Aunque intenta mostrar pruebas de los argumentos que utiliza, estas son escasas y poco sólidas científicamente. Su campo de estudio es nuevo por lo que tampoco cuenta con suficientes investigaciones para decir que “estudia científicamente la espiritualidad del ser humano”. Tiene algunos postulados principales que no se contradicen con la psicología, por ejemplo, que nadie es por sí mismo algo sino que el “yo es una idea” (de ahí el titulo del libro). Esto se ha mostrado de manera consistente por la psicología social, pero hubiera sido bueno que utilizara esos estudios para explicar y probar sus argumentos al respecto.
Por otro lado, algunos de sus postulados se relacionan con el paradigma en psicología de la teoría computacional de la mente, pues hace varias comparaciones entre el cerebro y la computadora. “El cerebro actúa como computadora que analiza y decodifica los contenidos resguardados en el continuo mental manifestándolos en muy diversas formas; en entre ellas, la experiencia del yo”.
Plantea la importancia de la “manifestación”. Dice que el nivel mental es una especie de enchufe que conecta el cuerpo con los eventos externos. Y que si una persona se encuentra en un estado de ánimo positivo, los eventos externos serán de la misma clase, de modo que va a percibir los sucesos de manera optimista y también a las otras personas, por lo que lo “externo” es por un lado perceptual y por otro lado energético. De nuevo, puede ser sustentado por el concepto en psicología de “profecía autocumplida”, pero dentro de su discurso nunca utilizada dicho concepto, sino que parece que solo habla desde la experiencia.
Otro concepto base es el de la “ignorancia iluminada” que consiste básicamente en admirar la realidad sin juicios ni conceptualizaciones y sorprenderse ante la novedad. Esto lo relaciona con las enseñanzas Budistas y de Chamanes.
Habla de cuerpos interconectados, argumentando que existe evidencia que muestra que el cerebro humano modifica su actividad eléctrica cuando otros cerebros localizados a distancia son estimulados. Postula que en el lobulo frontal se encuentra la percepción del “yo” debido a la función que tiene y a las alteraciones observadas en personas que tienen lesiones en esa área (de nuevo, no se contradice con estudios en neuro ciencia).
Narra muy brevemente y sin mostrar la evidencia, algunos de los experimentos que se realizaron en su laboratorio en la UNAM en los que reporta que se observó que los sujetos que habían tenido una comunicación empática tenían actividad en EEG similar. Luego en una cámara de Faraday dice que observaron que si se estimulaba a un sujeto y se provocaba una respuesta cortical, su compañero también respondía de la misma forma aunque ambos estuvieran separados. Por lo que plantea que existe un “espiritu colectivo”, en el que el “yo” es una idea y un proceso que refleja patrones colectivos aprendidos y asociados con la existencia de interacciones directas entre los cerebros y organismos.
Después explica lo que se conoce en el budismo tibetano como “Dzogchen” o estado de la suma perfección. Esta técnica se basa en: 1) la perspectiva o punto de vista 2) la meditación y 3) la acción. Y finalmente, la ultima parte del libro consiste en relatos o historias Budistas que dejan enseñanzas de vida, que son como proverbios.
En general, es un libro que intenta establecer que es posible estudiar la meditación y el yo de manera sistematizada y “científica”, pero en ningún momento muestra datos duros ni metodología para probar que efectivamente es posible comprobarlo. Nos quedamos en simples afirmaciones sin evidencia alguna.