Pensé que se trataba de un libro de memorias, y confieso que el que se dirigiera a su hija me daba nervio, como hacia dónde podía irse. Pero es mucho más entretenido que solo memorias, y lo de su hija para nada queda cursi, al contrario, a momentos parece olvidarse de eso, porque va y viene entre temas, inquietudes, preguntas, anécdotas de alguien que claramente encontró su vocación, divulgador y defensor de la cultura, de la belleza, de la importancia del arte. Me parece muy lindo que alguien desde el clásico escriba un libro así, porque puede abrir las puertas a la música clásica a mucha gente que quizás de otra forma no se acercaría, porque el clásico parece ser algo de elite, cuando en realidad se trata originalmente de música popular. Y acá cuenta piezas imprescindibles para él, y que han sido parte de su historia, como si se tratase de cuentitos. Y otra cosa que me gustó mucho es su defensa de la creatividad en los niños. Cómo es tan importante que sean parte de la educación en todas partes. El único pero que le pongo es que a momentos parece querer abarcar demasiado, y como si se olvidara de sus interlocutores y a su hija, a quien se dirige. Muy recomendado.