La lejanía y el exilio dominan la experiencia vital de quienes protagonizan los diez relatos de mujeres y hombres a merced de una distancia que los conduce al desamparo, que los hace más sólidos o más vulnerables, que los empuja al perpetuo ejercicio de eludir la soledad. Personajes acechados por la huida, la vergüenza o los recuerdos, factores que trazarán nuevas cartografías de su mundo interior.
Franco Chiaravalloti (Buenos Aires, 1979) es escritor y profesor de narrativa. Máster en Teoría de la Literatura por la Universidad de Barcelona, ha publicado el libro de cuentos 'Como un cuentagotas que se presiona suave, muy suavemente' (Hijos del Hule, 2009). Asimismo, suele colaborar como lector y redactor para diversas editoriales. Actualmente imparte clases de novela y cuento en la Escola d'Escriptura del Ateneu Barcelonès. En 2010, su blog 'Decati Sonde Teibol' fue finalista del premio Revista de Letras al Mejor Blog de Creación Literaria.
Fue una recomendación que leí sin expectativas y sin tener mucha idea de lo que me iba a encontrar. La sorpresa que me llevé fue muuuy grata. Hay historias más esperanzadoras y otras menos, pero realmente me parece una novela que merece la pena leer, sobre por la novedad de sus contenido. Ahora tengo ganas de leer más libros de la editorial Tres hermanas 🙃
Que gran descubrimiento haber dado con Franco Chiaravalloti. En ese proceso de reconciliación con los cuentos o relatos cortos topé con un pequeño libro de cuentos fantásticos cuyo factor común es la migración y esa añoranza que deja la distancia no solo espacial sino temporal. En diez relatos Chiaravalloti nos hace transitar entre dos sentimiento, que aunque opuestos son hermanos: la necesidad de huir frente al deseo de permanecer y a partir de esa ambivalencia se construyen diez espacios, en lugares bastantes particulares del mundo, que están tan bien definidos y delimitados que por sí solos son personajes, son protagonistas y antagonistas, como el mar agreste que amenaza con devorar un país, burlando los intentos de resistencia de sus pobladores o las carreteras africanas construidas de recuerdos de un amor que alguna vez fue para nunca volver.
Un libro recomendado a ojos cerrados. El compañero perfecto para llevar de viaje y para añorar aquella persona que ya no esta o el hogar, que aunque lejos, siempre permanece.
“La tentación por la lejanía es una pulsión primordialmente occidental. Salvo Gengis Khan o Tamerlán, casi todos los que aspiraron a conquistar el mundo eran originarios de lo que hoy llamamos Occidente. Vikingos, romanos, otomanos, Alejandro, Victoria, Napoleón, Cecil, Adolf… Siempre hay que abarcar más, arrasar, abrasar, hacer lo que sea para nombrar antes que nadie una montaña o un acantilado. Es esa motivación la que explica que en nuestras brújulas no haya cinco puntos cardinales como en cierta culturas asiáticas: norte, sur, este, oeste y aquí. O la razón por la que los blancos occidentales nos ganamos en el este de África el mote de mzungu, <>: ¿por qué demonios —se habrán preguntado kenianos o ugandeses— aquellos conquistadores británicos no se quedan quietos? ¿Por que siempre quieren atesorar nuevas tierras? A Occidente nos mueven los confines, el romper fronteras, la ambición de alcanzar el más allá terrenal.
Una absoluta maravilla. Es admirable cómo el autor se sumergen en la geografía de los lugares que describe en los diez cuentos, y en el universo de cada uno de los personajes, todos bien diferentes entre sí. Me acerqué a este libro por recomendación de amigas, y no esperé que lo disfrutaría tanto. Mi cuento preferido es "Frontera", sin duda: no podía dejar de llorar.