Estos ocho relatos excepcionales de un joven Marcel Proust han permanecido inéditos durante más de un siglo. Probablemente fueron víctimas de su propia censura, ya que la mayoría ponen en escena el deseo homosexual —un tema que ronda su obra maestra, En busca del tiempo perdido— con excesiva osadía. Compilados en la década de 1950 por Bernard de Fallois, el mítico editor de Marcel Pagnol y Joël Dicker, y autor del ensayo Proust antes de Proust, que dedicó gran parte de su vida al estudio de la obra del escritor, estos cuentos suscitan múltiples lecturas. Como dice Alan Pauls en su prólogo: «Es esa hipersensibilidad hacia lo maleable, y la voluntad de seguirle la pista, siempre, no importa adónde nos lleve, la razón por la que estos relatos [...] nos capturan: leemos a Proust porque es nuestro contemporáneo».
Marcel Proust was a French novelist, best known for his 3000 page masterpiece À la recherche du temps perdu (Remembrance of Things Past or In Search of Lost Time), a pseudo-autobiographical novel told mostly in a stream-of-consciousness style.
Born in the first year of the Third Republic, the young Marcel, like his narrator, was a delicate child from a bourgeois family. He was active in Parisian high society during the 80s and 90s, welcomed in the most fashionable and exclusive salons of his day. However, his position there was also one of an outsider, due to his Jewishness and homosexuality. Towards the end of 1890s Proust began to withdraw more and more from society, and although he was never entirely reclusive, as is sometimes made out, he lapsed more completely into his lifelong tendency to sleep during the day and work at night. He was also plagued with severe asthma, which had troubled him intermittently since childhood, and a terror of his own death, especially in case it should come before his novel had been completed. The first volume, after some difficulty finding a publisher, came out in 1913, and Proust continued to work with an almost inhuman dedication on his masterpiece right up until his death in 1922, at the age of 51.
Today he is widely recognized as one of the greatest authors of the 20th Century, and À la recherche du temps perdu as one of the most dazzling and significant works of literature to be written in modern times.
Es más bien un análisis de la vida y obra de Proust, sin embargo, creo que es importante separar la vida del escritor de su obra, en cuestión de validación y valoración, ya que la obra es una joya por sí misma, sin importar las preferencias sexuales del escritor. Este libro lo recomiendo únicamente al finalizar En busca del tiempo perdido para poder comprender cada análisis que se presenta.
Es un libro breve, donde tal vez hay más análisis de otras voces que relatos de Proust, pero cada relato del escritor vale totalmente la pena, son bellísimos. Incluye al final un cuaderno iconográfico donde podemos echar un vistazo a sus notas autógrafas.
“No hay duda, sin embargo, de que el día que la poesía hizo su aparición en la tierra incrementó singularmente el nivel de la locura. Casi todos los poetas están locos. Y sin embargo, quién se atrevería a hablar mal de ellos”.
“Cuánto más oscura y lúgubre sería la vida de todos aquellos que no somos hombres de genio si no hubiera pintores, músicos y poetas que nos llevan a descubrir el mundo exterior y el mundo interior. Ese es el servicio que nos prestan esos buenos genios, nos revelan a nosotros mismos fuerzas ignoradas de nuestra alma, fuerzas que nos hacen crecer si las usamos”.
Muy bueno, aunque me hubiera gustado leerlo al terminar de leer "En busca del tiempo perdido" hay algunas partes que tuve que saltarme para evitar spoilearme los libros por las referencias que usaban en modo de prólogo para cada cuento.
La prosa de Proust aún con el paso del tiempo es muy fresca y cálida; lo que no me gustó fue la edición del libro con un exceso de pies de página que hacía perder a uno ritmo y fluidez de los breves relatos incluídos aquí, algunos de ellos inconclusos o con fragmentos no esclarecidos, sin embargo pequeños tesoros rescatables de este gran autor.
Demasiados prólogos, introducciones, prefacios y notas al pie. Es como si todo el mundo tuviese algo que decir sobre los cuentos publicados. Tanto intervencionismo no deja fluir la lectura libremente. Al final, no queda una buena sensación. Quien lo quiera leer que lo lea.