Esta recopilación incluye seis relatos sobrenaturales de la autora:
"El viento en el rosal" Una mujer recorre una gran distancia para encontrarse con su sobrina que vivía con su madrastra. Una vez llega a su destino, la sobrina está desaparecida y la madrastra se muestra muy misteriosa y despreocupada. ¿Dónde está la joven? ¿Y por qué el rosal de la entrada no deja de agitarse a pesar de que soplar ni una ligera brisa?
"Las sombras en la pared" En el seno de las familias habitan grandes monstruos. Una discusión, una muerte y una sombra que aparece de forma repentina en la pared. La historia, escrita casi en su totalidad como un diálogo, se representará al lector vívidamente, como si estuviera en el salón junto a la familia.
"Luella Miller" El relato más conocido de la selección. Luella Miller es una mujer frágil a la que todos quieren ayudar, con fatales consecuencias. Luella se apodera de todo aquel que se acerca a ella.
"La habitación sudoeste" Las hermanas Gill heredan la mansión familiar que les había estado vedada durante la mayor parte de su vida. Decididas a conservarla, la convierten en una casa de huéspedes. Pronto, la mejor habitación de la casa, la habitación sudoeste se convertirá en un problema: la última ocupante no parece haberse ido del todo.
"El solar vacío" Lo sobrenatural no solo se encuentra en remotas poblaciones aisladas. La familia Townsend se muda a un barrio moderno y acomodado de Boston, pero les persigue una maldición.
"El fantasma perdido" Una entrañable pero grotesca aparición marcará la juventud de la señora Meserve. Cuando era joven vivió con unas hermanas y el hacendoso fantasma de una niñita en busca de su madre.
Mary Eleanor Wilkins Freeman was born in Randolph, Massachusetts, and attended Mount Holyoke College (then, Mount Holyoke Female Seminary) in South Hadley, Massachusetts, for one year, from 1870–71. Freeman's parents were orthodox Congregationalists, causing her to have a very strict childhood.
Religious constraints play a key role in some of her works. She later finished her education at West Brattleboro Seminary. She passed the greater part of her life in Massachusetts and Vermont.
Freeman began writing stories and verse for children while still a teenager to help support her family and was quickly successful. Her best known work was written in the 1880s and 1890s while she lived in Randolph. She produced more than two dozen volumes of published short stories and novels. She is best known for two collections of stories, A Humble Romance and Other Stories (1887) and A New England Nun and Other Stories (1891). Her stories deal mostly with New England life and are among the best of their kind. Freeman is also remembered for her novel Pembroke (1894), and she contributed a notable chapter to the collaborative novel The Whole Family (1908). In 1902 she married Doctor Charles M. Freeman of Metuchen, New Jersey.
In April 1926, Freeman became the first recipient of the William Dean Howells Medal for Distinction in Fiction from the American Academy of Arts and Letters. She died in Metuchen and was interred in Hillside Cemetery in Scotch Plains, New Jersey.
Interesante antología de relatos de la estadounidense Mary E. Wilkins Freeman (1852-1930). Como tantos otros escritores de la época, la obra de esta autora es sobre todo costumbrista, pero también le dedicó espacio al relato sobrenatural, aunque no estaba muy bien visto. Todos los relatos son de fantasmas, excepto ‘Luella Miller’, que trata sobre una vampiresa psíquica. La mayoría, por no decir todos los relatos, son predecibles, pero eso no impide disfrutar de su lectura.
El viento en el rosal. Rebecca se dirige a la casa de los Dent, donde reside su sobrina junto a la madrastra de esta. Sin embargo, nunca logra dar con ella, todo son excusas por parte de la viuda Dent. Muy buen relato.
Las sombras en la pared. Edward acaba de morir, y sus tres hermanas hablan sobre una discusión que tuvo este con su otro hermano, Henry. Pronto sabremos, como reza el título, que hay una habitación en la casa donde una sombra siempre está presente.
Luella Miller. Luella es casi una leyenda. Sólo la recuerda una anciana, Lydia Anderson, que narrará la historia de Luella. Excelente relato.
La habitación sudoeste. Unas hermanas, para no perder su casa, alquilan habitaciones. Va a llegar una nueva inquilina, y tendrán que abrir la habitación sudoeste, donde murió su tía. Ya sucedían cosas extrañas en torno a dicho cuarto, pero ahora irán a más. Gran relato.
El solar vacío. Los Townsend se mudan a una nueva casa, todo un chollo. Y empiezan a suceder hechos extraños, todos procedentes del solar vecino.
El fantasma perdido. La señora Menserve se dispone a contar a su buena amiga la señora Emerson lo que le sucedió siendo joven, relacionado con una casa y una niña fantasma. Excelente relato.
Aunque parezca difícil de creer para muchos, Biblioteca de Carfax ha demostrado que la representación femenina dentro del terror durante el siglo XIX y el siglo XX siempre ha sido alta, cuando no mayor que la masculina. En el mundo anglosajón la ghost story era una institución en sí misma, y no era inusual que autores "serios y reconocidos", los que aparecen en manuales y libros de historia de la literatura, coquetearan con este género tan popular y querido por el gran público, pero denostado por la crítica. De hecho, es que el dinero estaba ahí. En eso la industria editorial no ha cambiado mucho: un Nobel no ve ni la cuarta parte de dinero que un autor de bestseller, del mismo modo que un escritor de cenáculo y café literario, por muy reverenciado que fuera por sus pares, no ganaba lo que un autor de folletines o novela sensacionalista. Mary Shelley mantuvo a su familia con su labor como escritor profesional -más de lo que consiguió Edgar Allan Poe en vida, aunque la inglesa solo viviera diez años más que él-, al igual que hiciera Mary Elizabeth Braddon o Margaret Oliphant, caso este último bastante reseñable, pues toda su familia y posición dependía de que mantuviera su actividad literaria a toda máquina. Claro que, si tan populares fueron estas autoras en vida, ¿cómo es que sus nombres no han quedado, por qué parece que nadie las recuerda? Os responderé con otra pregunta.
¿Sabéis quien es Eugene Sue?
Pues eso. El tiempo es muy cruel, y quien fuera popular en vida no significa que vaya a ser recordado una vez muerto, o dicho de otro modo, porque popularidad no es sinónimo de influencia. A mi juicio, la palabra olvidado se utiliza a veces con cierta liberalidad, dado que no todas estas autoras han estado olvidadas ni escondidas precisamente, y no lo digo solo por clásicos literarios incontestables como Mary Shelley o Ann Radcliffe, sino porque muchas de estas autoras menos conocidas aparecían con asiduidad en recopilaciones y antologías de cuentos de fantasmas desde la segunda mitad del siglo XX. Pero admitamos este olvido, incluso sumémonos a las voces que elevan este olvido a sistemático, cuando no sistémico; preguntémonos ahora qué podría explicar este hecho tan presuntamente injusto. Yo tengo una hipótesis: la propia naturaleza del cuento de fantasmas decimonónico.
Siento que me repito de reseña en reseña, pero si es así es solo porque leo MUCHOS cuentos, pero sobre todo MUCHOS cuentos de fantasmas; tantos que, a veces, se me confunden o se me olvidan. Y ese es mi punto. El cuento de fantasmas, la ghost-story victoriana y eduardiana, ya fuera escrita en la pérfida Albión o cualquier isla del archipiélago o las emancipadas 13 colonias y su periferia, se construye a partir de una serie de convenciones y exhibe una serie de recursos que, a fuerza de repetirse, se han convertido en cliché, a saber, la historia que se cuenta en una reunión social, en un ambiente recogido, ya sea como anécdota personal o de segunda mano, la casa encantada con un luctuoso secreto, el fantasma como emisario antes que como ente hostil, el fantasma que aparece e interactúa con el protagonista pero que no se revela como tal hasta el final, etc. La ghost-story no era un género versátil, lo que hace que la obra del autor se juzgue no tanto por su calidad sino en base a las diferencias que presenta de este arquetipo. A Sheridan Le Fanu no se le recuerda tanto por sus cuentos de fantasmas, que son excelentes, como por su aportación al mito del vampiro en la forma de Carmilla o a los detectives paranormales como Martin Hesselius; M. R. James es un clásico, sí, pero precisamente por romper el modelo de la ghost story al imaginar unos fantasmas corpóreos, tan tangibles que remedan a alimañas; y a Mary E. Wilkins por su parásito vampírico: Luella Miller. Este relato es el que más veces ha sido recogido en antologías -vale que muchas de ellas de temática vampírica- debido no solo a su calidad, sino a la originalidad que presenta dentro de un conjunto tan homogéneo y canónico, indistinguible de otras producciones espectrales.
Acabado este simposio que nadie pidió, ¿qué nos ofrece esta antología de Mary Wilkins Freeman? Pues historias de fantasmas canónicas escritas por una dama americana, es decir, algo alejada de las contenidas expresiones terroríficas de sus colegas victorianas, mucho más apocadas y aparentemente ingenuas, pero no lo suficientemente sangrienta y salvaje como una más moderna Marjorie Bowen. Un conjunto que no ofende en absoluto, salvo por el terrible final de alguno de los relatos, totalmente desconectado de la trama principal, y que, precisamente por no ofender, difícilmente quedará en la memoria.
La antología reúne los siguientes relatos:
El viento en el rosal (**): Rebecca está dispuesta a obtener la custodia de su sobrina luego de quedar bajo la tutela de su madrastra, la señora Dent. Una vez llega para reunirse con ella, todo son excusas por parte de la señora Dent: la niña no aparece, y un viento extraño agita un rosal solitario.
Las sombras en la pared (***): tres hermanas cuchichean a escondidas de su hermano mayor: no debería de haber discutido así con su hermano Edward. Ahora ya es tarde para disculpas, Edward ha muerto en extrañas circunstancias, aunque todos sabían que sufría del estómago. Mientras las hermanas preparan las exequias del difunto hermano, la pequeña descubre que, en una habitación, ha aparecido una extraña impresión en la pared con forma humana.
Luela Miller (****): una anciana cuenta la historia de Luela, una mujer incapaz de valerse por si misma y que logró que todo el mundo se desviviera por servirla. Y cuando digo desvivir lo digo en el sentido más literal de la palabra. El mejor relato en el que se nos presenta un vampiro ambiguo, más parásito inconsciente que depredador sanguinario.
La habitación sudoeste (****): una pareja de hermanas se niegan a perder la casa en la que crecieron una vez muerta su última habitante. Para mantenerla, deciden alquilar las habitaciones, incluso la que perteneció a su difunta tía. Muy pronto caseras e inquilinos comprobarán que pernoctar en la habitación sudoeste trae consecuencias.
El solar vacío (****): una adinerada familia rural se muda a una propiedad sospechosamente barata en Boston. A las pocas semanas, la criada descubre que alguien más está utilizando el solar contiguo para tender la ropa. Este será el primero de los muchos fenómenos extraños que acosarán a la familia.
El fantasma perdido (***): la narradora relata a su amiga un suceso de su juventud que tenía como protagonista al fantasma de una niña pequeña.
Como ya viene siendo habitual, la editorial La biblioteca de Carfax nos regala otra joya olvidada del gótico anglosajón que tanto nos gusta. Para mí, Freeman ha sido todo un descubrimiento, al igual que lo fue en su momento Violet Hunt: una mujer escribiendo con arrojo sobre temas sobrenaturales desde una perspectiva (no sé si hago bien llamándola) doméstica. Quién padece siente miedo y desamparo y quién inflinge el daño a veces lo hace sin querer y otras sin querer queriendo. Pongamos, por ejemplo, la historia del rosal poseído: queremos gritar a la protagonista ¡te están engañando, incauta! y a la vez entendemos su razonamiento de que nada está pasando, de que todo es normal, hasta que deja de serlo. Maravilloso que un relato me haga sentir así. PD: Iba a hacer un chiste sobre los precios de los tomos de la colección y de cómo me están dejando en la ruina, pero pagar una encuadernación tan esmerada, una ilustración tan acertada y una traducción tan cuidada es lo que tiene. Lo bueno se paga con gusto.
Se trata de una recopilación de seis relatos de corte clásico de fantasmas. Los relatos no dan miedo y tampoco sorprenden demasiado, pero la autora sabe crear con habilidad ese ambiente de tensión que va aumentando conforme avanzas en las historias, aunque algunas terminan abruptamente.
Me ha gustado especialmente que las protagonistas sean casi todas mujeres que salen adelante en una época donde eran consideradas poco más que floreros, un reflejo del carácter feminista de la autora.
Como en casi todas las novelas de este estilo, hay relatos mejores que otros aunque en general son todos muy disfrutables. Mis favoritos han sido "Luella Miller" y "La habitación sudoeste".
Si os gustan las historias góticas de fantasmas, os recomiendo que le echéis un vistazo tanto a este como a otros títulos del catálogo de la editorial. Son todos muy recomendables e ideales para leer en otoño. Además, solo por la ilustración de la portada a mí ya me ganó.
What distinguishes Freeman's ghost stories for me is that they're so psychologically acute. The byplay between characters, and what they are unwilling to come out and say, is really sharp and beautifully observed. She also knows how to make a story damn creepy!
He de reconocer que no ha sido la lectura más amena de los últimos meses y he tenido que ponerle voluntat. Supongo que és cosa de la distància temporal y la prosa austera de la autora. Por ejemplo, con H. D. Everett (también publicada en La Biblioteca de Carfax) me costó mucho menos acceder. Però, una vez superado este escollo, he encontrado una autora en conflicto con su tiempo que no da puntada sin hilo.
Un crisol de tías, hermanas, vecinas... todas ellas, solteras, que viven, de un modo u otro, centradas en la atención y el cuidado de los demás y que son devoradas por la oscuridad de una sociedad rígida, moralista e individualista. Mi relato favorito «Luella Miller».
Wilkins nos introduce con gran acierto una combinación del género sobrenatural y gótico con el realismo doméstico. En la obra se tratan temas tan relevantes y actuales como la pérdida, el dolor y la crueldad humana.
The Horror Beyond Life's Edge è un ebook che raccoglie, se non erro, un migliaio tra racconti e romanzi dell’orrore, soprannaturale, ecc. Stiamo parlando esclusivamente di classici. Qualche anno fa Amazon lo aveva messo a disposizione gratuitamente in occasione di Halloween, e sono stata molto contenta di averlo scaricato perché mi ha fatto scoprire alcune vere gemme.
Una di queste belle scoperte è Mary E. Wilkins Freeman, autrice americana di cui ignoravo persino l’esistenza. Questa breve raccolta di racconti contiene storie di fantasmi dall’alto grado di suspense, almeno per gli amanti delle ghost stories classiche. Se invece vi piace solo l’horror contemporaneo, questi racconti vi faranno sbadigliare, immagino.
Il racconto che ho preferito è l’ultimo, “The Lost Ghost”, che è il più creepy di tutti, e anche il più moderno come rappresentazione. Due donne si incontrano per scambiarsi gli ultimi pettegolezzi, e una delle due finisce per raccontare all’amica una vecchia storia: da ragazza aveva alloggiato in una casa infestata dal fantasma di una bambina molto piccola. È una storia anche abbastanza agghiacciante, soprattutto quando scopriamo com’è diventata un fantasma la bambina, ed è anche molto avvincente.
Un altro racconto che mi è piaciuto moltissimo è “The Southwest Chamber”, in cui una donna va a pensione in un’antica dimora e viene messa in una camera dove da poco è morta una vecchia arpia, zia delle due proprietarie della pensione. Lo spettro si manifesterà non fisicamente, come invece nel caso del racconto precedente, bensì con delle stranezze non altrimenti giustificabili che con la presenza di un fantasma che vuole farsi sentire.
Anche gli altri racconti mi sono piaciuti molto, tuttavia sono un pochino sotto questi due, che sono davvero ben riusciti, particolarmente il primo che ho citato.
La scrittura di Wilkins Freeman è per così dire “alla mano”, nel senso che non pecca di pomposità come invece molti autori a lei contemporanei, anzi l’autrice utilizza spesso e volentieri perfino espressioni dialettali o regionali nel dialogo, anche quando a parlare sono persone di classe media. Questo rende i racconti ancor più piacevoli da leggere, perché è tutt’altro che una scrittura pesante.
Ora sono molto curiosa di leggere altro di Wilkins Freeman, ho già adocchiato qualche sua raccolta di racconti. Sicuramente ve la consiglio. Credo, tra l’altro, che alcuni suoi racconti siano stati tradotti in italiano, ma non so darvi indicazioni più precise.
Historias de terror cozy (si algo así existe). Cuentos de fantasmas, apariciones, misterios y señoras que se dedican a sus labores. Excelente tanto para aquellos que son más miedosos como para los amantes del género en su vertiente más clásica.
Relatos que aunque no sorprenderán -y mucho menos asustarán- al lector actual, si son maravillosos para leer o escuchar en una noche de lluvia junto a una bebida caliente.
These stories have held up well - unlike many stories from this era, the prose isn't unnecessarily filled with flowery metaphor. The author can write a pretty sentence - but she uses this ability sparingly, in a straight forward manner, which allows the stories to flow easily. I wasn't burdened by the language - her style is reminescent of Mark Twain (though she lacks his humorous wit).
"El viento en el rosal" - 3.5 "Las sombras en la pared" - 3 "Luella Miller" - 4 "La habitación sudoeste" - 3.5 "El solar vacío" - 4 "El fantasma perdido" - 5
Algunos mejores que otros, pero bastante entretenidos.
I really liked this collection of stories, they're told with a folksy charm and humor at times, yet almost seem to disarm with a naivete and innocence before delivering a few genuine chills. The stories almost always focus on old spinsters, sewing away by the fireside.
The title story is one of the best, funny at times and fast-paced. It's about an aunt travels to a small town to fetch her niece from her stepmother, but when she arrives the girl is no where to be found. The stepmother assures her not to worry, that the niece will show up soon, but weird little events and the girls continued absence convince her there’s something wrong
"The Shadows on the Wall" is a mild little ghost story, but has a neat ending I didn’t see coming. Three sisters discuss their brother’s death, and dare not say aloud their suspicions of their other brother having murdered him. But when the dead brother’s shadow comes to haunt a room in their house, it starts to bring everything out into the open.
"Luella Miller" is a story I liked because it's not a typical ghost story and has a fairly original theme to it which falls into the more "weird" category. The horror here mixes a naivete with a menace that's quite well-done. A woman recounts the history of Luella Miller, a long-dead woman who used up everyone that came into contact with her, all of them wasted away while working to make her life one of ease.
"The Southwest Chamber" is a great example of the early-American charm in this collection. This is another good story, somewhat standard ghost story fare, but with enough creepy little original ideas to make it worth a read. Two old women attempt to rent out a room where their aunt died, and discover that her spirit doesn't wish to be disturbed and is willing to terrorize anyone who tries to stay there.
"The Vacant Lot" is one of the less coherent stories, but not necessarily less interesting even if the various elements don't exactly come together as well as in the others. I found the obstinate, skeptical husband in it to be a pretty humorous touch myself. A family moves to the city after getting a great deal on a house there, but soon discovers why -- the vacant lot next door is haunted by all sorts of inexplicable phenomena.
"The Lost Ghost" is enjoyable, if nothing special. A sort of "cozy" ghost tale. The final ghostly image of the story is pretty memorable. A woman living in a house with two old sisters, and the sad ghost of a little girl there who is looking for motherly love.
I'd got it into my head that this was a real humdinger of a collection of ghost stories -- someone must have recommended it to me at some stage -- and so I was looking forward to it very much. Alas, I was disappointed. I see quite a few GoodReaders disagree with me, so . . .
There are six stories here, five of them ghost stories and the other a tale of a psychic vampire; at least a couple of the stories, the title story more than once, have been adapted for TV. I found them all a bit limp and inconsequential except the last in the book, "The Lost Ghost," which, while rather cumbersomely told, has a definite atmosphere of pathos that appealed to me. It has, too, a satisfying resolution, whereas all of the others just, well, stop.
What do I mean by that? Well, take "The Southwest Chamber." Two spinster sisters have inherited the family home and decided to turn it into a boarding-house. They leave it 'til last to rent the southwest-facing room, because that's where old Aunt Harriet died. In due course, each of the boarding-house's incumbents gives the room a try, but can't stand it for more than one night because of -- drum roll, please -- Spectral Manifestations. So the sisters decide they'll sell the house instead. And, er, that's it.
"Luella Miller," the tale of the psychic vampire (someone who sucks not the blood but, perhaps unconsciously, the élan vital out of those around them), is of passing interest purely because it is about a psychic vampire; I'm not very knowledgeable about supernatural tales, but I think this is one of the earliest examples to tackle this theme. But Freeman doesn't really do anything with it, just recounts the fates of the people who tried to live with the eponymous Luella.
As I say, other readers have clearly enjoyed this collection a lot more than I did, and the New England settings and narrative style are, I'm sure, an added bonus for some. For me, though, I found the whole affair a tad dull, while my spine remained resolutely unchilled.
The main story, "The Wind in the Rose-Bush", and "Luella Miller " downright disturb me to my core. I've re-read them countless times and still can't get enough of them.
7/10. Me han gustado, pero no tanto como me esperaba, aunque creo que es una cuestión de convencionalismos y de época. Simplemente algunos personajes me han parecido insufribles (excesivamente dramáticos) y/o muy groseros. Los relatos son entretenidos eso sí. El mejor, con diferencia y en mi humilde opinión, es "Luela Miller", que además también creo que es el más conocido de la autora. Ese se presta, y mucho, a la relectura y a una interpretación desde el presente. Creo que es detacable también lo moderno de algunos elementos de terror que aparecen, por ejemplo, en "la habitación sudoeste" y "el fantasma perdido", tan contemporáneos que de hecho podemos verlos en películas actuales de terror, lo que demuestra a mi parecer lo avanzado de Mary Wilkins Freeman. También me ha gustado la forma de terminar sus historias, con finales abruptos pero explicativos en el sentido en que se prestan a la interpretación, como en "el solar vacío". Finalmente, mención aparte merece el prólogo/introducción de esta edición de Carfax de Ana Morán Infiesta, con muchísimo valor en sí mismo y de recomendada lectura antes de la obra. Es genial. Un gran trabajo.
Amo el terror clásico, y esta obra es un excelente ejemplo de ello. Varias de las historias suenan a algo que te hubiera contado alguna persona de edad avanzada una noche en que se ha cortado la luz. Me encantó.
This is an excellent collection of traditional ghost stories. Mary E. Wilkins Freeman is a talented writer who has become somewhat forgotten today, which is a shame. Whereas some of her contemporaries have a real knack for tone, Wilkins excels in prose that is precise and clear (especially considering her writings are not long out of the Victorian era). She has a gift for very accessible and pleasingly written work. She's no slouch on atmosphere and dread, either. Fans of Gothic horror, ghost stories, and weird fiction should give The Wind in the Rosebush a go.
The stories are pretty straightforward ghost yarns, but Wilkins tends to focus on women protagonists which is uncommon in the genre for the time, even when a woman was penning the tale. Her women are intelligent and clever (the men are mostly peripheral, but range from skeptic to outright foolish). She also has fairly developed characters for the era. And Ms. Freeman can get particularly eerie, especially in the title story, The Southwest Chamber, and The Vacant Lot.
Some of the other readers here didn't seem too enamored with The Vacant Lot, but for my money it is the scariest of the bunch, if not the most clever. The ghosts in that story are menacing and dreadful. The title story is the closest in tone to being an outright weird tale, with its specter alternately taking human form and that of a rose. Luella Miller is also a stand-out, as it isn't a ghost story per se' but focuses on a woman who seems to siphon all the energy out of those who care for her, which makes it one of the most original stories in the lot.
A story I wish was included here is The Hall Bedroom, which is one of Mary E. Wilkins Freeman's strangest and most interesting stories, definitely closer to the weird than the horror. I encountered it in a little-known collection of early women horror writers entitled The Cold Embrace.
"The Wind in the Rose-Bush" "The Shadows on the Wall" "Luella Miller" "The Southwest Chamber" "The Vacant Lot" "The Lost Ghost"
Each one is as much psychological horror as it is the conventional ghost story most Victorians would have written. The titular tale in particular is a chilling portrayal of gaslighting before the term was even adopted. Luella Miller is technically some kind of psychic vampire yet also works as a metaphor for narcissism and toxic relationships. The interplay between characters is overall so realistically done that the terror and confusion of the paranormal is only heightened. "The Southwest Chamber" especially was downright reeling - imagine looking at wallpaper you've seen almost everyday and suddenly it's . . . wrong.
The stories are also very female-centered, which I thought was pretty cool for this era. The personalities present were extremely diverse and included some independent women living and working on their own.
Just one thing that kind of bugged me - Freeman had the occasional habit tacking adverbs onto the word "said" - i.e. she said chokingly, she said agitatedly, shudderingly, wonderingly, easily. It wasn't something she did constantly but it was so awkward that it really stood out.
Todas las historias tienen por escenario el ámbito doméstico, sin extenderse más allá del pueblecito o, incluso, del tranquilo vecindario. La escritora se sirve de la temática de las casas encantadas para profundizar en temas mucho más espinosos como la depresión, el duelo, la frustración femenina a la que se enfrentaban las mujeres solteras de la época (a las que tachaban de «solteronas») e, incluso, el maltrato infantil. Probablemente, esto sea lo más perturbador e interesante de todo: el uso de escenas cotidianas y localizaciones tranquilas sobre las que ir colocando la huella de lo sobrenatural. No puedo decir que el libro sea terrorífico o que congele la sangre, pero sí te hace tragar saliva conforme se ahonda en los males que dejaron tan atormentados a los espectros que interactúan con los protagonistas.
Como virtud, además, hay que reconocerle a este libro lo que a muchos escritos en el siglo XX: su elegante uso del lenguaje y el empleo de un variado y rico vocabulario. Pero, también, tiene como defecto la extensión considerable de sus descripciones (aunque, en este libro, menos que en otros de la época).
En cualquier caso, es un audiolibro que recomiendo para viajes largos en días de lluvia.
The Wind In The Rose-Bush – 4 Stars Rebecca travels a great distance to retrieve her young niece and bring her home with her to live, only to find her curiously absent.
The Shadows On The Wall – 3 Stars For three sisters and their remaining brother, strange events are taking place in their family home after the sudden death of their youngest sibling, their brother Edward.
Luella Miller – 3.5 Stars Luella Miller has always had people to do everything for her, people who have paid the price for their kindness.
The Southwest Chamber – 4 Stars Two sisters of middle-age have inherited a large family home. Residing with their young niece, the three are dependent on taking in occasional boarders to supplement their finances. Already having three boarders, the southwest chamber, once belonging to their deceased aunt, is readied for their fourth guest.
The Vacant Lot – 2 Stars The Townsend Family is thrilled when they grab up a $25,000 home for a song. Not a single thing wrong with the house or it’s locations … seemingly.
The Lost Ghost - 4 Stars Nice "little" ghost story.
I don't know why I haven't heard of Mary Eleanor Wilkins Freemen before, as I am a fan of Victorian supernatural short stories. These rival the best of that genre, but approach the characters from a freshly female point of view. The characters are handled sensitively and are well drawn and realistic. Most of the drama is centred around the home. The voices are in keeping with East Coast American in the Victorian period. Those familiar with Little Women will notice the use of "ain't" being used by the middle class characters, as was perfectly proper at that time. The period details such as items of clothing or domestic tasks, in no way detract from the stories themselves. I can see a TV mini series being made from these tales, as they are amazingly visual and special effects would be able to produce the ghostly elements really well.
Picked this up from http://www.gutenberg.org/ebooks/1617 on recommendation of Polly Shulman's The Poe Estate. It's just as old-fashioned as could be expected, but enjoyable on its own terms. And at least for a linguist of English like me, the various styles of speech are interesting.
But the thing I most notice and appreciate about these stories is their variety. In neither the mechanisms of the supernatural nor the mechanisms of the storytelling are there any two much alike each other.
Mary Wilkins Freeman's ghost stories are engaging and interesting, but don't vary much in structure or tone. The stories typically involve a staid New Englander and a nervous sibling doing their best to willfully ignore the strange phenomena around them. Freeman's portrait of this dynamic is excellent, and we can see the repressive natures of her characters finally burst at the seams when the weight of evidence overwhelms them. This process drives the horror of the stories, and the ghosts are more of a plot device to bring this process about.
In many ways the families in Wilkins Freeman's stories remind me of similar families in Hollywood movies about the turn of the century: The Magnificent Ambersons (1942), Meet Me in St. Louis (1943), Life With Father (1947), Cheaper by the Dozen (1950). Those are the homes I imagine for families like those in "The Vacant Lot," "The Southwest Chamber," and "The Shadows on the Wall."
Several generations and their domestic help live together, even when they probably should not.
What a treasure to discover these stories from a prolific woman who lived in Western Mass in 19th century. Language and manners in our history exemplified beautifully, and in these stories the paranormal vs. religious convictions brings to light something atypical in this time period. Enjoying my discovery of Ms. Wilkins Freeman.