Al igual que el fuego, Incendios es una lectura que devora el alma y mantiene el corazón crepitando en cada página. La pluma de Jazz es envolvente y electrizante, tiene el don de hacer que las emociones de sus personajes se sientan palpables, al mismo tiempo que sumerge al lector en diferentes universos con tan pocas palabras. Quedé fascinada por la manera en que involucra al fuego en cada historia, lo hace de forma tan natural que no sientes un cambio brusco al trasladarte a otro relato. Después de todo, el fuego se mantiene ahí, como un personaje secundario más. Silencioso, pero significativo.
Amé cada uno de los cuentos de principio a fin, pero mi favorito siempre será Roces. Leí este relato cuando era un fanfic de YOI y, a pesar del paso del tiempo, sigue generándome esa oleada de sentimientos tan contradictorios (dolor y cariño) que me hizo amarlo desde la primera vez.
Respecto al resto de las historias, sería muy cruel de mi parte compararlas cuando, a pesar de provenir de la misma fuente creativa (y tener como hilo conductor al fuego), son tan diferentes entre sí.
Incendios (cuento que le da nombre a la antología) fue un excelente inicio, lleno de revelaciones que me mantuvieron enganchada y con una pareja protagónica que me hizo desfallecer desde su primera aparición. Lazos [Descenso y Ascenso] fue una experiencia que me dejó sin aliento y con la cara enrojecida; si tuviera que describirlo con una canción, sería con Insane de DPR Ian. Bucle es corto, pero me dejó con un nudo en la garganta. Hipersueño tiene un giro inesperado al final que, sin duda, me sacó un grito de sorpresa; mientras que Coñac me hizo amar aún más la prosa de su autora.
Sin duda, el mundo necesita que Jazz saque una novela larga. Si logró generarme tanto con tan pocas páginas, no quiero imaginarme lo que alcanzará con una extensión mayor.