No viajamos para evadirnos de la realidad sino para recobrarla. Vivimos en un mundo crecientemente virtual que falsifica las sensaciones y vacía el sentido de las palabras. Si como cree Bustos la verdad del oficio periodístico nace siempre de un viaje –andar, ver y contar–, entonces nada habrá más urgente y verdadero que desoír el antojo frenético de la actualidad y abrazar la quietud de los pasos perdidos y los sentidos despiertos. Con humor, lirismo y un dominio abrumador del lenguaje, Bustos narra dos viajes enfrentados entre sí por el espacio, el tiempo y una mirada que oscila siempre entre el desencanto y el asombro, entre lo francés y lo castellano, entre el casticismo y la ilustración. Del ardor mesetario a la templanza bretona, del corral de comedias a la ópera versallesca, del loco que se creyó Amadís al loco que se creyó Napoleón, del museo de quijotes de El Toboso a la feria de selfis del Louvre y del honrado valdepeñas al majestuoso burdeos, la escritura depurada de este libro sacia esa sed de cosas concretas que Josep Pla reclamaba a la mejor literatura de observación, reflexión y confidencia.
Me parece a mí que al señor Bustos se le viene encima una crisis de los cuarenta formidable. A él le va a dar mucho juego lírico y a sus lectores grandes textos que disfrutar. Hay una evolución asombrosa y evidente (él mismo la señala) en el narrador de estos dos relatos de viajes, que se llevan cinco años (creo) entre sí. En ambos es irónico (pero no cínico), admirativo y lúcido (las tres leyes fundamentales del turista filósofo deberían aparecer como proemio a todas las guías de viajes del mundo). Pero en el viaje por Francia hay, además, una aceptación del fatalismo y una evocación de las propias limitaciones que identifica con la llegada a la madurez personal. Todo contado con naturalidad y sin exhibicionismo, con el buen gusto burgués que da el tono a todo el libro y que hace que sea mucho más que un libro de viajes; que es como tienen que ser los libros de viajes. El señor Bustos está en su mejor momento.
Jorge Bustos, notabilísimo columnista y director de opinión del El Mundo, hilvana dos relatos de viaje, supongo que para dar entidad al libro y, como dice el prólogo, para ilustrar su evolución personal como escritor. El primero, más literario, es un encargo de su periódico, es una reedición del viaje de Azorín por tierras de la Mancha emulando a Don Quijote. El segundo, un viaje turístico por Francia regado de sus propias reflexiones y ocurrencias, un país precioso y lleno de lugares únicos, "un paraíso poblado por gente que cree vivir en un infierno".
Buen libro de viajes que da sentido a la práctica del denigrado turismo, tan arrastrado por el fango por el egocentrismo que impera en esta sociedad instagramera. Bustos observa, da contexto y juzga, una aportación personal mucho más rica que el selfie de marras.
No suelo leer muchos libros de viajes pero me gusta como escribe Jorge Bustos y ocurre que hace algunos años, en el 2010 hice casi el mismo viaje por Francia que el contado en este libro. Me demoré más en París y no entré por la región vasca sino Barcelona - Toulouse - Burdeos pero por demás, casi idéntico parada a parada. El viaje es oportunidad para que Bustos desgrane agudas observaciones casi siempre correctas:
"....una verdad que parece de perogrullo y no lo es en absoluto: el francés ha amado siempre a su patria. La ha amado lo mismo para conservar la coherencia de su belleza que para reducirla a cenizas en la enésima revolución de locura redentora."
Muy recomendable, especialmente para el verano (pero podría ser igualmente un gran libro de otoño)
Me ha encantado especialmente el viaje por Francia y concretamente la forma de narrar el pasaje por sus castillos, una delicia de viaje. En cuanto a la prosa, ese estilo entre sarcástico y realista en lugares tan majestuosos maridan especialmente bien; un ejemplo de esos pensamientos : "la libertad solo convence a un puñado de insensatos en cada sociedad, y por eso los liberales medianamente genuinos jamás ganarán unas elecciones ¿Quién va a votar a alguien que te recuerda a todas horas que tú eres el primer responsable de todo lo que te pasa?" mas razón que un santo, católico o ateo
Deja un regusto agridulce: muy divertido e interesante cuando narra el viaje, sus etapas, los sucesos, los ambientes, y muy “cargante” cuando expone sus disquisiciones filosóficas. En este caso hace gala de una erudición literaria y filosófica que raya la soberbia…….en ese momento está “encantado de conocerse”. Este es el regusto que deja, más agrio que dulce
Me ha gustado la excelente prosa y escritura de Bustos, sin embargo lo que cuenta me ha parecido demasiado insustancial. la primera parte de España es la más floja. La segunda de Francia si, además como es mi caso, has hecho el mismo viaje, resulta más atractiva. Pero, como decirlo, no resulta muy interesante y con mucha dosis introspectiva.
Excelente. El señor Bustos escribe como quiere. Erudito sin ser pesado,lírico y un tanto melancólico, tiene párrafos y frases realmente sobresalientes. Lo de menos es el viaje, lo importante es la compañía y la del señor Bustos no puede ser mejor para estos tiempos de banalidad y estupidez. Muy recomendable para quien le guste LEER.