Es la segunda novela, que expone los efectos del feminismo en la sociedad chilena conservadora. Fue en su época (1963) el libro más leído del año y su libro más controversial donde retrata al mundo diplomático revelando una vasta gama de personajes con vínculos con la política, las finanzas y el poder.
Perteneció a la Generación Literaria de 1950, junto con Mercedes Valdivieso, María Elena Gertner y María Carolina Geel. Algunas constantes en su obra fueron: mostrar un enfoque de género en la construcción de los mundos literarios; presentar la institución familiar como un centro productor de conflictos y caracterizar los personajes femeninos como habitantes de un espacio vital restringido. Elisa Serrana no intentó efectuar una crítica explícita a las instituciones patriarcales, sino más bien, poner en evidencia la necesidad de un cambio en las relaciones de género en la sociedad chilena. Del mismo modo, privilegió su atención en la mujer burguesa terrateniente, del mismo modo que su coetánea María Luisa Bombal.