La base para una ética del siglo xxi se encuentra en las enseñanzas de los hombres y las mujeres sabias que desde la Antigüedad han reflexionado sobre cómo sobreponerse a la fatalidad y vivir una vida virtuosa, en la que los proyectos trascendentes se impongan a los deseos inmediatos.
Víctor Lapuente, autor de El retorno de los chamanes, todo un mapa hacia la sensatez política en un mundo cada día más polarizado, deja a un lado el análisis de los desafíos de la sociedad para centrarse en los de un individuo perdido y angustiado en la era del selfi. Con un estilo claro, trenzando anécdotas históricas y ejemplos didácticos, se lanza a la tarea de rescatar las gemas de esos pensadores clásicos y proponer una ética a la altura de los retos a los que nos enfrentamos.
Enemigo de la autoayuda y las soluciones milagrosas, Lapuente defiende la necesidad de tomar el camino más exigente para alcanzar el equilibrio el que pasa por cuestionarnos a nosotros mismos y nos empuja a rebelarnos contra la pereza, la vanidad y el victimismo. Su Decálogo del buen ciudadano propone diez reglas que se resumen en la necesidad de asumir un peso que, más que hundirnos, nos eleve por encima del vacío.
Como he leído en otra crítica-reseña por aquí, el título no resulta nada sugerente, no parece el más acertado para animar al hipotético lector a aproximarse a este ensayo sobre ética, lo cual es una pena, porque en verdad el libro de Víctor Lapuente resulta bastante interesante: el título, en verdad, no le hace ningún favor, aunque no atenta contra la verdad (el libro es eso, un decálogo con diez, exactamente diez, recomendaciones para convertirnos en buenos ciudadanos -seres humanos que viven en comunidad, en sociedad-, cultivando la moral (así entendida, como las normas que nos damos para vivir en comunidad), superando la época claramente narcisista que estamos atravesando). El libro, que realiza un provechoso análisis de nuestro tiempo, parte de la premisa de que esta corriente de narcisismo surge a raíz del abandono, tanto por parte de la derecha como de la izquierda, de las nociones de Dios y patria como conceptos que nos trascienden y que nos evitan construir un "superyó" (Dios entendido, por supuesto, como ente impersonal y trascendental, que nos invita a sentirnos iguales, concepto surgido en la Era Axial, y no como hoy es concebido, más próximo a la superstición o a la superchería, y no digo ya nada de los fundamentalismos religiosos; con respecto al concepto de patria, esta sobredimensión, que no permite superar el narcisismo sino que lo acrecienta, se encuentra también en el nacionalismo exacerbado). A partir de aquí, Víctor Lapuente nos invita a recuperar la forma de pensar de la filosofía estoica, preocupándonos más de las cuestiones intrínsecas que de las extrínsecas, aprendiendo a surfear la incertidumbre, invitándonos a cultivar las virtudes cardinales, a no practicar el victimismo, etc.
Interesante reflexión de Vitor Lapuente sobre el mundo en que vivimos. Un libro poliédrico (prescriptivo y a la vez analítico) que llama a la serenidad, la moderación y al diálogo en un mundo narcisista y polarizado. Me quedo con dos mensajes: 1) recuperar la transcendencia a escala individual, para reducirla en la escala colectiva (y así ser más pragmáticos y menos ideológicos); 2) recuperar la humildad y una mayor conciencia de la vulnerabilidad y la incertidumbre en la que vivimos.
4. 5 Dice Sam Harris que el abanico de experiencias que podemos sentir es mayor que nuestra capacidad para comprenderlas. Leer este libro ha sido una de esas experiencias que no sabría explicaros. Aunque al principio me pareció bastante simploncillo, he seguido pensando en él después de leerlo. Además, me deja con ganas de leer a Peterson, a Marco Aurelio, a Haidt o a Nassim Taleb. No sé. Es más profundo que lo que puede llegar a parecer. Lo recomiendo.
Me gustan lo que escribe a pesar de no estar en todo de acuerdo, buen libro que nos hace reflexionar sobre ciertos puntos importantes de nuestras vidas.
Un ensayo interesante con la reflexión sobre hacia dónde nos conduce el individualismo extremo que vivimos en la sociedad occidental. Si bien no estoy de acuerdo con todos los razonamientos del autor, sí que creo que efectivamente deberíamos recuperar un poco el sentimiento de comunidad y tener un objetivo común, que al final es lo que históricamente ha dado sentido a la vida de nuestra especie. Me he quedado con la sensación de que ha querido resumir muchos conceptos complejos que darían para un libro cada uno, y en ocasiones he sentido que le faltaba una vuelta de tuerca a los razonamientos que hace, pero en general me ha parecido un libro interesante.
El título me ha resultado un poco engañoso, los componentes del decálogo se entremezclan unos con otros de tal manera que al terminar el libro no recuerdo ni uno solo, pero no por ello deja de hacer honor a "Cómo ser mejores personas en un mundo narcisista". Se trata de un libro que aúna filosofía, sociología, análisis de la actualidad y una gran dosis de trascendencia. Me ha gustado mucho y lo recomiendo. Si pongo cuatro y no cinco estrellas es porque a ratos se hace algo árido de leer, pero sin duda merece la pena.
Es una broma. Hablando del extremismo en menos de una página salimos de Lenin, pasamos por el nazismo y terminamos en Enron. Dejé el libro con lo del David de Miguel Ángel.
Es cierto, bordea el mensaje de autoayuda en ocasiones (el antetítulo no disipa la confusión) y hay una buena porcion de ideas con la que discrepo o no estoy muy seguro de coincidir. Este me parece uno de los grandes aciertos del libro, su busqueda de ecuanimidad (otros lo llamarán 'equidistancia') y la honestidad en defender ideas que no parecen ser populares hoy dia. Su ingenuidad y su honestidad agradan y su llaneza (toda afectacion es mala, dijo Cervantes) añade un toque muy cercano. Su advertencia de los peligros del ego y del narcisismo para nuestras sociedades me parece muy pertinente. En ocasiones, echo en falta algo de profundización en ideas muy interesantes que sugiere y olvida pronto. Supongo que es el precio de construir un ensayo con ritmo ágil.
Un gran libro para pensar, con él y contra él, y para tratar de centrarse en la mejora personal concreta, no en las posturas histrionicas. Recomendable.
Decidí leer este libro gracias a la recomendación de una colega, amiga y buena escritora, Elisa de la Nuez. Viniendo de ella, y a pesar del título del libro, que sinceramente me parece muy mejorable, decidí comprarlo y darle una oportunidad a pesar de que tenia una larga lista de libros en espera. Cuanto me alegro de haberlo leído. Es un fantástico libro divulgativo sobre la ética y la política. Una especie de “Sapiens” comprimido sobre las reglas para el comportamiento humano, con multitud de citas y anécdotas para recordar. Solamente criticar algunos estereotipos como el de la percepción sexualizada del David de Miguel Ángel por una persona de derechas.
Expone ideas interesantes como el narcicismo que nos invade o la victimización generalizada, que rechaza. Desecha las medidas políticas derivadas de las teorías de un determinado pensador y la transformación del rival político en un enemigo. Propone dar un sentido e trascendencia a nuestra vida como la patria o la religión, la creencia en un dios entendido como ideal trascendental impersonal sin identificarlo con ninguna religión concreta y no llenar nuestra necesidad espiritual con la política. Esto último lo veo de difícil aplicación.
Libro muy recomendable para leer, ya que te hace reflexionar para pensar, juzgar y actuar con la mente abierta. Sin los sesgos, individualismo y polarización generados hoy en dia. Este libro deberia tener mayor visibilidad a la sociedad y consigamos crear un sentido comun colectivo.
Llegué al libro por recomendación de una amiga, y no me ha defraudado. Tiene ideas muy interesantes y coherentes sobre la división polarizada de la política, y en general me ha parecido muy interesante. Es más, voy a seguir indagando sobre las pistas que deja (estoicos)... recomendable lectura!
Interesante ensayo sobre el individualismo y la búsqueda de la moral y la vida lograda por parte de una persona no creyente... sugerente y amable, aunque a veces le falte un salto metafísico para que todo sea coherente de verdad
Lo bueno de Lapuente es que no compra el pack ideológico - cultural de nadie. A cada paso de página me decía "madre mía lo van a lapidar unos", a la siguiente les tocaba a los de enfrente. Algunos desvaríos por simplificación y muchas cositas buenas en el ensayo