Aunque Giorgio Gori, quien llegó a Venezuela en el año 1949, fue galardonado en dos ocasiones con el Premio Nacional de Cultura (distinción que pocas personas han podido obtener en géneros artísticos diferentes, pues ganó en Escultura, 1954, y en Pintura al año siguiente), no exageramos al decir que a este artista no se le ha dado su verdadera importancia entre los venezolanos; sobre todo porque sus cuadros y esculturas se encuentran en muchas colecciones privadas que no favorecen el reconocimiento público de su obra.De opiniones controvertidas, Gori siempre hizo gala de un indudable sentido del humor; cualidad que el artista, amante declarado de la cocina que aromaba con las matas de albahaca, orégano, salvia y tomillo que crecían en su jardín, confirmó cuando “Soy muy sentimental, pero no tomo la vida en serio; la gente que no se ríe y que se la pasa filosofando, me aburre soberanamente".