Supongo que para la generación que vivió esa época, le resultó divertido al verse identificados con ello. Yo nací en el 91 y el libro se publicó en el 90, por lo que alguna cosa sí he reconocido, como el tema de las enciclopedias, los calcetines perdidos y... poco más, la verdad. Afortunadamente, mi familia no guarda similitudes con esta clase de personas que por lo que describe el libro viven amargadas, repartiendo insultos, broncas y pescozones a diestro y siniestro sin comunicación alguna tanto entre padres e hijos... Gracia no me ha hecho ninguna, sino más bien me ha hecho ver que, si esa era la realidad de las familias hace 40 años, me alegra ver que hemos evolucionado y a día de hoy existen familias más respetuosas y equilibradas.