Con este libro pasás por un montón de emociones y existencias del ser. Mujer. Me gustó mucho como entrelaza una historia de fondo con la necesidad del hábito de la lectura, obsesión, manía, amor, supervivencia. ¿Porque a qué lector no le ha pasado de fanatizarse tanto con un libro o autor? De fondo diferentes etapas de una misma historia dura, la de la violencia, la monotonía, el autocastigo, el temor. Cosas que somos todas y no. Una historia cercana y lejana por partes iguales. Que además te hace reflexionar sobre los libros, su lugar en nuestros mundos y nuestra particular forma de sobrellevar el hábito de la lectura.
Raquel Robles cuenta la historia de la última lectora en una narrativa poética que hace al lector notar algo tan mínimo como el choque de los zapatos contra el suelo cuando caminamos. Las descripciones tan detalladas se vuelven esenciales para el tono nostálgico y poético en el que la protagonista recorre cada día. Es una lectura maravillosa porque poco a poco se van destapando los misterios con los que comienza la historia y poco a poco te vas adentrando a la historia al empatizar con la protagonista, su dolor y su melancolía.
«La mujer copia el libro. Le devuelve al texto impreso su condición de manuscrito. La copista inversa. A veces no mira el libro. No le hace falta. Entonces parece que lo estuviera escribiendo ella, que fuera de ella. Tal vez el libro sea de ella. Nadie lo ha leído más veces. Si hubiera un juicio por la paternidad del libro ella podría convencer a los jueces. El libro es mío. Alguien lo escribió, pero el libro es mío.»
Una mujer vive una tragedia y el tiempo se desdibuja, su vida se desvanece. Las horas se derraman. Lo único a lo que se aferra es un libro, su salvación y su castigo. La lectura puede ser compañía, búsqueda, amistad, amor; pero también puede ser compulsiva y fagocitar la vida y el presente.
Esta novela está dividida en tres tiempos, tres capítulos. Es compleja. Forma parte de un proyecto literario de la autora: es su tercera novela sin marcas narrativas. Las voces se distinguen por su propia fuerza. La sintaxis está impactada por los eventos límites que atraviesa la protagonista. La estructura bíblica se refleja en este libro, entre anécdotas, misiones existenciales, sacrificios, derrotas y castigos. «La última lectora» exige una lectura entregada.
Esta historia atraviesa la esperanza y la desesperanza, el amor, la vida y la muerte. Los libros se vuelven el último bastión de la protagonista. Siempre libro abierto, lápiz en mano. La lectura es búsqueda de sentido y método de sobrevivencia.
Llevaba rato leyendo ficción rápida. Este libro difiere totalmente de ese estilo. Más que una historia con un trama claro, es una serie de fotografías puestas juntas. Cada detalle es descrito con simbolismo. Como esto: "El calor transpira en las paredes. Si la mujer pasara su mano abierta por las casas, las entradas de los edificios, los negocios, y si después se mirara la mano o se la frotara contra la ropa, vería en la mano el sudor de un verano que ha llegado un poco pronto. El verano obrero de las grandes ciudades".
Está bonito el estilo, pero se usa en exceso, tanto que pierde su encanto. Cansa. Fastidia. Es un libro corto que tardé mucho en leer. Pero está bien... sí fue agradable leer algo más interesante que la ficción rápida en que pasa A y luego pasa B y después pasa C. Sólo fue el otro extremo del continuo.
Entré al libro sin ninguna expectativa, más que encontrar una conexión con el ensayo de Piglia. Debo admitir que me sorprendió, aunque en momentos parece que la novela no se deja leer, se escapa ella sola. Lo más soprendente es la capacidad de novelas una idea sin volverse una novela de tesis. Todo lo expuesto en "El último lector" de Piglia se encuentra, de una u otra forma, acá.