Francisco Bitar cuenta al comienzo de este libro que su mujer le dice Voltaire como una manera de incorporar al léxico familiar lo que, sin humor, podria ser un incordio, él es vueltero, encuentra el goce no en impactar el objetivo sino en sobrevolarlo, y ese rasgo definitivo de su carácter es un modo de vivir pero también de escribir. ¨Eso no es, acaso, el ensayo? ¨No es el ensayo la mejor excusa, la coartada perfecta para divagar, perderse, ramificar y al final volver? Un accidente controlado es la instancia fulminante en la que él, un escritor de lo pequeño, como se define, al mismo tiempo con arrojo y con modestia, se mete con un tema mayor, las formas de leer de los escritores, el autor como ensayista y, por que no, los caminos un poco secretos, incluso esotéricos, a través de los cuales alguien que no lo era un dia de convierte en escritor. Mario Levrero dijo que hoy casi cualquier cosa que se ponga entre una tapa y una contratapa es una novela, asi que este libro también podría ser eso, la novela en pedazos de cómo Francisco Bitar se puso un dia a leer y ya no pudo parar y cómo finalmente encontró un método, una manera propia de habitar la frontera entre lectura y escritura, esa tierra incógnita donde muchos se perdieron pero otros encontraron un lugar para vivir.
Francisco Bitar nació el 7 de abril de 1981 en Santa Fe, ciudad en la que vive. Ha publicado cerca de veinte libros de poemas, narrativa y ensayo, entre los cuales se incluyen la novela Tambor de arranque, los cuentos de Teoría y práctica y otros textos fronterizos como Historia oral de la cerveza, Mi nombre es Julio Emanuel Pasculli o El artista. Con la novela La preparación de la aventura amorosa inauguró la serie «De ahora en adelante», que continuó con La leyenda del muñeco de nieve y El cuerpo de un escritor; y con La muerte de César Aira, dio inicio a la serie «Cementerio de elefantes». En 2023 se publicó El taller literario, la primera de las novelas dedicadas a Gori Lizmayer. Lleva adelante el sello editorial independiente El buen desconocido desde 2021.
A pesar de lo que diga el índice, en mi lectura, el libro se divide en cinco partes. La primera es un largo prefacio en el que Bitar anuncia lo que vendrá. Dice: "Lo que se escribe acerca del acto de escribir parece detener la obra, suspendiendo su cauce continuo para cristalizarla en una foto del momento". Se demora en las razones para escribir ensayos ("ensayo de escritor", diferenciado a lo largo del libro de otros tipos de ensayo) y esboza su metodología que es explotada en la siguiente parte, "Tres movimientos". Afirma: "El ensayo aspira a una forma primera que es por lo demás el sueño de todo escritor iniciado: el de la escritura espontánea, no mediada, desliteraria, fresca e ingenua, la que encuentra su elegancia en su inocencia, en su trivialidad". En los primeros tres ensayos del libro, el autor comparte sus herramientas para la escritura de ensayos:
* "La vuelta": sobre los preparativos y cómo en esos preparativos, en ese sobrevolar el tema elegido, en ese movimiento espiralado que se va cerrando, está el ensayo. * "Ir de atrás": sobre la imposibilidad de que un ensayo sea conclusivo. "El ensayo es lo que pasa mientras uno va detrás de la idea". * "Exoesqueleto": sobre la estructura del ensayo y cómo ir de notas sueltas a un texto acabado que dé la impresión de ser una única pieza sólida. Comparación con la escritura de novelas.
La tercera parte está constituida por tres ensayos sobre cómo leen los escritores o, al menos, sobre cómo lee este escritor. Ya los había leído en la web y no los pensaba releer, pero por suerte lo hice. Esos textos me habían resultado pesados en la pantalla, pero en el papel fluyeron sin estorbos. Me queda la duda de si es una cuestión de soporte o si, por el contrario, se debe a que entre una versión y la otra medió una vuelta más de edición. Sea como fuere, junto con los tres anteriores constituyen el núcleo imprescindible del libro:
* “La lectura y su doble”: algo muy difícil de explicar a quien no lo experimentó, íntimamente relacionado con el arte del subrayado, pero que a la vez es otra cosa. El ensayo lo resuelve con gracia y eficacia. * “La lectura del abandono”: renueva el imperativo borgeano de abandonar sin culpa un libro. “Un buen libro no es el que no se puede soltar, sino el que se puede abandonar en cualquier parte”. * “Del libro a la lectura”: plantea lo que podríamos llamar “la lectura conceptual”, la idea de que un libro no es tan bueno como la idea que nos hicimos de él antes de leerlo. Es el ensayo con el que menos coincido, aunque termina con un movimiento oportuno. Afirmar que esta idea habilita la escritura. También es un ensayo sobre la decepción.
La cuarta parte recoge lecturas y conferencias: “En defensa de lo pequeño” es la conferencia que dio en 2015 en el Festival de Literatura de Santa Fe (la escuché en su momento, la leí más tarde en la web y ahora la releí en papel; un clásico y una definición de principios, aunque como vemos en este libro, el autor ya pasó de página). “Nosotros no” es un discurso a los ingresantes de Letras de la Universidad Nacional del Litoral en 2019. Me interesó más por su carácter autobiográfico que por su conclusión. Lo sigue una simpática y original defensa de las fotocopias que, si bien no es una intervención pública, se engarza bien con el texto anterior. Termina con “El libro o la vida” que entiendo es el texto que Bitar leyó en la presentación de uno de los diarios de Alberto Giordano (no creo que este texto resista tan bien su lectura fuera de contexto).
Si ese último texto es la teoría, la última parte del libro es la práctica. Titulado “El cuerpo de un escritor (diario de diez días)”, es un libro dentro del libro. En oposición a los diarios de Giordanino, más bien cerebrales o sentimentales o intelectuales, pero nunca corporales, Bitar se propone llevar adelante una bitácora en la que le presta atención a su propio cuerpo, la materialidad que sustenta su escritura. Por supuesto, no es una mera enumeración fisiológica, sino que de estas notas se desprenden ideas, se plantean problemas y se proponen soluciones, siempre relacionados con el oficio de la escritura. Un diario sincero, valiente y divertido que ilumina retroactivamente conceptos que han aparecido a lo largo del libro. A saber: “el ensayo de escritor”, “hábitos”, “la lectura”, “miedos e inhibiciones”, “la escritura”, “la familia”, “Aira”, “la paternidad”.
Una nota final, subjetiva: al haber participado durante varios años de sus talleres, me dio gusto encontrar por escrito muchas ideas que le había escuchado enunciar en voz alta. El libro es menos una lectura de una sola vez que un material de consulta para tener sobre el escritorio.
Compilado mágico. Ensayos sobre el ensayo -el accidente controlado- y variaciones. Éste también podría ser teoría y práctica. La libertad total del ensayo que se estira hasta el diario, se entusiasma con los inicios, se corona en las derrotas. Hay epifanías en cada página. Hay confesiones sobre la evolución del escritor Bitar. La teoría literaria de Bitar se centra en lo que parece pequeño, en los restos inasibles, en lo fugaz. Son formas de la ternura como condición de posibilidad de lo humano. También hay una teoría del artista. Hay métodos de lectura y escritura. A hombros de gigantes. Giordano y Aira. ¿Cómo serán los libros del Bitar consolidado en la madurez? De la poesía al cuento, de ahí a la novela poética que funciona como colección de cuentos, de la novela al diario. La alternancia del ensayo. Figuras de la felicidad.
tiene algunos planteos muy interesantes, me hubiera gustado conocer algo de su trabajo de narrativa antes de leer este ensayo pero aún así es una persona que podría ser mi amiga