La abuela de mi amiga Martina formaba parte de una mesa camilla de faldas floreadas sobre la que reposaban una caja de acuarelas y un pequeño caballete, que eran su mayor tesoro. Solía pintar en silencio mientras su mente viajaba al pasado, a los años vividos en París, a la luz, al color, a un amor que se desvaneció, a las detenciones, al horror de la guerra? En los momentos de más nostalgia venía a su memoria la melodía inacabada de un violín. Era entonces cuando escribía aquellas cartas que jamás echaba al buzón. Por cierto, soy Irene y esta también es mi historia. Conocí a Martina en los años sesenta, cuando llegué al pueblo a la casa de mis abuelos. Mi padre había emigrado a Alemania y la añoranza por su ausencia me llevaba a mirar cada día el horizonte desde la buhardilla. Lo que no sabía era que más allá de esa línea lejana me estaría esperando el destino para ponerle un punto y seguido a la historia de París.
Me ha encantado. El primer libro de Carmen me sorprendió en su momento porque no había leído nada de ella previamente. Sin embargo cuando compré “el horizonte desde el tejado” ya sabía qué me podía esperar, y desde luego ha superado mis expectativas. Me ha dado pena terminarlo, y la historia ha conseguido sumergirme de lleno. Enhorabuena Carmen, ha sido un placer volver a leerte.
He de reconocer que al principio me costó un poco engancharme a este libro. No fue hasta que concecté con los personajes cuando no pude dejar de leer. Es una novela preciosa, que te sumerje en diferentes historias que al final forman una sola. Ha sido un placer leer a Carmen y ver como refleja sus recuerdos de la infancia en La Mancha, que también es mi tierra.