Lo leí del tirón en el avión a Roma y lo disfruté tanto tanto... Me ha gustado muchísimo, me ha encantado. Creo que desde que leí Manual para mujeres de la limpieza, de Lucia Berlín, y Los cuentos escogidos de Shirley Jackson, no me habían gustado tanto unos cuentos. Los relatos de Pàmies son brillantes, agudos, divertidos, ingeniosos y están muy bien escritos. Sé que la expresión «muy bien escritos» puede parecer simplona, pero es que esto es algo que, ahora mismo, muy pocas veces se puede escribir así de rotundo sin mentir. Pàmies maneja el lenguaje como le da la gana y lo utiliza para llevarte a lugares que, antes de leer su cuento, nunca en tu vida habías imaginado. Parte de una situación normal, cotidiana, prosaica, algo incluso simplón y puede que hasta ridículo en su nimiedad, para de ahí, poco a poco, ir construyendo una ficción tan extrema y extraña que al salir del cuento dices: «Vaya viaje…», pero te descubres con una sonrisa en la cara y queriendo contárselo a alguien. Me ha recordado un poco a David Foster Wallace por ese uso de la cotidianeidad, de elementos conocidos como las calles, las personas, las situaciones, de una manera completamente nueva y diferente. Es como si al entrar en una habitación todo lo que hay en ella fuera conocido pero todo estuviera utilizado de una manera que jamás habías imaginado: sillas como tenedores, platos como alfombras, lámparas como sofás. ¿Extraño? Extrañísimo. ¿Interesante? Mucho. Si además todo presenta una armonía, en este caso de lenguaje, y una belleza inesperada... ¿Qué más le puedes pedir a un cuento? Ya te lo digo yo: nada.
El otro día lo comentaba con una amiga: estoy harta de novelas de autoficción ancladas en una realidad a la que le falta ponerle el nombre y apellido del autor y de su novio, novia, ex marido, jefe o amante para saber que te están contando su vida. Me encanta la literatura basada en la vida de los escritores, adoro a Roth, a Richard Ford, a Auster, a Natalia Ginzburg, a Jean Paul Dubois y a muchos otros que usan su vida para construir literatura, pero no puedo más con gente que cree que su vida es literatura. Por eso me ha gustado Pàmies, porque ahí no hay nada de vida, todo es ficción llevada al extremo y, además de todo lo comentado, con un sentido del humor maravilloso. No puedo más tampoco con intensidades y el continuo «drama de vivir». No pido carcajadas y chiste fácil, pero quiero ironía e ingenio y sentido del humor, quiero que lo que leo me lleve a un sitio que no conozco, que no imagino, no a mi armario de los tuppers. No me había dado cuenta de que echaba tanto de menos el sentido del humor hasta que leí Infección y pensé: qué gusto.
Contaba en los encadenados de febrero que en uno de los libros había una faja en la que Sergio del Molino comentaba algo como «desde la primera página sabía que era una obra maestra». Eso es lo que me pasó a mi con Infección; tras el primer relato, que se llama El alma de la lubina, pensé: «Joder, qué bueno es esto».
«Cada vez que intenta escribir, dibuja. Se sienta, toma la estilográfica, piensa en la primera palabra para empezar un cuento, pero, cuando toca la hoja en blanco, la mano se le escapa».
Aún así no me confié, porque con los relatos nunca sabes si han puesto el bueno al principio para engancharte y desde ahí todo va ir a peor. En Infección todos son buenos aunque, por supuesto, si tuviera que hacer un ranking tendría clara mis preferencias. Podría seguir escribiendo sobre Infección pero no quiero extenderme más. Solo dejo aquí otra muestra de la maestría de Pàmies, en este caso con esta descripción que hace en el relato Fosforescencia de esos primeros besos que te das con alguien, cuando solo tocarte te provoca un millón de escalofríos.
«Cuando dos lenguas se abrazan como si hiciese mucho tiempo que no se hubieran visto ¿cómo se dice?, se pregunta. Cuando las bocas, los cuerpos, son vestíbulos de hotel con millares de personas que corren, que reclaman, que se saludan, que pierden la maleta, que dejan mensajes en recepción, que celebran el nacimiento de un hijo, la victoria de un equipo, el regreso de un amigo, la llegada del primer hombre a la luna, ¿cómo se dice?»
Corred a Wallapop o la biblioteca y leed Infección.