Tres grandes cuentos que, con humor e ironía, presentan las curiosas pulsiones de unos excéntricos personajes.
Los cuentos de esta antología tienen un claro punto en común: la habilidad para sorprender el lector, para hacer posible lo impensable. Los tres rebosan de una gran sexualidad, que se ve difuminada por el humor y la ironía. En el caso de Un poco de frío para Wanda, nos encontramos con una marquesa que encuentra el placer en el aire artificial; en el cuento de Mr. Flowers, a un botánico cuya relación con las flores es quizá más íntima de lo que cabría suponer y, finalmente, en La novela experimental, un aspirante a escritor promete a una prostituta tener las claves de la literatura del futuro.
De este modo, en estos tres relatos cortos se destila a la perfección el estilo y la habilidad de Carme Riera como cuentista que, con un ritmo rápido y un humor omnipresente, demuestra que con pocas palabras es posible alterar la realidad radicalmente. El protagonista de La novela experimental se queja de que "a la literatura le sobra verborrea y le falta fundamento" pero este, sin duda, no es el caso de los cuentos de Carme Riera.
Carme Riera pasó su infancia y adolescencia en Palma de Mallorca, hasta que en 1965 se fue a estudiar filología en la Universidad Autónoma de Barcelona, por la que se licenció en 1970. Después se convirtió en catedrática de literatura española de su alma máter; es especialista en el siglo de oro y dirige también talleres de escritura. Publicó su primer libro, la recopilación de cuentos Te deix, amor, la mar com a penyora, en 1975 (el relato que le da título había ganado, en 1974 el premio Recull), seguido dos años después por otro del mismo género; su primera novela, Una primavera per a Domenico Guarini, recibió el Premio Prudenci Bertrana 1980 y salió a la venta al año siguiente. Riera dice que escribe sus novelas y relatos en catalán (o mallorquín), y luego no los traduce sino que hace nuevas versiones en castellano; sin embargo, los ensayos los escribe en español.1 En abril de 2012 fue elegida miembro de número de la Real Academia Española, donde pasó a ocupar la silla n.2 Riera ha recibido numerosos premios por sus obras, que han sido traducidas a una decena de idiomas. Ha colaborado con diversas publicaciones, como el diario El País o las revistas Quimera y Serra d'Or, entre otras.
Carme Riera, con su pluma afilada como un bisturí, nos arrastra a un torbellino de obsesiones y anhelos reprimidos en "Pulsiones". Tres relatos que son como tres puñaladas certeras en el corazón de la hipocresía y la autoengaño. Aquí, la autora no se anda con rodeos: desnuda las almas de sus personajes con una crudeza que incomoda, pero que también fascina.
La perversión de lo cotidiano: Riera nos muestra que el mal no se esconde en los márgenes de la sociedad, sino que anida en el corazón de lo cotidiano. El coleccionista de arte, consumido por la envidia, es un reflejo de nuestras propias inseguridades y de la mezquindad que puede habitar en nosotros. La mujer que busca el amor en la era digital, perdida en un mar de perfiles y algoritmos, es un símbolo de la soledad y la desesperación que nos acechan en la era de la conexión virtual. La ironía como arma: La autora utiliza la ironía como un arma arrojadiza, lanzando dardos envenenados contra la hipocresía y la falsedad. La risa se convierte en un eco amargo, una mueca de desprecio ante la miseria humana. Riera nos obliga a mirarnos en el espejo y a reconocer nuestras propias sombras, nuestras propias pulsiones más oscuras. Un lenguaje que hiere: La prosa de Riera es un torrente de palabras que fluyen con una fuerza arrolladora. No hay concesiones, no hay edulcorantes. La autora nos enfrenta a la crudeza de la realidad con un lenguaje que hiere, que desgarra, pero que también ilumina. Riera no teme explorar los recovecos más oscuros de la psique humana, aquellos lugares donde anidan el deseo, la envidia, la obsesión y la perversión.
Más allá de la superficie: "Pulsiones" no es una lectura complaciente. Es una invitación a sumergirnos en las profundidades de la condición humana, a explorar los abismos del deseo y la obsesión. Riera nos recuerda que somos seres complejos y contradictorios, capaces de lo más sublime y de lo más abyecto.
Puntos que provocan:
La exploración sin tapujos de la sexualidad y las obsesiones. La crítica mordaz a la hipocresía social. El lenguaje provocador y la crudeza de las imágenes. la forma en que la autora deja al lector cuestionandose sus propias "Pulsiones".
Advertencia al lector:
Esta no es una lectura para almas sensibles. Prepárese para ser confrontado con sus propios demonios.
Los cuentos de esta antología tienen un claro punto en común, los tres rebosan de una gran sexualidad, sin embargo, se diluyeron muy pronto, no digo que no hayan sido entretenidos, hay mucho humor e ironía en sus líneas, sin embargo, no terminaron de convencerme.
"—Lo que necesita un hombre a su edad, y en todas las edades, es una gran pasión que le haga vibrar, que le encienda la sangre."
En el caso de "Un poco de frío para Wanda", nos encontramos con una marquesa que encuentra el placer en el aire artificial; en el cuento de "Mr. Flowers", a un botánico cuya relación con las flores es quizá más íntima de lo que cabría suponer y, finalmente, en "La novela experimental", un aspirante a escritor promete a una prostituta tener las claves de la literatura del futuro.
Para mi gusto, Flowers y el escritor experimental son bastante solventes, pero no completamente extraordinarios. Aun así, estoy de acuerdo con la última línea "Si Cervantes está conmigo, no hay Planeta que se me resista…"