Los cuentos completos de Ricardo Piglia, un clásico contemporáneo de la literatura en lengua española.
Este volumen reúne la totalidad de la obra cuentística de Ricardo Piglia, organizada por el propio autor poco antes de morir. La narrativa breve recorre toda la carrera literaria del escritor, y aquí encontrará el lector desde el primer volumen de relatos publicado en 1967 (después revisado y ampliado con nuevos textos) hasta las últimas producciones en ese campo, escritas al final de su vida, entre las que destacan Los casos del comisario Croce, homenaje y vuelta de tuerca al género policiaco que tanto amó Piglia. Y entre medio, las dos narraciones largas de Prisión perpetua y los volúmenes Nombre falso –que incluye un prodigioso homenaje a Roberto Arlt– y Cuentos morales. La organización de este libro permite apreciar por un lado la evolución del Piglia cuentista y por el otro disfrutar de su rica versatilidad. Son las suyas narraciones que, además de contar historias, abren caminos, exploran límites y reflexionan sobre el arte de contar historias.
«Uno de los escritores en español más importantes de la segunda mitad del siglo XX» (Patricio Pron).
«Un clásico de la literatura argentina contemporánea» (BBC).
«Un condenado maestro de las distancias cortas» (Matías Néspolo, La Nación).
Ricardo Piglia was an Argentine author, critic, and scholar best known for introducing hard-boiled fiction to the Argentine public. Born in Adrogué, Piglia was raised in Mar del Plata. He studied history in 1961-1962 at the National University of La Plata. Ricardo Piglia published his first collection of fiction in 1967, La invasión. He worked in various publishing houses in Buenos Aires and was in charge of the Serie Negra which published well-known authors of crime fiction including Dashiell Hammett, Raymond Chandler, David Goodis and Horace McCoy. A fan of American literature, he was also influenced by F. Scott Fitzgerald and William Faulkner, as well as by European authors Franz Kafka and Robert Musil. Piglia's fiction includes several collections of short stories as well as highly allusive crime novels, among them Respiración artificial (1980, trans. Artificial Respiration), La ciudad ausente (1992, trans. The Absent City), and Blanco nocturno (2010, trans. Nocturnal Target). His criticism has been collected in Criticism and Fiction (1986), Brief Forms (1999) and The Last Reader (2005). Piglia resided for a number of years in the United States. He taught Latin American literature at Harvard as well as Princeton University, where he was Walter S. Carpenter Professor of Language, Literature, and Civilization of Spain from 2001 to 2011. After retirement he returned with his wife to Argentina. In 2013 he was diagnosed with amyotrophic lateral sclerosis; he died of the disease on January 6, 2017, in Buenos Aires, Argentina. During his lifetime Piglia received a number of awards, including the Premio internacional de novela Rómulo Gallegos (2011), Premio Iberoamericano de las Letras (2005), Premio Planeta (1997), and the Casa de las Américas Prize (1967). In 2013 he won Chile's Manuel Rojas Ibero-American Narrative Award, and in 2014 he won the Diamond Konex Award as the best writer of the decade in Argentina. In 2015 Piglia won the Prix Formentor. On January 4, 2018, his memory was honored in New York City at "Modos infinitos de narrar: Homenaje a Ricardo Piglia," an event at which academics discussed the impact of his work on Latin American literature and intellectual history and his legacy as a literary critic and scholar.
Antes de iniciar esta reseña, debo aclarar que ya reseñé la mayoría de los libros de relatos que componen este libro en ediciones separadas. La nota de esta reseña corresponde al último volumen, el de "Historias personales", que apareció recién con este volumen que reunía la obra breve de Piglia. La nota real es de 3.5. Los relatos de "Historias personales" son sumamente autorreferenciales, y abundan en reflexiones acerca de la literatura y el amor por la literatura y la historia familiar de Emilio Renzi, el álter ego de Piglia. Pero en algunos casos, en particular en el último relato, se volvieron demasiado extensos, dispersos, y desorganizados. En cierto punto las anécdotas y los personajes se volvían confusos y no había un hilo conductor que unificara el rumbo de la historia.
Ricardo Piglia es uno de mis autores favoritos de todos los tiempos. Admiro sobremanera sus recursos como narrador y he tenido el elevado placer de leer todos sus libros (alrededor de 20). Prefiero sus novelas y ensayos a sus cuentos, aunque varios de ellos los considere, por mucho, entre los mejores cuentos que he leído jamás (Un pez en el hielo, El laucha Benítez cantaba boleros, El fluir de la vida, Encuentro en Saint-Nazaire, El joyero). De modo que apenas he encontrado en este volumen algunos cuentos que no hubiese leído (Cuentos morales, Historias personales -me parece que lo último que escribió). Para quien no conozca la obra de Ricardo Piglia una antología como ésta con seguridad le deparará muchos felicísimos momentos.
Leer los Cuentos Completos es un camino posible para encontrar los infinitos remates cruzados, los guiños intertextuales, los homenajes a sus contemporáneos y a sus ídolos (Fitzgerald, Hemingway, Joyce, Benjamin, Kafka etc…) y los temas recurrentes de uno de los mejores escritores argentinos del siglo XX que, como siempre digo, fue mi maestro de literatura y que me demuestra con cada lectura -y relectura- que aún me queda mucho por aprender.
Tuve con este libro una experiencia de lectura muy triste que redobló su carga nostálgica.
De base, la estructura de un libro que compila una obra, su publicación póstuma y sus ediciones inéditas revelan –o confirman– que Piglia era un escritor obsesivo que se reeditaba permanentemente y que pensaba en cómo quería ser leído, es decir, que pensaba constantemente en sus lectores. Mi experiencia literaria está, desde 2011, profundamente marcada por las clases que Piglia sembró en diferentes formatos y con las que fui topandome primero por accidente y luego por fascinación.
Lo lei siguiendo una guía de lectura propuesta por Juan Forn, en el marco de un taller de lectura hermoso de dos encuentros que nunca se completaron (junio 2021). Y en ese vacío imprevisible se redobló la carga nostálgica, la sensación de llegar siempre tarde a la posibilidad de dialogar con escritores argentinos contemporáneos como senti en 2017 con la muerte de Piglia💔
Por último, como siempre en los libros de cuentos, me gusta resaltar cuáles fueron mis preferidos. Fiel a mis manías, listo: - El Laucha Benítez cantaba boleros (1975) - Encuentro en Saint-Nazaire (1988) - La isla de Finnegan (1993) - La moneda griega (1993) - El impenetrable (2007) - La conferencia (2007)
De sus Historias Personales (2015-2017), es decir fragmentos de sus Diarios, me quedo con el pasaje -muy borgeano- en el que hace una bibliográfica futurista de su propia obra (p.804-811). Un gracioso, un verdadero genio Ricardo💛
No había leido a Piglia pero este libro me ha sorprendido. Ofrece un panorama impresionante de sus esfuerzos y batallas con la escritura durante más de medio siglo de vida y empeño. Los textos aquí reunidos, con sus altibajos, son un monumento a una vida dedicada con provecho a la literatura. Estas páginas me han parecido también en su conjunto, un logro encomiable para la renovación del arte del relato. Y con ello, atisbar remotamente ese carácter argentino que tanto adjetiva a los que han nacido y vivido en ese pais. Lo más interesante para mí consiste en esa exploración personal en ese género de moda hoy que es la autoficción. Y que parte de esos materiales reunidos en sus diarios escritos con disciplina durante décadas por su alter ego, Emilio Renzi.
VISIÓN. Todos los días veo al viejo que sale de la casa y camina despacio por la nieve hasta el borde la laguna. La luz es clara a esa hora del a mañana. Los patos tardan en llegar y él los espera, se apoya de espaldas contra el sauce que está al borde del agua y mira el bosque helado. Le veo la bruma de la respiración como una niebla en el aire transparente. Me levanto muy temprano y me siento a trabajar en el escritorio que está en el piso de arriba. Desde la ventana lo veo salir al frío de la mañana y caminar hasta el borde del agua siempre a la misma hora. Hemos conversado varias veces al cruzarnos en el camino de entrada, vive solo, su mujer murió el año pasado, ha enseñado física aquí en Princeton en los años cincuenta y ahora está retirado, no tiene hijos, se llama Kart Unger y es exiliado alemán. Tiene casi noventa años y en el paisaje desolado del invierno su figura magra parece le último testigo de una catástrofe que ha sucedido en otras épocas. Espera, inmóvil, aislado en el alba y desde aquí veo su abrigo azul y el vapor de la respiración. Cuando los patos llegan se oye primero un ruido tenue, como si alguien sacudiera una tela mojada en el aire. Casi inmediatamente se empiezan a oír los graznidos y se los ve venir primero en fila india y después formando una V sobre el fondeo del bosque. Son diez o doce. (Eran más de cincuenta pero estos son los que se han quedado para morir.) Daban dos vueltas sobre la laguna hasta que uno se lanza hacia el agua helada. No saben que está congelada y cuando se zambullen patinan con las alas abiertas y el cuello contra el hielo. Todos los días repiten lo mismo y yo los miro desde la ventana. Vuelven caminando torpemente, resbalan y algunos se quedan quietos con las patas como huesos muertos en la escarcha, aterrados. Viven en el presente puro y sin recuerdos y cada mañana se sorprenden al chocar contra el hielo. Han perdido el sentido de la orientación. Vuelven a buscar el lago abierto donde tendrían que empezar la migración hacia las tierras cálidas y algo anda mal pero no saben qué y mueren por obstinación. Cada vez que veo al viejo profesor salir al jardín y atravesar la nieve para llegar hasta la laguna y alimentar a los patos que se están muriendo de frío, sé que empieza otro día que será igual al anterior. La naturaleza es un laboratorio donde es posible reproducir artificialmente la experiencia. Los patos de la laguna son un ejemplo, me dice Karl. Todas las mañanas repiten una serie de acciones que son el espejo de una realidad perdida. Repiten porque no pueden recordar. Van a morir congelados, todavía resisten porque no han llegado los fríos que vendrán a principios de enero. Mueren en el bosque, entre los árboles secos, se largan a volar y caen congelados sobre la nieve, boqueando como peces. Repetir actos inútiles es un signo de la vejez. Cuando se llega a los noventa años uno ya está un poco loco. Todo es una copia de algo que se ha vivido antes. Por eso los jóvenes odian a los viejos: vivimos en lo que para ellos será el porvenir. La vejez tiene la estructura de una profecía. Dice sobre el futuro algo que nadie reconoce claramente. Todas las mañanas Karl sale al aire helado de la laguna y observa cómo mueren los patos salvajes. Los observa como quien mira, en un sueño, los recuerdos de su propia vida.