Entre las colinas, en los cobertizos, por puentes colgantes, por mares, por ríos, por bosques, por huertos o bien en el centro de la habitación acechan misterios a niñas y niños que van sin aviso. No salten la soga ni escupan semillas, no miren muy fijo a ningún insecto. Al llegar la noche, con una linterna ¡tiemblen como estrellas leyendo este libro!
Los poemas de Roberta Iannamico ofrecen personajes en situaciones que oscilan entre lo siniestro y lo desopilante, entre lo que asusta y lo que da risa, y van acompañados a la perfección por las ilustraciones de Pablo Picyk, que hacen hincapié en esta inquietud que nunca se resuelve en los poemas, al menos no del todo. En algún punto (lejano y mucho menos crudo), es un libro que recuerda a Edward Gorey y sus “pequeños macabros”. Vale la pena sumergirse en las historias de estos nuevos personajes y en el ritmo de los versos de Iannamico.