Una recopilación de relatos breves, de pensamientos inesperados, que te sacarán una sonrisa, plasmarán tus ideas en un texto, o generarán un conflicto en tu interior que alimente tu propia reflexión. Desde aprendizajes vitales, a escenarios distópicos, ideas para el futuro, o expresiones concentradas de realidad.
Pero mejor que cualquier descripción, te animo a que leas varios de los relatos y decidas si estos te pueden aportar un pequeño atisbo de felicidad, o de estímulo mental y emocional.
Naturalizar
Acababa de terminar el tercer año sabático obligatorio. Las mejores vacaciones de mi vida.
Había visitado la muralla china, Nueva York e incluso la estación turística lunar. Me había bañado en el mar negro, sobrevolado un glaciar y había visto un rinoceronte blanco. Había probado mil sabores y disfrutado mil placeres.
Había terminado mis estudios en el centro religioso y filosófico de Laos. Donde consiguieron inculcarme más de 5 religiones, y comprender a múltiples filósofos y pensadores sobre la existencia humana. Tenía el título necesario de reflexión sobre la vida.
No tenía deudas pendientes, ni personas a mi cargo. Mi futuro estaba asegurado con un trabajo de funcionario. Cumplía todos los requisitos para ingresar.
Algunos miembros de mi familia habían tenido dificultades aceptándolo, se lo podía ver en los ojos, especialmente a mis padres. Pero ninguno dijo nada. Sería de muy mal gusto, y una falta de respeto.
Había llegado el día, mañana ingresaría en el centro voluntario de eliminación de personas. Como sociedad, habíamos tardado en llegar a este punto. Habíamos tardado en aceptar que la vida es un derecho, pero no una obligación. La eutanasia llegó primero, para enfermos terminales, como una forma de misericordia. Pero que una persona saludable quisiera cesar de existir se consideraba un sacrilegio, o como mínimo, una enfermedad que se debía de tratar. No tenemos respuestas al sentido de la vida, y los motivos de nuestra fugaz existencia, pero esa condición parecía situarse más allá del campo de decisión del individuo. Incluso tras aceptar que la vida es voluntaria, y que algunos no quieran mantenerla, el dilema sobre cómo proceder nos costó generaciones. ¿Qué pasa con una madre que deja una hija detrás? ¿Cómo podemos evitar que una depresión puntual se lleve una vida?
Y tras años de debate surgieron los centros de eliminación voluntaria. Con una larga y detallada lista de requerimientos y obligaciones, para controlar en la medida de lo posible que esta decisión tan trascendental la tomen individuos en buen estado mental, y con una amplia educación y experiencias positivas.
Además, en un mundo superpoblado con población superlongeva, la eliminación voluntaria impacta positivamente en el medio ambiente y un mundo sostenible. Un quinto de los eliminados son renunciantes. Personas que siguen una rutina alimentaria más allá del veganismo, y renuncian a todo alimento, y finalmente a la vida.
Mientras recorría mi último pasillo recordaba todos los buenos momentos que había vivido. Pero sabía que sólo era necesario uno para vivir una eternidad en ese instante. Y en esa felicidad me sumergí a esperar mi eternidad.