Este libro es como un puzzle donde las piezas casi calzan, pero ciertos bordes simplemente se rehúsan a conectarse. En ese sentido creo que es una novela relativista, que invita a pensar de forma bastante explícita en cómo la historia que se cuenta cambia según el punto de vista desde el que se cuenta.
Al principio, la historia se narra desde la perspectiva de Monchi Mesa. Este hombre tiene un tono inocente, muy propio de este personaje campesino que se enorgullece de su caballo, que parece ser lo único que tiene en su vida además de un empleo monótono y aburrido. Lo poco que sabemos de él es que es de sonrisa fácil, y vamos presenciando detalles medios cómicos que dan cuenta de lo pequeño que es el mundo que habita, como la genial escena donde entra en pánico al viajar en ascensor por primera vez.
Después, en la narración desde la perspectiva de las gemelas de clase alta Cynthia y Jessica, se retiene algo de la inocencia de Monchi por el hecho de que son chicas, pero en ellas y quizás gracias al escudo del privilegio de clases esa inocencia se vuelve un poco siniestra, se vuelve una herramienta que usan para torcer el mundo a su voluntad, para hacer lo que les da la gana básicamente. Y claramente viven con cierta separación del mundo, como enajenadas-las consecuencias de sus manipulaciones no les importan mayormente, no les tocan.
Finalmente, Jorge es la principal víctima de las gemelas (aunque desde una perspectiva convencional sobre el sexo, ellas serían sus víctimas). Al llegar a esta parte de la narración, estamos ya ante una tragedia, sobre todo en el sentido de que lo que va a pasar es inevitable desde la perspectiva de la audiencia - sólo vemos desde otra perspectiva la construcción ineluctable de una tragedia que ya conocemos. Y aun así, se siente novedoso, porque la intensidad de las reflexiones de Jorge es inesperada en contraste con la simplicidad del sentir de las dos niñas: "El amor era, entonces, lo que no se conoce. Aquello ante lo cual uno se queda en silencio." (p. 141), piensa Jorge, versus las gemelas: "Todos van a envidiarnos por haber sentido esto." (p. 91)
Es notable que pese a contarse en primera persona desde tres perspectivas sucesivas, Marina logra unificar las tres narraciones e igual se percibe una voz narradora distintiva, en la potencia de las imágenes, en cierta "literariedad", en lo sucinto de los diálogos que contrasta con las narraciones indirectas más sofisticadas.
Me devoré este libro, y quedé con ganas de leer más de la autora.