Entre los escritores españoles del siglo XVI que dieron su atención a las casas mexicanas es difícil hallar alguno tan importante como el dominico fray Diego Duran. Es una categoría aparte del gran Sahagún. Si éste se entrega en cuerpo y alma a la indagación de las cosas de la Nueva España durante largos sesenta años y nos deja la Enciclopedia más completa que de ellas se conoce en la historia, Durán, que casi es mexicano, si no por nacimiento, sí por asimilación, nos da en una obra, que aparece pequeña y grandiosa, una suma de temas de penetración de la cultura antigua, en su faz náhuatl, de modo especial. Razón había para ello. El, aunque no nació en Tezcoco, allí mudó de dientes, según su bella frase, ya mexicana en todo?. Vive y convive con los indios, sin dejar de ser español por raza y formación familiar. Y de ambos veneros deduce su modo de ser y pensar. Es español y se siente la cultura Occidente, tan matizada de semitismo en España; pero es indio en el alma, si no en la sangre, con el contacto largo y hondo con los vencidos de Tezcoco. En esta circunstancia está la gran valía de Durán y sus escritos. En esta introducción intento solamente dar los temas fundamentales que ayuden al lector a leer su obra, con provecho. En algunas partes soy deficiente por lagunas de información; en otras, soy deficiente por mi propia voluntad. Daré ahora para ayudar al lector de esta edición una serie de notas sobre su vida y sobre su obra, en general, y la consideración propia de cada una irá al principio de la edición de cada uno de los tres escritos suyos.
Largo pero vale mucho la pena. Deberían promover más su lectura en las escuelas en México. A diferencia de Sahagún la versión de Durán de la historia tiene más emoción y se siente un mayor envolvimiento en la época.