Gabriela Mistral (1889 - 1957) fue una poetiza galardonada, maestra y diplomática chilena, cuya obra trascendió gracias a su lírica y simbología, así como por reflejar las realidades olvidadas, como las zonas rurales y los desafortunados, además de plasmar su vínculo emocional con los paisajes e ideales chilenos, que son una parte de la identidad latinoamericana.
Mistral gana el Nobel en 1945, pero su obra ya era respetada en algunos grupos literarios nacionales. Permaneció fuera del ojo de la crítica, a comparación de poetas como Neruda, Huidobro y De Rokha; quienes permanecían en disputas por el reconocimiento y las ideologías políticas.
En cambio, Mistral mantuvo mayor acercamiento a la gente de las zonas rurales e indígenas debido a su labor como docente. De igual modo, tras su viaje a México, esta labor le ayudó a generar mayor intensidad emocional con la gente menos privilegiada y a contemplar aspectos de la vida que en Chile le fueron un tanto ajenos.
Vuelta a Chile, empieza a publicar sus poemas y a manifestarse en pro de la educación, los derechos de los niños y los problemas socioeconómicos que se atravesaba en el país.
También, los desamores y crisis existenciales fueron motivo de inspiración para crear nuevos poemas, que resultarían ser los primeros en ser escuchados fuera de Chile y con mayor aceptación.
Desde lo personal, la obra de Mistral hace una división entre lo clásico (por la composición y estructura de sus poemas) y lo moderno (por la temática y variedad, la evolución que la a sus poemas; producto de la edad y cierta melancolía insatisfecha). Basta leer sus primeros poemarios (América, Saudade, etc.)y llegar hasta A la muerte de mi madre, Alucinación y Dolor, para darse cuenta de que algo ha cambiado, madurado y se expresa directamente, sin dejar de lado la musicalidad con la que fabricaba sus anteriores versos.