El hombre bala: portada
Es sencilla, con pocos colores, predomina el blanco. El negro para todo el texto. El título, en la última letra de la postrera palabra de la sección principal contiene una bala. La misma evoca fuerza, rapidez, impacto, quizás violencia. Y en la segunda parte del título la frase “y otros eufemismos para decir adiós.”
¿Entonces el hombre bala es un eufemismo? Manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante (RAE en línea). “Todo para decir adiós” O sea resumiendo para mandarte al carajo, pero puede ser también las 500 noches que necesita un poeta para vulnerar una memoria impertinente. No sé si será un poeta extremadamente rudo, directo, grosero o irónico. Quizás un poco de todo eso y más.
Los otros dos elementos en la portada, el nombre del autor con sus dos apellidos, porque tenemos madre, y una imagen compuesta de cuatro elementos. A la izquierda una cara con la boca que se me antoja de mujer. Hacia el centro un hombrecito (me recuerda un cuento de Bukowski) que parece avanzar disparado por el arma color gris plata ubicada a la derecha. Del revólver sale una humarada que fija la acción en tiempo presente. El hombre bala acaba de ser expelido. No vemos quién o qué es el detonante del disparo con su peculiar bala. El tamaño del hombrecito lo adjudico al efecto de una de las pastillas de chiquitolina del Chapulín Colorado.
¿Cuál es el orden de los sucesos?
La acción puede ser interpretada desde muchos ángulos. De primera instancia uno puede “leer” de derecha a izquierda. El revólver es accionado y sale disparado un hombrecito que lo espera una boca abierta. ¿Será que lo espera para darle placer? Chupárselo, para tragárs completo elo entero o despedazarlo a mordidas. ¿La boca realmente está abierta para recibirle? Gesto de tedio total, grito de espanto o estará esa boca en el inicio de vocalizar ese famoso insulto, a veces halago, así a toda boca “CABRÓN”. Otra posible interpretación es que luego de una felación el pene ha disparado. El hombrecito, símbolo de posibles niños que han de desintegrarse ahogados en jugos gástricos o destinados a ser otra mancha en un colchón.
Así me voy enredando y pasa día y medio de lectura y no avanzo en el número de páginas leídas, pero que novelón me he montado.
El Hombre Bala: cuerpo
En el primer intento de reseña que escribí sobre el Hombre Bala “Portada” realizado antes de leer el libro siento que atiné. Hoy puedo decir que la pegué, y no porque fui lo suficiente amplio en mi interpretación, sino que realmente conecté con los símbolos usados para transmitir lo que se me venía encima. Si la portada fuese una obra pintada sobre lienzo, digamos que un doce por diez, el texto bien podría ser la crítica de un experto en arte con dotes de baldo y un dejo de romanticismo postmoderno.
El cuerpo del libro es un cadáver y cada narración es un trozo de cuerpo y alma en descomposición (aquí declaro la absoluta inseparabilidad de cuerpo y alma). Siempre digo que el texto una vez publicado se tiene que sostener por sí mismo. No importa si para escribir la obra el autor se tuvo que beber una o mil botellas de güisqui en una o mil noches. Si el escritor, Daniel Hilerio Villanueva, pasó por una depresión de la magnitud descrita en el libro y sigue vivo es porque es un ser digno de acompañar a Dante. Yo, en una madrugada, bebí junto a un sujeto llamado Daniel, pero si mal no recuerdo su apellido era Delirio.
Siento que una parte importante del porque El Hombre Bala gusta es por la vulnerabilidad del personaje narrador. Los hombres también lloramos y lo hacemos a cántaros. En los relatos contenidos en El Hombre Bala se destroza la noción de hombre Alpha que todavía permea en nuestra sociedad. Yo, que apenas estoy aprendiendo a llorar aunque sea en privado, aprecio y aplaudo la contribución de Daniel. Una posible consecuencia de este libro es que su autor se convierta para el público en el Hombre Bala y en un “sex symbol”. Es un héroe, como ya había mencionado, a lo Chapulín Colorado. No pertenece a esa raza de héroes mitológicos, semidioses ni a los supermanes de la tradición del comic. Nuestro héroe, el que nos regaló Chespirito, no es musculoso, ni grande ni fuerte. Es más, su poder ostensible es que se hace pequeño, insignificante. Nuestro héroe mexicano es valioso, no por sus poderes, ni por su valentía, sino por su solidaridad. ¿Qué valor tiene enfrentar la muerte siendo inmortal? El Hombre Bala es ese pajarito aprendiendo a volar que encontramos en el suelo y queriendo ayudar a veces lo terminamos de matar.
Por último me gustaría, como no llorón en recuperación que soy, enfatizar en el uso del lenguaje en esta bala libro. Daniel Bala maneja una prosa poética que a mí me cautivó. En Puerto Rico se ha desarrollado un movimiento de autores independientes que ya es una fuerza imposible de ignorar. Cada autor tiene que ocuparse de mejorar en el arte de escribir y el manejo de las temáticas si se desea trascender y ser algo más que la consecuencia de la facilidad tecnológica para publicar. Cierro estos apuntes con la primera oración del libro del Hombre Bala. El texto que sigue es literalmente la primera oración, pero acomodada en forma de verso:
“Yo no quise
llegar hasta tu puerta
con las manos vacías
ni con una boca
vacía de palabras. “
El Hombre Bala ha disparado palabras que no se pueden ignorar y que enaltecen la literatura puertorriqueña en el escenario global.