Esta historia transita entre dos momentos: la muerte del padre y la pérdida del amor, con instantes de esa juventud a la que nunca podremos regresar. Las heridas de Arelis Uribe es un relato que, desde la crónica personal y la no ficción, entrega emociones, lugares y vínculos que unen a una generación.
Una bomba de emociones, así siento esta lectura, cortita, rapidita, pero te deja con el corazón apretado y con varias lágrimas corriendo la tinta del texto. La autora nos abre mucha parte de su vida, de sus dolores, de sus alegrías, con honestidad y frases preciosas. Una historia en fragmentos, que se cruza con la muerte, aquella ausencia definitiva tan común y al mismo tiempo tan sorpresiva. Le pregunté a la arelis por qué su bio era tan cortita y me respondió "es que está todo en el libro, sería redundante". Gracias por este abrazo rosado y calentito.
En verdad este libro no es una reflexión sobre la muerte del padre, sino una enumeración (ni siquiera una historia, ni siquiera una descripción) de la vida de la autora. Esto incluye las casas en las que vivió, los colegios en los que estudió, el promedio de notas con el que salió de tercero medio, los hombres que la definen, los grandes dolores de ser la matea del curso y, en caso de que no haya quedado claro las primeras quince veces, la gran, gran, gran, conciencia de clase que tiene. Todo esto, hilado sin relación alguna más que el "me pasó a mí", y con un trabajo de lenguaje equiparable a un estado de facebook. Y ni siquiera todos, porque he visto estados de facebook mejor escritos.
Los cuentos de la Arelis me gustaron. Son discretos y funcionan a buen ritmo. Ahora, con esta novela me desencanté un poquito. La prosa es media plana y poco jugada en torno a los dos motores como la pérdida de un amor y la muerte del padre, pareciera más cercana al melodrama que a la profundización del dolor y de “las heridas”, a la vez, estás dos historias no funcan ni se relacionan como para justificar la extensión e incluso el título. Con una voz narrativa que más que simple (digamos que sencilla) aparenta estar llevándote a un desastre emocional cada vez más terrible(buena historia en todo caso) pero que se trunca en torno al estilo y la forma. Otro factor que me llamó la atención es la mirada lozana y condenatoria hacia la madre. Esa intensidad que aparenta no es más que un dramón poco jugado narrativamente: porque en esta novela el dolor es dolor y nada más, porque cuando se exterioriza al terminar cada párrafo, como que le dice al lector donde emocionarse, como si uno fuera leso. Al final, pocas capaz y pocas nueces, ya que es fácil llorar si todo lo que te cuentan es triste: a lo matinal. Apostando a emocionarte tan telenovela que pierde profundización y las supuestas “heridas”se convierten en frases reflexivas medias chiquitas. Sin agregar que habla de educación(educación publica, subvencionada, municipal), de paternidades, de amores, hasta menciona la dina y obvio que la dictadura. Entonces, al final esta sinceridad(transparencia, realidad, verdad, no ficción díganle como quieran) no es más que una prosa media suave y con poco ñeque. Pero insisto, una gran historia. No es una novela mala: para nada. Pero es una herida trunca, de esas cuando los niños se caen y solo lloran, pero si uno los mira de cerca, no les pasa nada. En definitiva, la herida se cuenta pero no se muestra. (Para mi merece tres estrellas pero como le gusta tanto a la gente me dio pena)
Me leí esta autobiografía en media hora, lo que es sorprendente para un libro de noventa páginas. En esta publicación hay una evidente pretensión por alcanzar un mínimo de carillas. Además de eso, Las heridas es una lectura ligera, demasiado ligera de hecho. El estilo es simple y la trama - lo lamento - es poco interesante. Los argumentos paralelos son conectados a través del hilo conductor que es la protagonista, sin embargo, esta personaje resulta el elemento menos atractivo en Las heridas. En un afán por mantenerla al centro de la narración, la trama pasa por alto otros momentos y personajes con bastante potencial. Por ejemplo, creo que hubiese sido enriquecedor para este relato profundizar en la historia del padre que abandona - situación que se retrata desde un cierto heroísmo, por lo demás - en vez de dedicar tantos apartados publicitarios a la Universidad de Santiago. TL;DR: No me gustó, lo siento.
Me tocó el corazón, su sinceridad, su melancolía, su secreto. La carta a su ex es hermosa.
Mi cita favorita:
"Nos apretamos tanto que un calor empezó a circular entre nosotros, en el centro de nuestro cuerpo, como si en vez de pecho y piel, tuviéramos una gran herida rosada, similar a la raspadura de una niña cuando se cae de rodillas (...). Ese abrazo ardiente también lo he sentido hablando. Conversar es abrazarse con palabras. Visito a mi abuela porque quiero sentirla, juntar nuestras heridas rosadas".
Me encantó este libro. Es honesto, personal e incluso inspirador. La prosa de Arelis es cómoda para distintas personas, no segrega con palabras desconocidas o conceptos rebuscados, es simple y a la vez poderosa. Le presté el libro a mi abuela (72) quien tienen problemas de memoria y atención y lo leyó en tres días! Mi abuelo (77) lo leyó en sólo uno y formamos un pequeño club de lectura a través de la interpretación de la personal historia de vida que la autora compartió con nosotras. Lo sigo recomendando.
Novela que se lee rápido y que tiene una estructura dinámica. Ahora, se enlistaba todo, como si hubiese apuro en decir cada fecha, lugar, calle, canción, autor, cantidad, hito, comida, amigo y familiar. Me hubiese gustado que estas calles tuvieran más imágenes, o que los personajes tuviesen su propia voz. Las pocas veces que pasaba eran las mejores partes.
Me leí el libro en una noche, siempre que leo a la Arelis me motiva a escribir, porque admiro mucho su voz de narradora y la honestidad con la que escribe las cosas.
arrugué el entrecejo muchas veces para no llorar. es que tengo pena y es por amor. si daba espacio a la emoción caerían todas las que estoy intentando sostener. el Gonzalo, mi amigo y mi primer profesor de escritura, me dijo lo mismo una vez. que lo realmente importante era si lo que está escrito te hace sentir, te emociona, te mueve cosas. la Arelis me desarma y me abraza. escribe tan lindo y siente con tanta fuerza. eso me gusta porque a mí también me pasa y conozco esa pesadez del pecho, cuando se convierte en la parte del cuerpo más presente, la más pesada, en la primera. el ritmo y los tiempos del libro me llevaron hasta el final el mismo día en que la Manuela me lo prestó. después de la carta quedaba tan poquito, no me di cuenta cómo pasó. me gusta la sencillez y hermosura que tiene con sus palabras. ojalá algún día alguien sienta esto mismo con algo mío. que nuestras heridas rosadas conecten a través de un papel.
Por fin leí este libro que ha recibido críticas muy polarizadas y creo que estoy de acuerdo un poquito con las malas y las buenas críticas.
Partiendo por las buenas, me vinculo con la noción de que prefiero un libro que emocione, independiente de su "calidad técnica". Algunas veces eso ocurre por la historia en sí, por el punto de vista, la voz narrativa que uno identifica con la autoría real, otra veces la emoción sí viene por un deslumbramiento por la prosa, por la construcción de las oraciones, por el manejo del material con que se hace literatura: las palabras. Las obras maestras son las que unen cada una de esas cosas, las menos. Este libro no me emocionó tanto pero sí me interpeló en el sentido de verme reflejado en su experiencia de clase, por algunas reflexiones en torno a crecer en periferias y por saber que un texto así resuena y es popular. Eso es bacán, me gusta la vocación masiva de Arelis Uribe, porque es honesta. Todo escritor/a que publica quiere ser leído, el que dice que no, miente.
Pero el problema radica ahí mismo: las temáticas de clase y periferia ya se leyeron en las obras previas de Uribe, en lo literario -Quiltras- como en la no ficción -Que explote todo-, por ende, considero que esta nueva novela no aporta mucho en la expansión de su universo narrativo, sino que más bien lo mantiene, se repite, ahora con la "gracia" de que es autobiográfico. Y considero que no es fácil escribir de sí mismo, sobre todo si es con una honestidad que duele y eso Arelis lo logra: el que diga que es fácil escribir de uno mismo, que es la salida menos virtuosa de hacer literatura, lo invito a escribir su propia historia, a exponerla al escrutinio, a intentar hacer un hilo narrativo de sí mismo...
El problema mayor que tuve con el texto fue precisamente que esta novela se basa en hitos de la vida de la autora/voz narrativa que los encontré desconectados entre sí, algunos los sigo pensando como cero aporte. Me gustaría saber quién/es editó el texto porque creo que hay harta falla por ese lado: si vas a escribir un texto fragmentario, el orden de los mismos debe pensarse con sumo cuidado, debe rearmarse el puzzle a cada rato para ver qué funciona mejor para formar una atmósfera, ir creando una progresión temática y creo que es en ese terreno donde falla bastante Las heridas, porque no encontré nada de eso.
Por dar un ejemplo (acá viene un spoiler): la foto que aparece casi al final del libro, un recorte de un diario donde se ve que la narradora/autora tuvo cáncer de niña y sus padres piden ayuda económica, ¿por qué se pone casi de manera random al final? ¿para enfatizar el carácter "real" de la historia? ¿qué aporta eso? Considero que hubiera sido más bacán ponerlo al principio, jugar con la casi muerte de la autora, de cómo su padre trató por todos los medios salvarle la vida pero el que termina muriendo es él, cómo se conjuga esa tristeza que dice la autora que siempre llevó desde niña con este nuevo dolor inmensurable de perder a un padre, de que ella no pudo salvarlo como él lo hizo porque su muerte no le avisó a nadie. No sé, creo que ese podría haber sido una mejor elección, pero se respeta igual lo que hizo la autora, aunque no me haya gustado.
Lo mismo me pasó en el terreno de la emoción, aunque sí lo logró conmigo en ocasiones, hay ciertos fraseos que parecían de Pilar Sordo y eso me sacaba del texto. Y no se trata del cliché del dolor ante la muerte, no se trata de que se escriba de eso, sino de cómo se hace. Creo que la peor forma de escribir en literatura sobre el dolor, es escribir que se tiene dolor, así, de manera literal. Creo que todavía hay miles de formas de expresar ese dolor sin ser tan explícito. No sé, ya estoy pensando en voz alta porque quise escribir un poco más largo sobre este texto, porque no lo encontré una bazofia como parta darle una estrella, ni una obra de arte millennial sobre la pérdida como para darle 5.
Lo único que sé es que seguiré leyendo la obra de Uribe porque me interesa mucho y porque es bacán que concite tanta atenci��n.
Recuerdo que al principio de la cuarentena la Arelis hizo alguno que otro Live de instagram hablando o cantando pedacitos de canciones. En uno de esos Lives leyó un fragmento de su anunciado próximo libro. Contó de qué se trataba y luego comenzó a leer. Mientras Arelis leía se le apretaba la garganta y derramaba lágrimas y yo también, en el chat del Live varias personas escribieron que también habían llorado.
Con esas palabras que leyó Arelis comienza el libro, desgarrador desde un principio.
Siento que, con "Las heridas", se complementa el paisaje autobiográfico y familiar que se puede apreciar en "Quiltras" y "Que explote todo". Los colegios, estudiar en argentina, imágenes de Gran avenida y dramas familiares.
El libro presenta variaciones en el formato, lo que hace que no sea un único texto. Así como puede ocurrir en las columnas de opinión, incluye citas de poemas, canciones, o una carta de amor sobre el fin del amor.
Siempre he pensado que la facultad de mantener a una persona pegada a un grupo de palabras durante varias horas es un valor inmenso.
Terminé de trabajar tarde hoy y estaba muerta (sigo un poco muerta), pero empecé el libro y no lo solté hasta que lo terminé, recién.
Mientras lo leía, pensaba ¿será que la vida de la Arelis es especialmente interesante, especialmente buen material de libro? después pensé: quizá sí, aunque no tiene por qué serlo, lo importante es que sabe contarla.
Me encanta como la Arelis hace uso del concepto de "la herida". Lo agradezco porque gracias a ella creo que ahora he podido ponerle nombre a mucho de lo que siento.
Real y sincero. Se me salieron unas lágrimas al menos 5 veces, aunque debo admitir que las historias reales y sinceras me ponen particularmente sensible. Aún tengo el corazón apretado por la carta.
Hago una nueva versión de esta reseña porque, a partir de una conversación con mi madre, a quien le presté el libro y lo leyó, pude llegar a otra lectura que ya no me agradó tanto. A mi madre la hizo sufrir mucho cómo la narradora trataba a su propia madre, y luego de discutirlo a mayor profundidad y con cierta reticencia de mi parte, estuve de acuerdo con ella en que hay una contradicción muy grande entre el posicionamiento discursivo de la narradora y su propio relato. Yo no creo en un feminismo perfecto, y entiendo que sobre todo en lo relativo a la figura del padre, a veces es difícil dejar ciertos hábitos de abnegación, miedo al abandono y perdón ciego. En ese sentido, no cuestiono su dolor; esas son heridas que yo misma considero tener en mí. Desde una lectura feminista (que es como yo entiendo que se posiciona la narradora), sin embargo, sí creo que es necesario un ejercicio de problematización y autocuestionamiento permanente a nuestras propias creencias y formas de habitar y ver el mundo. Y ese, me parece, es el principal problema con este relato. El retrato de la madre es muy injusto y hasta villanesco. En mi primera lectura yo no lo cuestioné; más bien, tendí a ver esa figura con el mismo rechazo y aversión que la narradora. Pero después de repasar la historia, además de ciertos episodios poco agradables en los que no se profundiza mucho, pude concluir que la madre tomó decisiones muy asertivas en la trayectoria vital de su familia (terminar una relación abusiva y cambiar a su hija de colegio apenas notó el bullying que le hacían, por ejemplo, sin mencionar su absoluto sacrificio cuando estuvo enferma con leucemia). Siento que dentro de la narrativa de la hablante era mucho más fácil vapulear a su madre que ver cómo era realmente su padre (y este hombre sí que era cuestionable: engañó a su esposa cuando ella cuidaba a su hija con cáncer; dejó a su suerte a sus hijas a pesar de tener la situación económica como para apoyarlas, incluso en su etapa universitaria; engañaba a su esposa contratando servicios sexuales, etc...). En ese voltear la vista de la narradora y en ese pensamiento insistente de no juzgar, se manifiesta un pacto de complicidad que, muy injustamente, no tenía con las figuras femeninas de su vida. Si en algún momento lo cuestionara realmente esta diferencia no sería tan visible, pero incluso la última frase del libro es un homenaje hacia él. Así que bue.
Cuando mi amiga Eve me regaló este libro, me dijo que había “llorado con el hígado” y me escribió una hermosa dedicatoria. Lo acabo de terminar, agradecida del viaje emocional que me reencontró con mis propias cicatrices familiares/de vida. Siento que volveré cada cierto tiempo a releerlo.
Lo primero que leo de Arelis Uribe. Me pareció una escritora muy valiente. Una historia muy íntima y directa, narrada con mucha claridad y vulnerabilidad.
Atravesar la idea de la muerte hoy es un cotidianidad. No podemos ser ajena a ella, estamos en medio de una pandemia que ya ha cobrado la vida de muchas y muchos; y aún así no la entendemos. ¿Qué pasa cuando una muerte te desgarra el corazón? ¿Cuándo el no volver a ver alguien más, no cabe dentro de tu imaginario? Ello es lo que piensa y transcribe Arelis Uribe en su nuevo libro, una mezcla de crónica y diario personal. Narra la prematura muerte de su padre y una ruptura amorosa, el tránsito que se instala en nuestra vida al intentar comprender cuándo alguien ya no estará en nuestra cotidianidad. Es una lectura muy rápida, de esas que te dejan con la necesidad de seguir leyendo, pero que se incrusta en tu corazón y pensamiento que no cabe duda que es una lectura que puedes recomendar a cualquiera.
Íntimo, desgarrador, hermoso. Mucho dolor. No sé cómo describirlo porque ahora ando muy “emo”. Pero quiero destacar que este libro me ha hecho esta y la mañana del día de ayer. Gocé con su lectura. Entrañable.
muuuy hermosooo jiji agradezco sentirme cercana cuando leo un libro, y aquí me sentí cerquita cerquita, confidente. a pesar del constante nudito en la garganta, cada página está llena de vida.
también le doy las gracias a catalina neira por este regalito de cumpleaños, siempre hablamos de cómo nos gusta la escritura de la arelis. nos ha inspirado mucho para agarrar el lapiz y compartir lo que escribimos.