¿Qué tipo de oportunidades y también de dificultades nos ofrece la lengua que hablamos, hoy, en relación con una demanda social cada vez más urgente, la de la igualdad simbólica de las mujeres?
Tenemos derecho a voto, somos ciudadanas, aunque sea de manera muy reciente; estamos incorporadas a la fuerza de trabajo y a la vida económica como nunca antes; tenemos una fuerza colectiva y una convicción, un poder que nunca tuvimos en la vida pública y política.
No obstante, hay mucho desajuste entre la realidad de las mujeres y el discurso social que se refiere a ellas. Este desajuste, anacrónico, suele perpetuar simbólicamente una discriminación cotidiana, habitual y la mayor parte de las veces inconsciente, una verdadera rémora cultural.
En este marco surge una demanda de cambios en el lenguaje, a fin de crear conciencia de los cambios sociales. Estos cambios, tanto léxicos como morfológicos, se introducen de manera intencional, voluntarista, y esperan ser empleados por colectivos cada vez más amplios.
La preocupación no es nueva y ha estado en los estudios universitarios desde los años setenta. Lo nuevo es que haya llegado a la calle, a la demanda social legitima y legitimada, a todas las esferas de la vida ciudadana. Grandes universidades, grandes medios de comunicación, muchos periodistas recurren a la Academia Chilena de la Lengua para aclarar dudas y tensiones en torno al tema, y para responder a las exigencias y solicitudes del alumnado y del público lector.
Ante esta demanda permanente, la Academia decidió hacer una conversación pública entre académicos - lingüistas y periodistas - y otras personas interesadas, en un formato renovador. Fue un espacio de reflexión sobre el lenguaje en que se dieron no solo ideas y respuestas, sino también incertidumbres, sospechas, interrogantes acerca del lenguaje inclusivo. De ese acto, y de ese espacio, trata este libro.
ADRIANA VALDÉS DIRECTORA DE LA ACADEMIA CHILENA DE LA LENGUA
Es un conjunto de artículos mal reunidos, por falta de prolijidad del editor. Este tipo de errores no pueden achacárseles a los autores, porque ninguno de ellos tuvo en miras escribir un libro como un todo orgánico. Con todo, si se leen los capítulos por separado y se evalúa cada uno en su propio mérito, hay cosas rescatables. La mayoría se mueve entre lo pedagógico y la acción política bien intencionada, de modo que uno puede disentir de la tesis que presentan y no obstante aprender algo, especialmente si no se está familiarizado con el tema. Mi recomendación es saltarse este libro por completo y le doy dos estrellas solo porque tengo corazón de abuelita.
Creo que, de todas las personas que fueron seleccionadas para aparecer en este libro, sólo Guillermo Soto logró un punto coherente y razonable, en línea con la discusión y con el lenguaje inclusivo. Estas dos estrellas son para él.