Despues de haber leído las dos obras de Maryse Condé autobiográficas, Corazón que ríe, corazón que llora y La vida sin maquillaje, le ha tocado el turno a esta historia, una historia dura, donde refleja la vida de tres generaciones de mujeres guadalupeñas, abuela, madre e hija, marcadas por la falta de afecto, de cariño, dando tumbos por la vida y buscando la felicidad y un oscuro pasado que será la obsesión de la nieta y principal protagonista de esta historia, no se escatima en el dolor, la tristeza, el racismo, la introspección pero resulta una novela apasionante y muy descriptiva sobre el sufrimiento de no poder disfrutar de una vida plena que consigue a base de grandes esfuerzos, el corazón endurecido por el trato recibido, por los pasajes oscuros de su venida al mundo, por el abandono.
Es una historia que merece la pena leer, aunque solo sea por saber las penalidades que sufre la protagonista en su búsqueda hasta llegar a convencerse que eso que tanto desea y llega a intuir nunca llegará a ser el fin y su deseo de olvidar lo que durante años fue el único fin de su vida.
Maryse Condé nos pasea por Guadalupe, su infancia feliz, sin problemas, amada y mimada por alguien que no es su madre pero la ama como si lo fuese, su paso por París donde conoce e intima con el que será su marido, un músico que vive solo por y para la música, la marcha a Boston donde empezar juntos una vida nueva que nunca será plena para ella, solo empezará a despegar cuando retome sus estudios y llegue a ser catedrática de la universidad, dedicándose en corazón y alma a sus alumnos, su vida personal será vacía y triste, pero es la que ella ha elegido y se siente en paz.