Este libro fue como meterme dentro de la Bauhaus y todos sus momentos buenos y malos y sentir que era parte de ellos.
Para los amantes de la Bauhaus esta obra es como estar en la institución observando todo lo que sucedía como un espectador omnisciente y viendo cómo, en busca de cuestionar los valores de la época y una nueva forma de pensar el arte y la artesanía en un momento tan turbulento de la historia, los propios productores de esas ideas que revolucionaron el mundo dudaban incluso de sí mismos y, así como cuestionaban todo, cuestionaban también sus propias perspectivas.
Este libro me gustó mucho más de lo que esperaba porque considero que está muy bien escrito. Fue muy entretenido, pero no por eso menos informativo. Yo ya conocía bastante de la historia de la Bauhaus y su impacto en el mundo del arte y en el desarrollo del diseño pero no sabía tanto en particular del primer período de la escuela en Weimar y del último antes del cierre en Berlín, siendo que justamente estos fueron los más complejos, y este libro los explica con muchos detalles: todas las idas y venidas ideológicas de Gropius desde antes de ir a la guerra, con su idea inicial de la escuela, pasando por su perspectiva más bien socialista, hasta su regreso a un pensamiento más racionalista; la situación con Itten y su religión, que terminó mezclando en sus enseñanzas al punto de convertir la escuela en su templo; incluso los problemas económicos propios de la posguerra. Me llamó mucho la atención justamente el cambio de opinión del fundador y director, Gropius, después de tener que servir en la guerra porque es sumamente coherente que luego de estar en presencia de tanta muerte provocada por las nuevas “máquinas”, armas fabricadas por la industria que él decía que era necesaria, cambie su pensamiento y se incline hacia una perspectiva más socialista y de retorno a la artesanía, en contraste con sus inicios.
También me encantó la cantidad de fotografías e imágenes de los lugares, los trabajos, los alumnos y los profesores que yo nunca vi en ningún otro lado y que me resultaron super interesantes y, además, muy bien posicionadas y relacionadas con el texto. Más que nada me gustó una imagen de la puerta del vestíbulo de entrada de la casa Sommerfeld diseñado por Joost Schmidt (*), que tenía una estética expresionista, propia de los primeros años de la Bauhaus, pero que aun así ya contenía una fuerte presencia de las formas geométricas que luego serían icónicas de la escuela. También me gustó mucho ver imágenes de los espacios de los distintos talleres, de las obras de teatro que hacían y de los trabajos de los alumnos del curso preliminar a lo largo de los años más que nada por su similitud, guardando las distancias, con lo que yo hice en el CBC de la carrera de diseño gráfico en la UBA: el análisis de la estructura de una imagen, la experimentación con los materiales, la importancia de las formas primarias y las teorías de Kandinsky sobre el punto y la línea como el punto en movimiento.
Hubo varias cosas que me sorprendieron al leer este libro porque no las sabia: la cantidad de mujeres que fueron alumnas considerando la época en la que vivían; el hecho de que los nazis, aún después de cerrar la escuela y llevar presos a sus alumnos y profesores, les ofrecieran permitirles volver a abrirla con la condición de que expulsaran de la institución a las personas que tuvieran algún tipo de inclinación socialdemócrata o idea que ellos consideraran peligrosa; también el hecho de que esta escuela solo fue reconocida internacionalmente justamente por lo que los nazis les hicieron, porque eso obligó a muchos de los involucrados a migrar y así repartieron sus ideas en otro países que luego las continuaron; y la forma en la que los nazis se apoderaron de la escuela de un dia para el otro arrestando a todo el mundo y destruyendo todo lo que había dentro del edificio, intentando borrarla.
No le puse cinco estrellas solo porque considero que hay una presencia muy marcada de apreciaciones personales del autor en algunos momentos. Aunque con muchas de sus apreciaciones coincido, creo que un libro de este estilo debería ser un poco más objetivo. Aun así hay mucha presencia de testimonios de alumnos y profesores que enriquecen mucho la información y la perspectiva del libro.
Destacadas
Pág. 55
“Dos de los ejercicios de Itten eran de especial importancia. El primero pedía a los estudiantes que jugaran con diversas texturas, formas, colores y tonos, en dos y tres dimensiones. El segundo consistía en el análisis de obras de arte por medio de líneas rítmicas que buscaran la captación del espíritu, del contenido expresivo del original.”
(Dos de los ejercicios de Itten en el curso preliminar similares a lo que aprendemos en los primeros años de la FADU cuando estudiamos diseño, manteniendo las distancias obvio)
Pág. 65
“Es desoladora la ausencia de información sobre los maestros de taller, tanto en su aspecto humano como en el docente. Circunstancias que, por otra parte, son reveladoras. A pesar del propósito de Gropius de elevar la categoría de los oficios, las estrellas de la escuela eran los artistas”
(Es lamentablemente irónico pero este es un libro de 1984, así que me gustaría investigar a ver si ahora si hay más información: Christian Dell y Alfred Kopka, taller de metales; Reinhold Weidensee y Josef Zachmann, taller de ebanistería; Schlemmmer y Heinrich Beberniss, taller de pintura mural)
(*) Pág. 79
“Puerta y entorno del vestíbulo de acceso de la casa Sommerfeld, por Joost Schmidt,1921. La casa y su contenido fueron destruidos.”
Pág. 96
“L. Lang, dibujo analítico del curso de Kandinsky, 1926-1927. Esta es solo la primera fase de una serie de dibujos en la que se pide al alumno la reducción del bodegón del modelo a una configuración geométrica abstracta. La estructura que subyace en el modelo está apuntada en el esbozo arriba a la izquierda”
(Dibujo de la “estructura” el curso de Kandinsky, similar a lo que nos enseñan en los primeros años de diseño. Kandinsky quería que sus alumnos aprendieran a mirar, no a pintar)
Pág. 118
“Congreso constructivista y dadaísta, Weimar, 1922. Nelly y Theo van Doesburg, Moholy-Nagy y su esposa, El Lissitzky.”
(Me llamo la atención tantas personalidades juntas)
Pág. 121
“El Gropius de antes de la guerra, libre su mente de socialismo utópico y medievalismo romántico, se había reencontrado consigo mismo.”
(Sobre la vuelta al racionalismo de Gropius luego del tema de Itten y todo el socialismo que invadió la escuela)