Antología general de la obra de la internacionalmente premiada Cecilia Vicuña
«Todas las noches caen de la Cruz del sur puñados de hidras eléctricas que se transforman en hojas para que yo las escriba», dice un verso de Cecilia Vicuña que retrata bien el singular espíritu de su poesía, que renueva sus formas constantemente y está marcada por un pensamiento que hace eco del mundo andino y la ecología.
Enriquecida con poemas inéditos y dispersos, esta antología recoge una amplia selección de la obra de Vicuña, desde su inaugural Sabor a mí —publicado en 1973 en Londres tras el golpe de Estado—, pasando por títulos claves como La Wik´uña e Instan, hasta sus performances orales o «quasars» de Spit Temple.
Nació en Santiago en 1948, en medio de una familia de artistas, "un mundo en donde escribir, pintar, leer y esculpir eran cosas propias de la vida" ("Una obra para los 'ojos que no ven'", La Segunda, 24 de marzo de 1979, p. 23). Su bisabuelo Carlos Lagarrigue fue escultor, al igual que su abuela, Teresa Lagarrigue, mientras que su abuelo paterno, Carlos Vicuña, fue escritor. Estudió en el Liceo Manuel de Salas y, posteriormente, Arte en la Universidad de Chile. A los 16 años, en Concón, ideó el concepto de las "esculturas precarias", construidas a partir de desechos del mar.
Como poeta, participó en el grupo "Tribu No" (1966), integrado además por Claudio Bertoni, Marcelo Charlín, Francisco Rivera y Coca Roccatagliata. Junto con los dos primeros publicó a fines de los años sesenta una serie de poemas en la revista mexicana El corno emplumado. La "Tribu No" apareció en escena en agosto de 1969, fecha en la que -con motivo del encuentro de escritores efectuado en Santiago- divulgaron un manifiesto crítico, donde declaraban que era este un encuentro en contra de la poesía: "Nada menos revolucionario, ni menos humano, ni menos vivo que esta burocracia de la literatura, que esta supuesta cara del escritor. Ustedes son a la poesía lo que a la Iglesia sus tergiversadores" (El Mercurio, 15 de enero de 1970). Como colectivo, autoeditaron la antología Deliciosas criaturas perfumadas, que en Chile no tuvo mayor repercusión; sin embargo, algunos de estos poemas fueron traducidos al italiano y al inglés. Los recitales de la agrupación pasaron directamente a la mitología: el primero, por invitación de Nemesio Antúnez, se celebró en el Museo Nacional de Bellas Artes, en 1970, con acompañamiento de música rock, trutrucas araucanas, clavecín barroco, danza moderna y abstractoscopio cromático. El éxito fue rotundo.
En 1971 Vicuña montó "Otoño" en el Museo Nacional de Bellas Artes, una intervención que consistió en cubrir de hojas secas una de las salas del Museo, para la cual Nemesio Antúnez propuso el irónico título de "Salón de Otoño". En 1972 se hizo conocida como pintora naif en la exposición "Pintura Instintiva Chilena". Ese mismo año partió a Londres becada por el British Council para estudiar pintura en la Slade School of Fine Arts del University College de Londres. Allí publicaría su primer libro individual de poemas, titulado Sabor a mí (1973).
Se radicó en Bogotá en 1975, donde permaneció durante tres años, en un viaje exploratorio que le permitió aprender sobre chamanismo andino, mitología y tradiciones orales. En estos años internacionalizó su carrera, exponiendo su obra en muestras individuales y colectivas, tanto en países americanos (Colombia, Venezuela), como europeos. En 1978 fundó el grupo "Taller de nueva plástica", trabajó con compañías de teatro y filmó ¿Qué es la poesía para ti? y Santo pero no tanto. En 1979 publicó en la capital colombiana Siete poemas (1979).
Tras conocer a quien sería su marido, el pintor argentino César Paternosto, se instaló en Nueva York en 1980, donde editó el libro Precario/Precarious en el año 1983. Ese mismo año participó de la muestra "Video at el Museo", donde dio a conocer su trabajo "Three video poems", consistente en fotografías de sus esculturas unidas a paisajes y a escenas urbanas de Chile y Colombia, todo combinado con música y poesía, en una ingeniosa síntesis de oralidad y visualidad. En México publicó Luxumei o el Traspié de la doctrina (1983) y un año más tarde, en Buenos Aires, PALABRARmas (1984). Más tarde aparecieron Samara (1986) en Colombia y La Wik'uña (1990) en Chile. En Estados Unidos editó la antología bilingüe Unravelling Words & the Weaving of Water (1992), en Bélgica dio a conocer La realidad es una línea (1994) y en Escocia, Word & Thread (1996). El 2004 publicó en Buenos Aires I Tú (2005).
Además de su actividad como poeta y artista visual, se ha desempeñado también como editora de poetas latinoamericanos e hispánicos. En 1990 editó The Cardboard House,
Tenía ganas de leer a la autora y por un club de lectura me aventuré obligada. No me sorprendió mucho la lectura. Se me hizo tedioso el libro por lo repetitivo y no conecté con muchos poemas. Me falta conocer la obra visual de la autora, tal vez los poemas adquieran otra vida.
un día dejé los audifonos en mi casa y le pedí a jorge un libro para leer en el camino de una hora a mi casa. fue este y qué agradecida estoy.
qué hermoso cómo mira y desdibuja y desarma todo cecilia. entremedio me entraron ideas palabras que se me desbordaron en cartas, notas, mensajes, silbidos. cecilia no crea atmosfera, ni hace que mis ojos sean lineales y imaginen mundos lisos sin fracturas,, cecilia fractura y busca la palabra entre la palabra. la palabra es lo que importa. el sonido. la raiz. la semilla que deja crecer en la cabecita.
cómo siempre, sin sorprenderme, mis favoritos fueron sobre el amor y erotismo.
quiero al menos alguna vez tener la fortuna de verla en persona tejer palabras con esa voz que tiene. qué importante cecilia.
qué vergüenza usar palabras luego de leer todo esto.
leer esto fue como seguir un arroyito, flujo mental sagrado sin pudores a citar ni a los formatos. poner puntos a un arroyo es extraño
"de pequeña yo tenía conejos y me gustaban tanto que en todo el día no me despegaba de ellos. los miraba sin cesar pero jamás se me ocurrió que eran unos animales que comían y así fue como murieron. yo no podía comprender por qué había sucedido siendo que ellos _sabían_ que yo los quería. para mi solo existía un tipo de muerte y era la de pena o tristeza. después, un tío me preguntó qué les daba de comer a los conejos y yo lo hallé rarísimo. le dije que no les daba nada, preguntaron a los grandes y todos contestaron que siendo míos los animalitos era de suponer que yo los alimentaba. gran conmoción por la muerte de los conejos. todos consideraron que yo era tonta y desnaturalizada. a mi no me importó, pero pensé que de ahora en adelante le daría comida a todas las cosas que me gustaran porque quería decir que había dos clases de muerte: la de hambre y la de pena."