Con el objetivo de realizar una evaluación objetiva de la mayoría de las problemáticas que ocupan al feminismo hegemónico, y guiado por un criterio científico, este libro examina si es cierto que las mujeres ocupan pocos cargos jerárquicos en las profesiones que prefieren, qué impacto tiene la maternidad en la economía femenina, cómo puede ser analizado el problema de la evidencia, el de las denuncias falsas y el del sexismo y las desventajas que padecen los hombres, entre muchas otras cuestiones. Nunca antes se reunió en un solo libro un abanico tan grande de temas que permitan adquirir una mirada panorámica y al mismo tiempo detallada sobre la agenda social y política el feminismo actual.
El auge de los movimientos feministas en Argentina, particularmente a partir del estallido del movimiento Ni una menos en el 2015, puso de moda un término que antes sólo se manejaba dentro del reducido círculo académico y militante del feminismo: patriarcado. Muchas personas empezaron a usar esa palabra, sin saber lo que significa. Para muchos, funciona como una especie de sinónimo culto de machismo.
La realidad es que este término designa a una estructura social en la cual los hombres, concebidos como una especie de clase/fratría, oprimen y subordinan a las mujeres. Difundido por el feminismo radical de los setenta, y masificado en los últimos tiempos, se convirtió en un término-comodín para explicar una amplia gama de fenómenos sociales: si hay mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas….patriarcado; si hay hombres asesinados en riñas callejeras por otros hombres…patriarcado; si hay pocas mujeres en la Facultad de Ingeniería….patriarcado; si hay muchas mujeres en la Facultad de Humanidades…patriarcado.
También, para mucha gente, se transformó en un dogma: no sólo negar, sino incluso poner en duda la existencia del patriarcado, convertiría al escéptico en cómplice o avalador de todos los hechos de violencia contra las mujeres. De esta manera, muchas organizaciones feministas adquieren una retórica (y un accionar) similar al de las iglesias cuando sostienen que quien no cree en Dios no puede ser buena persona o tener valores morales. En este caso, quien no adhiera al análisis feminista radical y a su concepto de patriarcado no puede ser solidario con las mujeres agredidas o discriminadas por motivos de género. Esto se agravó en los últimos años con la grieta entre el feminismo radical transexcluyente (TERF, por sus acrónimo en inglés) y el feminismo queer. Para el primero, las mujeres son oprimidas por el patriarcado en virtud de su anatomía, y por lo tanto, sólo las mujeres genética y biológicamente conformadas como tales serían el sujeto político del feminismo. Para el segundo, el patriarcado oprime a las mujeres y a las “identidades disidentes” que incluyen a un amplio abanico de personas como transexuales, homosexuales de ambos sexos, intersexuales, personas “no binarias”, etc. En este momento, en Argentina y en otros países ambos bandos están enfrascados en una feroz pelea por el acceso a los subsidios, los fondos públicos y los cargos en el Estado.
En este contexto, el libro de la Dra. Kreimer, toma al patriarcado como una hipótesis falsable, y somete varios de sus presupuestos a la contrastación y la verificación empírica, para concluir que esa estructura no existe en los países occidentales.
En este punto, cabe hacer una aclaración que se repite varias veces a lo largo del libro: la autora no niega la existencia de hechos de machismo y de discriminación sexista. Tampoco niega la necesidad de enfrentarlos. Lo que cuestiona (y para eso se vale de estudios y estadísticas) es que todos estos tengan como víctimas a las mujeres y como perpetradores a los varones. Esto debilita la hipótesis de que vivimos en sociedades patriarcales. La autora razona que si viviéramos en sociedades planificadas para favorecer a los hombres en detrimento de las mujeres, los hombres no constituirían la mayor parte de los muertos en accidentes laborales, de las personas en situación de calle, de la población carcelaria y de los muertos en conflictos armados, hechos que la autora considera probados y en cuyo respaldo exhibe abundante acopio documental.
En los primeros cuatro capítulos, tal vez los más polémicos, la Dra. Kreimer expone y cita una larga lista de estudios del campo de las neurociencias (Baron-Cohen, Lippa, Baumeister, Hines, etc) que evidenciarían diferencias promedio en los cerebros de hombres y mujeres, lo cual podría explicar las diferencias comportamentales y de intereses entre unos y otras, más allá de la socialización, hipótesis a la que adhieren excluyentemente la mayoría de las feministas. Con respecto a esto, hay que hacer varias aclaraciones:
1) La autora aclara que estos estudios no avalan ningún tipo de discriminación, ni justifican ningún tipo de tratamiento desigual. Son descriptivos, no prescriptivos. El principio ético y democrático de igualdad de oportunidades y trato es independiente de los resultados de cualquier estudio neurocientífico.
2) La autora remarca permanente mente que se trata de promedios estadísticos. Decir que en promedio la mayoría de las mujeres prefieren las actividades con personas y la mayoría de los hombres, las actividades con objetos, no implica negar la existencia de las minorías estadísticas que tienen las preferencias típicas del sexo contrario.
3) La autora no niega la influencia sociocultural. Las predisposiciones biológicas interactúan con la cultura. Las explicaciones biológico-evolutivas y las explicaciones socioculturales no se contradicen: se complementan.
4) Los estudios citados hablan de preferencias no de capacidades. Que a la mayoría de las mujeres les guste más las tareas sociales que las técnicas, no significa que sean incapaces de desarrollar estas últimas con igual o mayor eficacia que un hombre, o que un hombre no pueda desarrollar las primeras con igual o mayor eficacia que una mujer.
En los capítulos V a VIII la autora somete a rigurosa contrastación empírica y chequeo de datos a varios lugares comunes del discurso feminista: el “techo de cristal” (el mecanismo patriarca que dificultaría el ascenso de mujeres hasta las altas jerarquías de la política, el mundo profesional y los negocios), la brecha salarial (la difundida creencia de que las mujeres ganan menos que los hombres por el mismo trabajo) y la violencia de género (entendida como la violencia que padece una mujer por su mera condición de tal). También presenta estudios y estadísticas que parecen contradecir estas creencias arraigadas con fuerza de dogma en el feminismo y en buena parte de la sociedad.
Los capítulos IX y X, tratan acerca de la transexualidad y la homosexualidad, respectivamente. Mi impresión personal es que la autora es mucho más complaciente con el movimiento LGBT que con el feminismo. Acaso se deba a un sesgo particular o al temor de quedar asociada a antifeministas de derecha, como Laje o Márquez. A diferencia de estos, la autora no critica al feminismo desde una perspectiva conservadora. Tanto en este libro como en varias de sus intervenciones públicas, la Dra. Kreimer se mostró favorable al derecho al aborto, el matrimonio igualitario y los cupos laborales para personas trans. De hecho, en estos capítulos refuta varias de las falacias homofóbicas vertidas por el dúo Laje- Márquez en su opúsculo El libro negro de la nueva izquierda. Sin embargo, en el capítulo IX recupera el concepto de “disforia de género”, impugnando por casi todas las organizaciones LGBT por considerarlo “patologizante” de la identidad trans. También reconoce los problemas vinculados con la inclusión de mujeres trans en las categorías femeninas del deporte, donde las diferencias anatómicas podrían provocar una injusticia y se manifiesta contraria (o al menos desconfiada) con respecto al suministro de tratamientos hormonales a menores de edad (pag.424). Pese a esto, omite mencionar que esta es la postura oficial de la mayoría de las organizaciones LGBT.
En los capítulos que siguen hace referencia al masculinismo, como movimiento político por la defensa de los derechos de los varones (dedica todo el capítulo XI a analizarlo) y problematiza el tema de los estereotipos de género. El capítulo XIV lo dedica a lo que llama “la agenda pendiente del feminismo” ya que considera que la no existencia del patriarcado en Occidente no invalida automáticamente la lucha feminista, en cuanto lucha democrática y antidiscriminatoria. Enumera algunos puntos que considera que tendrían que estar en esta agenda: aumentar el número de guarderías gratuitas, incrementar los días de licencia por maternidad o paternidad y el derecho al aborto en los países en los que no está permitido (al momento de escribirse el libro aun no se había aprobado la ley de IVE en Argentina). El capítulo XVI lo dedica al tema de humor y las expresiones artísticas amenazadas por la corrección política y toca, muy tangencial y mínimamente, el tema de la prostitución. En lo personal, considero que la autora tiene una posición muy liberal sobre ese tema y deja afuera muchas variables, como la función de las mafias que manejan el proxenetismo. Pero claramente, es un tema que excede el contenido del libro, y que merece un tratamiento más exhaustivo.
En resumen, creo estar en condiciones de asegurar que el libro de Roxana Kreimer es una obra indispensable para entender muchos de los debates que se están desarrollando hoy con respecto a las cuestiones de género. Adhiramos o no a las tesis de la autora, lo cierto es que esta nos ofrece un amplio compendio de bibliografía y material documental, procedente de distintas disciplinas (neurobiología, psicología, economía, estadística, sociología) que puede ser verificado y contrastado, confirmado y refutado.
En una época en la cual muchos debates sociales pretenden ser zanjados con un “tengo un amigo al que e pasó tal cosa” o un “cállate, no seas facho”, no es poco decir.
Es un libro bastante interesante por todas las temáticas que aborda a la luz de la evidencia científica. El tema central del feminismo hegemónico y la forma en cómo aborda los fallos en él, las falacias lógica, científicas e históricas es uno de los puntos ejes que en mi particular lectura puedo destacar (y que fue lo que más me gustó).
Dado que la autora es Argentina, muchos de los datos se centran en ese país, así como en Europa y Estados Unidos. Me gusta que haga análisis comparativos sobre investigaciones en los diferentes continentes y/o países. Sin embargo, creo que hace mucha falta que otros autores puedan revelar datos empíricos de América Latina(como en el caso de México).
Es cierto que como advierte la escritora, al principio muchas de las afirmaciones y datos que se muestran en el libro pueden herir al público sensible, no porque sean por sí mismas hirientes, si no porque la evidencia científica de los discursos que escuchamos constantemente sobre el feminismo no son como dicen que son.
Considero el libro como una lectura obligada para cuestionarnos a nosotros mismos sobre las ideas que tenemos acerca del feminismo, la igualdad de género y el lugar del feminismo en la actualidad, así como las disparidades que hay entorno al tema, y la evidencia pseudo científica que intenta respaldar posturas, ideas y datos irreales.
Es un gran libro para cuestionarnos todo. Brevísimo para la escritora.
Hoy en dia es una lectura obligada. Fundamenta todo lo que dice con datos y recorre las diferentes versiones que existen actualmente. Muy recomendable.
Excelente. Valió la pena la espera (seguidores de Roxana en las redes esperábamos este libro desde hace unos dos años). En 553 páginas, Kreimer derrumba los conceptos pseudocientíficos del feminismo hegemónico. No le teman y léanlo.
Me encantó el libro, concuerdo mucho con el pensamiento de Roxana. Ultimamente me he topado con la frase de que los hombres no pueden ser feministas y no opinar en temas relacionados con las mujeres. Y este libro explica claramente que los hombres independientemente de quienes o como seamos tambien podemos participar. Vivo en un mexico donde hay mucho sexismo pero creo que ha cambiado para bien, los hombres estamos entendiendo nuestro nuevo rol en la vida y aunque hay muchas hombres y mujeres que siguen con el mismo pensamiento no significa que vivamos en un patriarcado ya que las leyes protegen mas a las mujeres y hay una apertura para que trabajen en donde ellas gusten.
Sin duda un libro que confirma que hoy en día, seguimos sin igualdad de género, pero ahora volteando la cara de la moneda. Lo recomiendo mucho para abrir mas nuestra perspectiva y dejar de repetir discursos mainstream que les falta investigación y rigor científico.
La bibliografía muy completa que sustenta todo el argumento central del libro está perfectamente investigada y sirve de gran aportación para promover la intelectualidad en el discurso público. Discrepo con alguno de los principios morales de la autora y su visión del Estado y el derecho; pero en general el rescate de perspectivas científicamente informadas me parece excelente para todos los lectores.
Una obra muy interesante. Abarca los principales temas por los que militan las feministas hegemónicas, de la cuarta ola, así que lo recomiendo muchísimo para quien quiera familiarizarse con estos temas tan vigentes en la agenda política y en los medios de comunicación de, por lo menos, estos últimos 5 años. Roxana ha hecho un gran esfuerzo por compilar dichos temas y ofrecer contraargumentos, incluso desmentir algunas afirmaciones que algunos grupos feministas dicen por ahí como si fueran verdades absolutas. Este fue el principal motivo por el que decidí leer este libro: me identifico con algunos de los reclamos del feminismo actual, pero otros me resultan inverosímiles. Kreimer parte de la siguiente premisa: no se puede analizar nuestra conducta, nuestras preferencias ni la diferencia entre los sexos únicamente desde un punto de vista sociológico, cultural; somos producto de la relación constante entre biología y cultura. Y este es un hecho innegable. Dicho esto, me gustaría mencionar algunas cuestiones problemáticas que encontré en este libro. - Uso excesivo de la voz pasiva. - Cada capítulo está sobrecargado de referencias a estudios, experimentos, miles de estadísticas y citas entre paréntesis. Esas referencias me parecieron excesivas. Creo que este formato interrumpe la lectura y desconcentra. En relación con este punto, esperaba leer más opiniones y análisis de la autora fundamentados con evidencia recopilada de estudios y trabajos de otros autores, pero, en general, no encontré que haya dado una opinión propia sobre ningún tema, en todos los capítulos termina contraargumentando las hipótesis que presenta como erróneas con opiniones de otros autores. En algunos casos, la supuesta evidencia que contradice esas hipótesis no me pareció muy contradictoria. - En el capítulo sobre la "cultura de la violación", Kreimer parte de un término acuñado en los EE. UU. en los 70, un contexto temporal y social muy distinto al actual, para luego argumentar que esta cultura no existe utilizando como ejemplo datos aportados por instituciones argentinas en 2016. Es decir, el salto temporal y la diferencia socioeconómica entre los países es abismal, no parece haber correlación. No se puede argumentar que no existía una cultura de la violación en las universidades estadounidenses en los 70 a partir de datos de instituciones argentinas en 2016. Es obvio que este término se creó en referencia al abuso que sufrían mujeres, en especial mujeres jóvenes, en ámbitos universitarios y cercanos a este espacio, una época en EE. UU. donde, por cierto, hubo una proliferación de agresores sexuales y asesinos en serie, no había redes sociales (que permitieran concientizar o debatir sobre este problema) y las denuncias eran muchas menos. Las instituciones que cita se crearon justamente después de esta época, a raíz de la cantidad de casos y denuncias como una medida de respuesta y estadística. Interpreto que a la autora no le gusta o no le convence este término porque no incluye ni explica los abusos contra hombres y niños, solo contra mujeres, pero tampoco ofrece una explicación ni hace referencia a estudios que hayan investigado esos abusos contra hombres. La "cultura de violación" no implicaba necesariamente que todos los hombres por el hecho de ser hombres tuvieran deseo de abusar de una mujer, pero sí implicaba que muchos hombres y mujeres que sabían o habían presenciado este tipo de agresiones se callaban, porque lo habían naturalizado o porque tenían miedo de hablar. Sin duda, el contexto temporal actual es muy diferente al de los 70, por lo que, tal vez, no sería adecuado hablar de una "cultura de violación" hoy; pero Kreimer utiliza perspectivas temporales muy distantes para argumentar su punto. - En el apartado donde hace referencia a los concursos de belleza, nos dice que es bueno "celebrar la belleza femenina", sin dar una justificación. ¿Por qué deben hacerse los concursos de belleza femenina? ¿Cuál es su utilidad? ¿Por qué no hay, paralelamente, un concurso de belleza masculina? ¿Por qué se valora tanto la belleza femenina? El argumento de que la belleza femenina es lo que más valoran los hombres termina justificando el nacimiento y la continuidad de estos concursos como un evento machista, donde la mujer sí se cosifica, por voluntad propia (claramente) y por el público que la observa. Quiero dejar en claro que no estoy en contra de estos concursos, me da igual, pero no creo que se pueda justificar su "utilidad" desde otro punto de vista que no sea la cosificación sexual de la mujer. - En el apartado sobre la comunidad LGBT, sostiene que el sexo genital es parcialmente mutable mediante terapias hormonales y quirúrgicas, pero aquí el problema es el término "mutable", porque en este caso el cambio sería consecuencia de la intervención humana, no es una mutabilidad natural. - A lo largo de este libro, se hace mucho hincapié en que la violencia no tiene género y en que los hombres sufren mucha más violencia que las mujeres y son el mayor número de víctimas de homicidios. Es cierto, sin embargo, cada vez que leía esto, predominaba en mí la "mente feminista" y no podía evitar pensar "sí, pero los hombres son mayoritariamente víctimas de otros hombres, no tanto de mujeres". Si bien la autora reconoce esta reflexión y ofrece una buena explicación desde la perspectiva evolucionista, no se pregunta si deberíamos desalentar esta constante violencia desde cambios culturales, violencia que sí considero parcialmente "masculinidad tóxica" en detrimento no solo de mujeres, sino de hombres.
Sobre el autor Roxana Kreimer es una filósofa y escritora argentina, licenciada en Filosofía y doctora en Ciencias Sociales, por la Universidad de Buenos Aires. Ha escrito 7 libros con anterioridad al que hoy reseñaremos: Historia del mérito, Artes del buen vivir, Falacias del amor, La tiranía del automóvil, El sentido de la vida, Desigualdad y violencia social, La vuelta al mundo con filosofía. Recientemente ha publicado otro titulado El fracaso de la derecha. Además realiza una gran labor de divulgación, tanto en Twitter, desde la cuenta “Feminismo Científico”, como desde su canal de You Tube. Por sumar a su extenso currículum, dirige desde hace más de 15 años un Café filosófico en Buenos Aires. Resumen y detalles del libro Tal como la autora señala, su intención es contrastar la evidencia empírica con los fundamentos principales en los que se basa el feminismo en nuestros días. La autora se definirá a sí misma como feminista, pero se situará en un feminismo “científicamente informado” que busca por la igualdad. Inicialmente la autora nos presenta su apuesta metodológica por las tesis de la psicología evolucionista (que se remontaría a la teoría de la selección sexual de Darwin), explicándonos las diferencias que tendría con el determinismo biológico del siglo XIX. Por esta razón la autora criticará el constructivismo social (que defiende que la biología no existe, y que nacemos como páginas en blanco), imperante en nuestros días. De esta forma, gran parte de la obra está centrada en la diferenciación que existiría entre hombre y mujeres en base a sus diferentes funciones reproductivas. Posteriormente la autora pasará a revisar las principales premisas que defiende el feminismo: la necesidad de cupos, el “techo de cristal”, la “brecha salarial”, las denuncias falsas y el fenómeno “yo te creo, hermana”, el concepto de “violencia de género”, el “ecofeminismo”. En la parte final Kreimer expone en que consiste el masculinismo, reflexiona sobre el concepto de patriarcado a nivel jurídico, además de tratar otros temas como el humor y la censura, o la pornografía y la prostitución, para concluir con lo que ella consideraría la agenda pendiente aún del feminismo: la conciliación laboral, los derechos reproductivos o la remuneración del trabajo doméstico. Comentario Siempre digo que aunque discrepes en la interpretación o las conclusiones de una obra, el principal valor de un historiador es su capacidad para trabajar y exponer un número considerable de fuentes y datos objetivos. Este principio también sería aplicable al caso de Roxana Kreimer. En lo personal no proceso mucha simpatía por la psicología evolucionista, ya que en ciertos aspectos roza el materialismo vulgar y se olvida del factor histórico (palpable en la definición que la argentina hace del patriarcado), juzgando al ser humano como un animal más. Pero a pesar de esta suspicacia inicial, debo reconocer que es capaz de complementar (o enriquecer) las explicaciones científicas acerca de la diferenciación social entre hombres y mujeres. Se agradece que la autora apueste por un feminismo “científicamene informado”. Se aprecia así como la autora procesa esta ideología por principios, no por moda o beneficios económicos, algo cada vez más común desde el proceso el 68 y la progresiva imposición del feminismo a nivel social. Esto posibilita la duda y el debate, rehusando así del dogmatismo. A parte del dogmatismo (como la de señalar al sexismo como causa de cualquier cosa) y la escasa indagación empírica, la autora pone énfasis en la posición paternalista que muchas veces parece adoptar el feminismo con la propia mujer, exponiéndola como un ser inválido, llegando a extremos de repudiar la idea clásica de “feminidad” y exponer como ideal feminista conquistar los roles masculinos tradicionales. Un caso paradigmático sería el de los cupos, dejando claro Kreimer que el feminismo no tiene en cuenta las preferencias laborales dispares de cada sexo, aunque acepta en cierta medida los cupos (sin entrar a valorar el concepto de “discriminación positiva”), al igual que en lo referente al “techo de cristal” y los cargos jerárquicos. Igualmente es muy interesante la crítica al constructivismo social a ultranza, que fraguaría la escuela de Franckfurt pero encumbraría luego el estructuralismo francés, que tantos males ha causado en las ciencias sociales. Sin embargo, se hubiese agradecido que una divulgadora tan docta en filosofía como Roxana hubiese desarrollado un poco más la cuestión, tal como hace José Errasti en su obra Nadie nace en un cuerpo equivocado (aunque sin mucha fortuna, todo hay que decirlo). Una cuestión ciertamente curiosa es la crítica de la autora a la beatería que acabaría asumiendo el feminismo en lo que respeta a la prohibición del porno y la prostitución. A esto cabría replicarle que la contraparte que defiende el valor laboral de la prostitución o la “liberación” que esto supondría para la mujer, acaba derivando más en el nihilismo y la hipersexualización que en una libertad sexual sana y consciente. Pasando un poco a la crítica, tal como he señalado, hay ciertas partes de la obra en la que se tiende un poco a exagerar el factor biológico-sexual en la división social por sexos. De esta forma Roxana acabaría ligando sexo y género de forma demasiado rígida , o haciendo análisis como si el ser humano moderno aún viviese en el Paleolítico Superior. Precisamente esa fuerte ligazón sexo-género es lo que provoca la posición de la autora al respecto de la Transexualidad, sumando que lo hace ligándolo a una dicotomía caduca como es el eje izquierda-derecha. La autora parte de la supuesta existencia de caracteres cerebrales que predeterminarían el género de una persona. Una postura desechada por la ciencia (me vuelvo a remitir a José Errasti), y que incluso a nivel de lógica formal se podría venir al bajo al plantearle la pregunta: ¿Si el género lo determina el sexo, que hace el cerebro determinándolo independientemente del sexo de esa persona?. Otra cuestión es el lenguaje inclusivo, aunque en este caso la autora creo que hace una definición incorrecta del término, ya que cita la lógica substitución de plurales genéricos como “hombre” (que ni siquiera sería machista en su origen latino, ya que era el genérico plural sin género homo-homini, mientras que al varón correspondía el vocablo vir-virilis) por “personas”, pero esto no sería la jerga posmoderna que todos tenemos en mente cuando se nos nombra el lenguaje inclusivo. A pesar de las discrepancias con la autora recomiendo el libro por su calidad como arma arrojadiza repleta de datos contra el dogmatismo imperante en tantas autodenominadas “feministas”, consiguiendo con él abrir la brecha entre las vividoras del feminismo y las alienadas por los cantos de sirena, primer paso imprescindible para lograr sumarlas al progreso social y a la igualdad real. Como conclusión me gustaría transcribir la frase final de la obra, una síntesis genial de los ideales de Roxana Kreimer: “No es buena idea convertir a la mitad de la humanidad en enemiga de la otra mitad. Si hemos llegado hasta aquí es porque se han entendido, y el futuro de las próximas generaciones depende de que lo sigan haciendo”
Si bien, Roxana tiene razón en que el feminismo actual es patético y anticientífico (para cualquier marxista serio esto no es novedad), está de dudarse si en verdad ya no existen tendencias misóginas, machistas y patriarcales (porque claro que existen, y son empíricamente comprobables).
La cosa aquí es que la inversa, tal y como Roxana señala, es cierto (y empíricamente comprobable): la misandria claro que pasa y existe en las sociedades capitalistas del siglo XXI.
¿A qué se debe esto?, es decir, ¿cómo puede haber patriarcado y misandria al mismo tiempo?
La cosa (que insisto, para nosotros los marxistas no es novedad), es que todo depende de quienes poseen capital y quienes no. Quienes son parte de la clase burguesa y quienes son de la clase trabajadora. Por evidente que suene, hombres y mujeres somos parte de dicha división social de clase. Pero, y lo que le hace falta indagar a Roxana, es señalar como poco o nada importa sexual y biológicamente hablando en torno a la posición socioeconómica, más bien lo relevante es que tanto capital posees. El patriarcado y la misandria son productos de la lucha de clases.
Así nos damos cuenta de que, como bien señala Roxana, el feminismo actual es mero capitalismo de colores, empero, y donde sólo habla una vez la autora, la cura para que la relación entre ambos sexos sea pareja, sana y justa es un modo de producción socialista.
Ahora, yo sé que esto nunca fue la meta de la autora, pero se agradecería que reflexionará sobre ello (en especial considerando el tamaño del libro).
Es por estas razones por las cuales el presente libro tiene no más que tres estrellas: acierta en sus críticas (y se aprecian), pero falla en presentar una solución viable (dialogar es un paso pequeño en comparación de todo lo que se tiene que hacer).
Increíble libro de Roxana. Me volví su seguidor a partir de que lo empecé a leer y me parece un libro con un gran valor social. Estamos viviendo tiempos de extrema polarización, en donde pareciera que solo hay dos bandos, polarización que nos impide ver más allá y desarrollar un pensamiento crítico sobre todos los elementos que alimentan nuestra PERCEPCIÓN. Roxana emprende la travesía por demostrar que debemos entendernos para avanzar como sociedad.
Un libro removedor y provocador, que sustenta en estudios generalmente bien documentados ciertas tesis que contradicen buena parte de lo que se afirma sobre cuestiones de género. Muy buen insumo para cuestionar ideas consolidadas sin mucho fundamento, y para iluminar los debates sobre el tema.
Claro, didáctico y honesto. Fiel a su estilo, Roxana Kreimer, aborda temas polémicos y adopta posturas controvertidas con mucho tacto pero sin tibieza.
Excelente libro sobre todo en lo referente a su “exhaustiva bibliografía” (lo que es de agradecer para ampliar los conocimientos de determinados temas). Rompe con muchos de los mitos del neo-feminismo de la cuarta ola, con argumentación científica (como debe ser).
Es favorable la autora a una convivencia lo más armónica posible entre ambos sexos y eliminar los antagonismos ideológicos, muchos de ellos irracionales, que tienden a fracturar la convivencia social y su deterioro en forma de violencias.
De lectura recomendable tanto para mujeres como para hombres, de una nueva sociedad en la que la tolerancia y el respeto mutuo vuelvan a ser valores fundamentales para crear un mundo más igualitario.