neozona es un documento social y literario compuesto de pequeños relatos, crónicas y poemas autobiográficos. Juan Carreño nos interna en el mundo de los barrios marginales. Son historias vividas desde las entrañas de la realidad más cruda y áspera de las poblaciones, un tejido social cuya fragilidad el autor recorre con una destreza literaria única, con un estilo directo y sentimental. Del eriazo, de las ferias libres, desde los pasillos de un supermercado saqueado, del funeral de un capo narco, del robo de cajeros automáticos y de sus viajes iniciáticos por Latinoamérica cargados de aventura y desprovistos de dinero–, desde la sobrevivencia, el amor, el erotismo y, también, el humor surgen estas historias rotas. Un libro urgente, a la vez crudo y poético, en el cual nos sumergimos en las profundidades del desencanto social.
“Hijo de funao” era un posible título para este libro y creo que lo resume bien. En estos recortes de crónicas y poemas, Carreño nos habla de viajes por latinoamérica, la quema y saqueo de supermercados, la relación epistolar con un amigo preso, grupo de whatsapp de vecinos, etc. Es bien disperso, sí, pero disfruté mucho la honestidad con la que se salta de un tema al otro.
La poética de Juan Carreño bien podría resumirse con el título de otro de sus libros, Compro fierro. Su oficio consiste justamente en ir en busca de los materiales innobles, de aquello que los demás considerarían deshecho, de lo oxidado y corroído de la experiencia. Es en el lenguaje de la calle, en los barrios marginales, en las cárceles y en las aventuras low-cost que puede permitirse cualquiera que le falte dinero pero le sobre espíritu aventurero en donde Carreño encuentra lo que necesita para escribir textos que, sin embargo, no dejan de aspirar a la belleza. Lo increíble es que lo consigue. Hay algunos escritos que son realmente perfectos. Igual de interesante es el componente político del libro. El relato de la transición entre el entusiasmo del 18-O y el panorama postapolíptico de la pandemia merece toda la atención del mundo en tiempos en los que la memoria de esa época la escriben los pseudointelectuales de los think-tanks y los periodistas lamebotas de la elite económica. Puros hueones.
Son muy buenos los textos de Carreño, pero el libro en sí no tanto. Uno disfruta su forma de contar las cosas, esa mirada que le da lo que le pasa o a lo que pasa a los otros; pero en su conjunto pareciera quedar un poco raro, aunque se entienda la idea, esa belleza que está en el lenguaje ajeno y en los símbolos.
sí me va lo caudaloso que se pase por el noesni mismo la puntuación y le de con la enumeración caótica y escribir como se habla y a la mierda la ortografía los temas también buenos; la pobla, el amor, el viaje, la pobreza, la belleza de las madres solteras y el estallido de chile como el palo de pinilla, como todo lo arraigado en este país que se queda siempre en el casi, muy chileno todo
4.5 mezcla de poesía y testimonio autobiográfico desde un lugar diferente a del escritor chileno habitual, el típico intelectual de clase media acá está ausente porque esta escritura quizás solo está emparentada en su origen social con Pedro Lemebel, aunque sin su barroquismo.
Un grato descubrimiento para mí este año ha sido Juan Carreño. El @albo_lectxra de instagram lo recomendó con el blurb "poca rima, harta chuchá". Es una descripción certera. Me leí el volumen de poesía reunida, que me resultó algo agotador, y luego este, que es más variado en términos de los géneros que emplea. Una escritura conectada con el entorno, con el lugar que habitas y por donde transitas. También con lo que escuchas de refilón, porque hay poesía y drama (¿Shakespeare acaso?) hasta en las peleas del metro. Un buen oído es siempre un buen comienzo en poesía.