Después de un traumático episodio familiar, Vivar dejó el cuerpo de policía de Madrid. Ahora se gana la vida como detective resolviendo casos de poca trascendencia. Hasta que Adela, una madre preocupada por las compañías de su hija Jimena, lo contrata. Parece un caso más de vigilancia, pero todo cambia cuando alguien cercano a Jimena resulta asesinado.
Vivar se verá envuelto en una situación en la que, de alguna manera, se sentirá identificado, cruzando la línea entre su obligación profesional y sus sentimientos personales. Y, mientras todo esto ocurre, prepara la venganza que el pasado merece, buscando la justicia que no supo encontrar cuando era policía.
Vivar es un policía madrileño que se gana la vida fuera del cuerpo resolviendo casos. Un día una mujer le pide ayuda para que vigile al compañero de su hija que le da mala espina y cuando acepta el caso alguien atenta contra la vida de este y el caso se complica.
Al mismo tiempo, el policía sigue investigando un caso personal que le cambió la vida hace años. El final de la historia me resultó imprevisible y conmovedor.
He de decir que en algún momento me he perdido en los cambios temporales; me falta aun práctica en el lenguaje visual, desde luego no es lo mío.
David Braña ya aclara desde un texto introductorio que su escritura está intrínsecamente ligada a la narrativa noir en cualquier vertiente. VIVAR desde luego es un ejercicio puramente clásico en estas propuestas, aunque bien definido por parte del guionista para que, aún valiéndose de los arquetipos y tropos claros, se caracterice a ni dos páginas para una historia que sí, va como un tiro (sic.) tanto en el guion como en lo visual, con el artista Pedro Segade anclando bastante bien todo a una cercanía como la que se busca imprimir contextualizando la trama en la capital española.
Vivar es un ex policía con una desgracia personal a rastras que le ha llevado a desvincularse de la ley, al menos desde su nuevo perfil como investigador privado casual. Por recomendación de un amigo, le llega el caso de seguirle la pista al novio de una chica. Las preocupaciones de la madre no son infundadas y lo que suponía un caso rutinario de vigilancia explota de forma literal. Implicando totalmente al detective y al lector en un conjunto que, aunque entre y termine con una presentación escueta de este personaje (evidentemente habrá intenciones de fundar saga), nos descubre a algo más que un cliché con patas. David Braña sabe distinguir al personaje, ya sea con ese contundente hábito en el que le encontramos al empezar la obra y que luego se descubrirá como otro método de investigación personal, o con el detalle del ojo tuerto. El artista Pedro Segade también define un trazo algo menos severo y oscuro, lo cual ayuda mucho cuando el hombre se deje llevar por alguna pasión exacerbada en plena investigación.
David Braña apunta de forma bastante certera a lo que es el verdadero trasfondo de esta investigación. Con un tema de rigurosa actualidad que es cierto que incluso vimos ser eje central de cierta gran película protagonizada por José Coronado como otro investigador privado algo más violentamente cañí en No Habrá Paz Para Los Malvados. En VIVAR queda como agradecido añadido a la amenaza masculina en torno a la chica que inicia todo. No se puede pedir más en una extensión bastante acotada. Y sí que en el 3º acto y lo que podemos considerar un epílogo es donde puedo achacarle algo en contra al trabajo en el guion de Braña. Y es que sus personajes pierden esa cierta naturalidad en sus diálogos y expresiones al estar intoxicando sus intervenciones por verbalizaciones constantes y hasta literarias de explicaciones o exposiciones en torno a los hilos dramáticos y personales de los personajes relevantes.
VIVAR es un noir patrio a tener totalmente en cuenta. Seas más o menos ducho en el comic.