Desde que descubrí cómo se le ocurrió a Tim Burton la idea de una de sus películas más famosas, “Pesadilla antes de Navidad”, entendí por qué, desde que tengo uso de razón, es una de mis cintas favoritas. Al parecer, la chispa surgió un día en el que Burton vio cómo, en una tienda, los productos de Halloween eran sustituidos de golpe por los de Navidad. A cualquiera que me conozca le sonará este momento, porque es exactamente el tipo de situación que me hace cortocircuitar: ver cómo una dependienta empieza a colocar tazas navideñas cuando aún no ha pasado el 31 de octubre, o comprobar que a mediados de noviembre ya están colgando las luces de Navidad en la calle.
Si hay algo que no me gusta de estas fechas es precisamente esa prisa constante que parece marcar nuestra sociedad, haciendo que cada celebración se adelante cada vez más. Os prometo que este mismo año he visto en Instagram recomendaciones navideñas en pleno agosto. No exagero. Para mí, eso ha provocado que la Navidad haya ido perdiendo su esencia, convirtiéndose en algo demasiado materialista, inmediato y falto de verdadera calidez o naturalidad. Sé que con Halloween ocurre algo parecido, pero siempre he sentido una conexión mayor con la estética gótica y con la idea de recordar a los difuntos.
Por todo esto, “Pesadilla antes de Navidad” me parece una historia tan brillante: funciona a la perfección tanto como relato de Halloween como de Navidad. De hecho, tengo la tradición de volver a verla cada año entre el 31 de octubre y el 25 de diciembre. Este año se me ha pasado cumplirla, pero me he resarcido convirtiendo la versión manga de la historia de Tim Burton en mi lectura navideña de este 2025. En realidad, estaba esperando otra colaboración que me habría gustado que fuese mi lectura navideña principal, ya que es muy corta, pero no ha llegado a tiempo. Así que he recurrido a una lectura pendiente para la noche del 24 de diciembre, y esta opción era justo lo que me pedía el cuerpo. Además, teniendo en cuenta que tanto este tomo como el que estoy esperando son bastante breves, me parece que encajan muy bien como lectura navideña conjunta del año.
Y ahora sí, sin más preámbulos, vamos a ello. Como es habitual, voy a empezar con una breve sinopsis, por si alguien se ha perdido entre las ciudades de San Valentín o Acción de Gracias y no sabe de qué trata una de las películas más famosas de todos los tiempos.
Es 31 de octubre, y un año más los habitantes de la Ciudad de Halloween han celebrado su gran fiesta con un éxito rotundo. Ha sido otra noche repleta de sustos, escalofríos y criaturas tenebrosas cantando, bailando y pasándolo en grande. Todo el mundo está satisfecho… excepto Jack Skellington, el rey de la ciudad y figura central de los festejos. Jack se siente vacío y aburrido de repetir lo mismo año tras año. En uno de sus paseos solitarios, mientras intenta comprender su tristeza, llega a un claro del bosque donde encuentra varias puertas, cada una decorada con el símbolo de una festividad distinta. Al atravesar una de ellas, descubre un mundo lleno de luces de colores, nieve, muérdago y regalos: la Ciudad de la Navidad. Fascinado, Jack encuentra una nueva fuente de inspiración y decide celebrar esta fiesta a su manera, llevando regalos a todos los niños del mundo. La única que percibe el error que está cometiendo es Sally, una muñeca de trapo secretamente enamorada de él, quien además será la primera en darse cuenta de que una oscura figura de Halloween no permitirá que la felicidad reine sin consecuencias.
Esta adaptación en formato manga de “Pesadilla antes de Navidad” está dibujada y guionizada por la artista japonesa Jun Asuka, y hará las delicias de los fans de la obra original. No nos vamos a engañar: es una lectura que no aporta cambios significativos al argumento que ya conocemos. La historia sigue prácticamente el mismo guion que la película, sin grandes sorpresas. Sin embargo, el verdadero encanto de esta edición reside en los pequeños detalles que surgen al trasladar una cinta en stop motion al lenguaje del manga. Resulta especialmente interesante ver cómo Asuka adapta los trazos alargados, oscuros y algo grotescos del film a un estilo shōjo mucho más suave, limpio y delicado. Una de las cosas que más he valorado de esta versión es que el diseño de los personajes resulta completamente reconocible. Basta con mirar una viñeta para identificar a Jack, Santa Clavos, Sally, Zero o cualquiera de los excéntricos habitantes de la Ciudad de Halloween. Al mismo tiempo, la autora consigue aportarles un toque personal, dando la sensación de estar ante una reinterpretación fresca de algo muy conocido.
Al final del volumen hay un apartado especialmente interesante en el que Jun Asuka habla de las dificultades que encontró al adaptar la película al papel. Explica, por ejemplo, que tuvo que modificar el trazo que utiliza habitualmente porque no encajaba con lo que la historia necesitaba, y que uno de los mayores retos fue trasladar al dibujo al personaje de Sally, especialmente por las marcas de su rostro y su limitada expresividad en la película. Pasar de un medio lleno de movimiento, música y luces a uno estático supuso un reto a la hora de transmitir emociones.
Esta versión manga se concibió claramente como una obra shōjo, el género habitual de la autora, caracterizado por una estética delicada, personajes de ojos grandes y una mayor carga emocional y romántica. Esto explica que el dibujo sea limpio y que no se detenga tanto en los escenarios como hacía la película, aunque sí conserva su esencia. También justifica que en esta adaptación se otorgue un mayor protagonismo a Sally, algo que, personalmente, me ha encantado. Como a muchos fans de la película, Sally es mi personaje favorito, y verla ocupar más espacio en estas páginas ha sido un auténtico regalo. Además, su representación en estilo kawaii es una auténtica monada.
Si sois fans de “Pesadilla antes de Navidad” y del manga, esta es una lectura ideal no solo para Halloween o Navidad, sino para cualquier momento en el que apetezca reencontrarse con una historia tan querida desde una perspectiva distinta. Es cierto que no hay grandes sorpresas argumentales, más allá del mayor peso de Sally, pero sí pequeños detalles que hacen que la experiencia resulte muy disfrutable.
Uno de los aspectos que más me ha gustado es cómo se han adaptado las letras de las canciones icónicas de la película a la narrativa del manga. Y es que una de las grandes virtudes de “Pesadilla antes de Navidad” es su banda sonora: las canciones compuestas por Danny Elfman no solo son memorables y pegadizas, sino que forman parte esencial del relato. Por eso tiene todo el sentido que estén integradas en el guion. Eso sí, no aparecen completas, y confieso que en algún momento me llevé un pequeño chasco al empezar a “cantarlas” mentalmente y descubrir que se cortaban de forma abrupta. Supongo que es lo que tiene olvidarse de lo que te dicen hoy mismo, pero seguir recordando de memoria todas las letras de una película que vi por primera vez hace tantos años… tantos que ni siquiera recuerdo cuándo fue, aunque sí sé que se estrenó el mismo año en que nací.
Por último, el volumen incluye un apartado final que he disfrutado muchísimo, en el que se recogen diversos textos y curiosidades: desde la anécdota sobre cómo surgió la idea original de Tim Burton, hasta información sobre la creación y el rodaje de la película, recomendaciones de lecturas complementarias en español e inglés, datos sobre el origen de Halloween y la Navidad, el folclore de Jack O’Lantern (origen del nombre de Jack Skellington), curiosidades sobre los personajes y la repercusión que “Pesadilla antes de Navidad” ha tenido en Japón, así como los motivos que llevaron a realizar esta adaptación en manga.
Probablemente, esta parte ha sido la que más he disfrutado de una lectura que me ha dejado muy buen sabor de boca y que me ha recordado lo mucho que significa esta historia para mí. No importa si es volviendo a ver la película por enésima vez, leyendo sobre ella o adentrándome en su tierna pero ácida sátira sobre el consumismo navideño. “Pesadilla antes de Navidad” es una historia válida en cualquier formato y en cualquier momento del año: un cuento con espíritu navideño e ingeniería de Halloween sobre la importancia de ser uno mismo y seguir lo que uno siente, sin importar lo que el resto del mundo espere de ti. Brillante por eso mismo, si me preguntáis.