Un tanto decepcionante final para la llamada «Trilogía del Yo»: el mensaje no nos es sugerido, sino telegrafiado de una manera tan obvia y patente que parece que Altarriba piensa que se dirige a tontos del bote. Y tampoco es que descubra América, precisamente: la política es pura corrupción (todos los políticos de todos los partidos políticos); los que sufren pulsión de poder son megalómanos y/o psicópatas, en acto o en potencia; los nacionalistas y los españolistas, en el fondo, se llevan fenomenal y se conchaban para generar odio y mal rollo entre los ciudadanos, lo cual se traduce en votos para ellos en las elecciones. Pues vale, caballero, qué sorpresa, ¿no?
Altarriba pone en palabras clarísimas, y en boca, no de un outsider de dudosa fiabilidad o estabilidad mental, sino de un miembro respetado del establishment, estas reflexiones que carecen de profundidad por lo obvias, y de interés por lo mismo. A estas alturas, a excepción de los clásicos e incluso entrañables forofos de tal o cual partido, o de los chavales idealistas o ideologizados, todo el mundo que tenga dos dedos de frente está perfectamente al tanto de la pantomima que se produce cada cuatro años y que recibe el nombre de «elecciones generales». Se trata de una especie de entremés que hace que la comedia llamada «democracia» tenga un poco más de gracia. Pues nada.
El panfleto lo salvan los excelentes dibujos de Keko, que está estupendo, como siempre, aunque en este caso le toque ilustrar una obra que, sinceramente, no está a su altura. Al menos, Altarriba cierra los cabos sueltos que ha ido dejando en los otros volúmenes de la trilogía, lo que habrá que aceptar como premio de consolación por haber logrado terminar el libro (cuesta). What a pity...