
preámbulo
percibe los objetos con cariño despójate de ese automatismo despierta como quien nace mañana sube la cortina tras levantar los párpados lava bien los ojos lava bien los lentes calienta las manos con las manos olvida lo que falta en la nevera en el armario en el análisis en la matemática
un vaso de agua un vaso sin agua un cuerpo una vuelta en el espacio
un cuerpo una biografía un cuerpo una travesía olvida todas las palabras sobre ti solo la materia compleja e inacabada sobre ti solo el silencio y este falso distanciamiento: los objetos también perciben.
«Laura observa el mundo de afuera y al tiempo se mete toda en él, sabe que vivir es peligroso pero que no se puede hacer nada al respecto, que es incluso mejor vestirse de camuflado e infiltrarse en la batalla, que es mejor unirse a la orquesta porque dentro de ella se la ve pasar perfectamente (…) Laura parece saber bastante bien que, a fin de cuentas, lo que nos salva es el paisaje, lo que nos salva son los otros, lo que nos salva es el tiempo que corre mucho más rápido que nosotros y que, en realidad, seguirá corriendo aún cuando ya no estemos aquí».
Extraordinario. Todo el libro es una fascinación desde el libro como objeto, los colores de las hojas para marcar los capítulos, una portada cautivante, el detalle de la traducción en portugués... Pero, y más importante, son unos poemas bellísimos y cautivantes. Te seducen con una bellísima sonoridad y las bellezas de las ideas.