Winter llega a la pequeña población de Glastcick Hills para vengar la muerte de su hermano Rafe a manos de unos forajidos y su única esperanza reside en que Jack Evans, un pistolero ya retirado, acepte llevar a cabo esa misión.
La novela comienza de forma tan abrupta que llegué a pensar que al libro le faltaban sus primeros capítulos. Eso, junto a bruscos saltos temporales que se producen en la narración para explicar el pasado de sus protagonistas ha provocado que, en ciertos momentos la lectura me pareciese algo confusa e incluso perdiera el hilo de la historia.
Violeta nos presenta a unos personajes muy reales y bastante alejados de los estereotipos que solemos encontrar en otras novelas. Son imperfectos, les cuesta demostrar sus emociones y son capaces de mentir o traicionar al prójimo para lograr su objetivo.
Jack es un personaje que sorprende por su hermetismo. Es un hombre cuya autoestima está por los suelos y que arrastra el peso de las acciones que llevó a cabo en su anterior vida como forajido pero que, gracias a Winter, recuperará la ilusión perdida y sus ganas de vivir.
Admito que Jack y Winter me han parecido dos personajes fríos... solo hay que fijarse en el trato que ambos le dispensan a la perra de Jack para hacerse una idea de su grado de sensibilidad. Por eso, conectar con ellos me ha costado mucho y ya no digamos, con su historia de amor.
La novela está muy bien ambientada y se respira entre sus páginas el polvo y las barrillas (bolas del Oeste) que acompañan a Jack Evans en su aventura para lograr la redención o, en el caso de Winter, para ver cumplido su deseo de venganza.
La historia sorprende con algún giro inesperado que, por lo menos yo, no he visto venir y algunas escenas de acción, tiroteos incluidos, son fabulosas. Si bien la parte romántica de la novela no ha sabido atraparme, la trama que gira entorno a la venganza, sí lo ha hecho. No es muy extensa, así que en una tarde o dos, puede leerse perfectamente.