Pese a que en un boceto de una conferencia sobre Paradiso Lezama cita a Borges como influencia, cuando el escritor argentino dijo del cubano que lo desconocía, Lezama respondió que el desconocimiento era mutuo. Tengo a Borges en un trono muy alto, pero el leer Paradiso ha hecho que este trono se tambalee y Borges palidezca.
Paradiso es una novela inabarcable, por muchos motivos. Uno, por su lenguaje sobrecargado, riquísimo, abrumador. Otro, por la construcción de las frases, que empiezan de cierta manera y en cierto momento se transmutan y acaban de forma impredecible, en lo sintáctico; por los símiles y las explicaciones en las que lo que debería aclarar al lector lo que le hace es sumirle en la incertidumbre, deslumbrarle por una imagen inclasificable y finalmente, abrumarle. Tres, por la complejidad narrativa y la manera en que burla convenciones que posibilitan la comprensibilidad. Lezama nos complica, nos alucina y nos abruma. Cuarto, por la riqueza de personajes y lo impredecible de sus actos. Quinto, por la riqueza cultural de Lezama Lima, la manera en que nos expone de forma profunda saberes que están en segundo término de autores y fuentes a veces difícilmente accesibles que nos desconciertan, arrebatan, abruman. Sexto, por la manera de mover argumentaciones, cuyo desarrollo muchas veces depende de la personalidad e idiosincrasia de Lezama Lima y que nos pueden subyugar, enceguecer, abrumar. Etc., etc...
Y finalmente, tras todos los puntos que queramos apuntar, porque todo en Paradiso es, lo primero, exposición del yo (de ahí, lo importante de la vida familiar) y, segundo, la exposición de una sistema poético que nos desarrolla de mil maneras y que se traduce en dialécticas, imágenes, metáforas, personajes y acciones de estas.
Por cierto, leyendo a Lezama se da lo mismo que comentan los lectores anglófonos nativos de Joyce. Lo enrevesado no impide que, al final del todo, acabemos riendo con el humor explosivo e irreverente del cubano, que por serio que sea lo que nos quiera contar, y por alambicadas que sean sus construcciones y exquisito su lenguaje tan personal, cuando acaben sus frases y argumentos siempre nos espera una carcajada. Si no, no lo estamos leyendo bien.
Una primera lectura de Paradiso es siempre inocente, y exige la relectura. Es más, como dice Eloísa Lezama Lima, en su edición de Cátedra de la misma, parafraseando a su hermano citando a Joyce, exige del lector una vida dedicada a leer su novela: leer antes sus ensayos, su poesía, saber de su vida y, sobre todo, dominar todo el sistema de citas y cultura acumulada de esta novela.
Historia del yo, en Paradiso no es que haya un personaje en el que se refleja José Lezama Lima, que es José Cemi (y su familia, es la de Lezama), sino que Lezama luego se desdobla en un aspecto positivo, Fronesis, y uno negativo, Foción. Pero que además se transustantiviza en Oppiano Licario, un maestro con el que apenas se encuentra y cuyo legado empieza en el momento en que Opianno muere y Cemí, de forma casual o mágica, descubre su velatorio.
Esta lectura inocente nos hace creer que hay desequilibrios y diferencias en cada sección de Paradiso, o desarrollos caprichosos (aunque el capricho es un elemento de construcción en esta novela), pero seguramente esto no sea así.
Archivos de la Unesco publicó la gran edición de Paradiso, con dirección de Cintio Vitier, que nos ofrece una edición crítica de un texto vacilante en cada publicación. El equipo compagina la edición cubana, la mexicana (a cargo de Julio Cortázar y Carlos Monsiváis) con el manuscrito, al que se añade la edición de Eloísa L.L. en Cátedra. A este texto pulcro, añade una introducción hecha por María Zambrano (que me temo que, aún conociendo bien a Lezama y su obra, no se había leído la novela) y una serie de ensayos temáticos sobre la misma. Además, hay resúmenes críticos extensos de cada capítulo, que son utilísimos como guías sugerentes y no completas para preparar la lectura de cada uno y/o para tras la lectura, ver algo de luz tras tanta brillantez que nos ha dejado cegados. Un sistema de notas a pie de página que nos indica las variaciones de cada versión y el manuscrito. Otro sistema de notas a pie de texto que corre paralelo al primero de aclaraciones de texto (que se complementa con un glosario final). Y finalmente, otro sistema de notas extensas al final del texto dedicado a aclarar cuestiones culturales y temáticas del texto, y giros en el desarrollo de citas o de tema que nos aclaran la lectura de tan rico e intrincado texto.
Y, por si fuera poco esto, el esquema hecho por Lezama para una conferencia nunca leída sobre Paradiso, un cuestionario entrevista sobre la misma, un álbum de reproducciones de páginas del manuscrito, un pequeño epistolario entre Lezama y otros personajes sobre la novela... Y dos muy completos índices, de personajes culturales y de lugares citados, que nos permiten la lectura. Y naturalmente, la consabida cronología del autor y las bibliografías pertinentes.
Es una edición riquísima y casi inencontrable, de caja grande, letra pequeña y papel de biblia, que pueden así condensar en menos de 800 páginas lo que podría rozar las 2000
¿Le falta algo a esta edición? Sí, la magnífica y muy útil introducción de su hermana, Eloísa Lezama Lima, para su edición en Cátedra, en la que da un esquema sucinto del sistema poético de Lezama y de su teoría de las eras imaginarias. Y en que además nos brinda un apunte biográfico de la vida de Lezama y de la familia de ambos que nos permite relacionar realidad con realidad ficcionalizada, así como un resumen narrativo de cada capítulo. Esta edición de Cátedra es más accesible que la de Archivos, aunque Vitier nos indica que no hay compaginación en ella con el manuscrito, y en la que nos advierte de cambios en la peculiar puntuación de Lezama, asimilada a una frase poética y modalizada por la respiración asmática que sufría.
Pues os invito a leer esta, una de las más grandes novelas escritas y de las mejores en lengua española, y que permanece oculta y secreta por su difícil acceso.
E indicaros que, cuando acabe Paradiso, nos queda su inferno secuela, la inconclusa Oppiano Licario, de la que tenemos 10 de los supuestos 14 capítulos proyectados.
Señores, bienvenidos al mundo de los sueños de Lezama.