Difícil rankear del 1 al 5 con números enteros. Este buen libro podría ser 3.5, pero obligado a elegir entre sus enteros próximos, lo ubico más cerca del 3.4 que del 3.6, y por eso el puntaje termina resumido en 3. Injusticias de los tribunales, aunque este sea más bien inofensivo. Lo importante, en todo caso, es que Solano escribe (y eso no es poco); Solano tiene mirada (y eso es mucho); Solano percibe y sabe transmitirlo. El problema es que a lo largo de este libro muchas veces, quizá demasiadas, desperdicia sus virtudes.
El año tiene cuatro estaciones, y este libro sigue dicha delimitación para dividirse en cuatro capítulos. "Primavera", la segunda, es una joya. Dan ganas de aplaudirlo; aunque en realidad más ganas dan de ir a buscarlo y darle un abrazo. Y las gracias por el buen rato, la compañía y la generosidad. Los textos sobre traducción, cirugías plásticas y tarjetas de créditos valen oro. Esa sección es el brillante clímax de aquello que, desde el inicio, en "Invierno", empezaba muy débilmente, sin demasiada consistencia, a mostrarse: la exhibición de un proceso de descubrimiento. ¿Qué se descubre? Un país desconocido, una vida desconocida, pero sobre todo parte de uno mismo que hasta entonces había permanecido en la sombra.
Después de la primavera, sin embargo, todo empieza a decaer. "Verano" es como la estación que nombra, pero sin luz: bochorno, lentitud y aburrimiento. Y "Otoño", la última sección, es un absoluto naufragio. El libro termina como quien dispara las últimas balas en una batalla ya irremediablemente perdida (aunque esta prometía más bien una victoria). El libro termina como si el autor hubiera pensado: acabemos de una buena vez con este asunto que no doy más. Sin embargo, unos días después de concluir la lectura persisten ciertas sensaciones. Se mantiene cierta simpatía por el narrador; o, mejor, empatía con su historia. Y queda flotando un clima de complicidad mezclado con sano voyeurismo. Eso salva al libro, no del infierno (donde no merece estar) sino del purgatorio. E incluso puede llevar a escribir pequeñas notas como esta, con la única de intención de que no se termine del todo, como para mantener viva la esperanza de que una próxima primavera es todavía posible.