Hace unos días me regalaron el Tomo 1 de Yu Yu Hakusho en versión Kanzenban, y de verdad… wow. No recordaba lo increíblemente bien construida que está esta historia desde su primer capítulo. Volver a ella fue como reencontrarme con algo muy querido que, sin darme cuenta, había dejado guardado en algún rincón de mi corazón. Y leerla ahora me hizo preguntarme seriamente: ¿cómo pude olvidarme de lo buena que es desde el inicio?
A lo largo de este tomo, cada misión de Yusuke me llevó de la risa al llanto en cuestión de páginas. Su personalidad explosiva, honesta y tan humana te sacude sin avisar, pero también te abraza y te arranca sonrisas sin esfuerzo. Yusuke no es un héroe perfecto, y justamente ahí está su magia: es real, es contradictorio, es sensible (aunque no lo admita), y por eso conecta tan profundamente.
Fui súper, súper, mega feliz leyéndolo. Me divertí como hacía tiempo no lo hacía, y al mismo tiempo sentí cómo la historia tocaba fibras muy sensibles dentro de mí. Hay algo en Yu Yu Hakusho que no solo entretiene, sino que te invita a detenerte un momento, a mirar tu día a día con más conciencia, a valorar lo que te rodea y a sentir con el corazón abierto.
Además, reencontrarme con estas primeras misiones de Yusuke que no llegaron a ser animadas fue especialmente emotivo. Leerlas ahora, con otra edad y otra mirada, hizo que resonaran aún más fuerte en mí. Son historias que te hablan de la vida, de las pérdidas, de la amistad, del crecimiento y de encontrar sentido incluso en los momentos más caóticos.
Después de terminar este tomo, no me queda ninguna duda de por qué Yu Yu Hakusho es el SHONEN por excelencia. Es una obra que está increíblemente bien escrita, con personajes memorables y una narrativa que, cuando se lee con el corazón, deja huella. Algo dentro de ti se mueve, cambia, se acomoda de otra forma.
Leer este primer tomo fue un recordatorio precioso de por qué amo tanto esta historia. Yu Yu Hakusho no es solo un manga: es una experiencia, una emoción, y una de esas obras que siempre llegan en el momento justo… incluso cuando creías que la habías olvidado.